Observatorio: Otro año para soñar… y luchar

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Llegamos al 2015 con el amargo sabor de boca que deja la decepción. Causarle desilusiones a la población se ha vuelto el hobby preferido de políticos que con excesiva hambre de poder y cero vocación de servicio se transforman en verdugos de aquellos que a través del voto los llevaron a los cargos públicos o de representación popular.

El desencanto hacia el Gobierno es de esos males nacionales que acaba con todo. Mata la fe en las instituciones y las ganas de participar en cambiar las cosas. Desanima a quienes luchan por jugar limpio en un país de políticos chapuceros. En fin, inhibe el esfuerzo productivo de los bien intencionados.

El año que termina remarcó esa noción difusa de la guerra ganada por los malhechores. En un momento dado, Ayotzinapa y sus estudiantes no fue una pequeña parte de Guerrero sino el país entero y Michoacán con los arsenales bélicos puestos en manos de civiles estuvo aquí, a la vuelta de la esquina, así como las casitas de Las Lomas infectaron más la de por sí purulenta llaga de la corrupción.

En Sinaloa no fueron menores las razones para la desesperanza. El autoritarismo evidenciado en la Ley Mordaza y la sentencia de que quien se manifieste en la vía pública “será levantado” certifican la costumbre del poder por aplastarlo todo. En Palacio de Gobierno muchas cloacas rebosaron y tantos rincones se tornaron oscuros.

En México y Sinaloa persiste la maldición de gobernantes y diputados de excesiva aptitud traidora, que se acuerdan de la gente únicamente para abusar de ella. Roban y se ríen de los desvalijados, aplican la ley no por justicia sino por venganza y son siempre los primeros en violarla; saltan de la pobreza a la riqueza sin sonrojarse siquiera por la fortuna súbita. Y lo peor: en vez de combatir al crimen con todos los instrumentos jurídicos, se hacen parte de este.

El extinto 2014 exhibió preocupantes similitudes entre los gobiernos de Enrique Peña Nieto y de Mario Lópezreverso Valdez. Los dos son pruebas fehacientes de alternancias fallidas donde más que buen proyecto lo que traen consigo es show y candilejas. Ambos son problemas debiendo ser soluciones.

¿Y qué viene? El 2015 trae, de nuevo, la celada del sufragio: masas irreflexivas que irán a votar para llevar al poder a 500 diputados federales que, al tentar las curules, olvidarán quiénes y para qué los llevaron a los escaños. La puñalada en la espalda empieza con el voto, al urdir los candidatos una falsa personalidad y propuesta. Enseguida viene el empoderamiento que los trastorna al grado de la traición. Así ha sido y así será porque es ingenuo por lo pronto soñar con un despertar mexicano sin corrupción, violencia e impunidad.

NOTA RÁPIDA

Es verdad que una parte importante de la sociedad sinaloense ya despertó. Lo vimos cuando cayó la llamada Ley Mordaza y con la exigencia de transparencia en el sospechoso asunto de los hospitales a construirse con el esquema de inversión público privada. Ayotzinapa le pegó otro jalón a la venda. Pero no hemos gritado lo suficientemente fuerte como para que despierten todos.


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