Usar el claxon en Culiacán, cuestión de vida o muerte

Usar el claxon en Culiacán, cuestión de vida o muerte

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“Pítale a otro taxista, a los camioneros, a otros carros, menos a las camionetas”, advierte Arnulfo Lizárraga, taxista que después de 2 años al volante sabe que debe de irse con cuidado por las calles de Culiacán.

Los pies del hombre se hundieron en el clutch y freno del auto. El semáforo estaba en rojo y debía esperar, solo esperar. Afuera, la calle se extendía sin rodeos, entre edificios y más autos, hasta perderse en el horizonte. El cielo estaba tranquilo allá arriba, quieto y traslúcido.

En Culiacán, dos personas han muerto asesinadas luego de impactarse contra vehículos que eran conducidos por hombres armados.

La luz verde lo invitó a avanzar. Los pies del hombre continuaron tendidos en el clutch y el acelerador, sin moverse. El auto de adelante, lujoso como ninguno, se mantuvo inmóvil. Comenzó a perder la paciencia cuando detrás de cada minuto estaba otro y él seguía ahí, entre el rumor de la ciudad y gritos encolerizados, detenido en el tiempo. Pero no hizo nada, solo esperó.

El semáforo pasó al rojo de nuevo y el conductor del carro lujoso bajó y se le acercó.

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—Tenga —le dijo al arrojarle una paca de billetes por la ventanilla del auto—, se los ganó. Hice una apuesta y perdí. No pitó ni nos echó de la madre por no moverme cuando cambió el semáforo a verde, tal y como dije que iba a hacerlo, así que en lugar de matarlo ahí está su premio.

Subió a su auto de lujo, y así como llegó se fue.

Los pies del hombre siguieron descansado, sin moverse, aún después de que la luz volvió a pintarse de verde.

Calles peligrosas

“Pítale a otro taxista, a los camioneros, a otros carros, menos a las camionetas”, advierte Arnulfo Lizárraga, un hombre de energía contagiosa que después de 2 años al volante de un taxi sabe de lo que habla.

Pero usar el claxon es el menor de los males en las calles de Culiacán. Y Arnulfo y sus compañeros taxistas lo entienden. Chocar a otro auto puede ser cuestión de vida o muerte, y no por la magnitud del accidente, sino por los pilotos, quienes no siempre son gente de bien. Por eso, dice, siempre anda con precaución, sin importar la hora o el lugar.

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“Váyase, pero váyase ya o aquí queda, le dijeron pistola en mano a un conocido mío después de chocar con una camioneta”, cuenta Arnulfo. Del taxi no supo más y ni quiso hacerlo.

Sin embargo, no todos han corrido con esa suerte. En Culiacán, dos personas han muerto asesinadas luego de impactarse contra vehículos que eran conducidos por hombres armados.

En marzo de 2010, Carlos Alberto Zavala Muñoz pagó muy caro el golpe que dio a un Bora de modelo reciente. No hubo ningún acuerdo: su vida o nada. El conductor “afectado” sacó su pistola y le disparó, sin importarle la presencia del pequeño hijo de Carlos Alberto, quien quedó muerto a un lado del Tsuru que conducía.

También en marzo, pero de 2011, Carlos de la Mora Parra fue asesinado luego de chocar contra otro vehículo. De nuevo, no hubo acuerdo, solo una discusión y después disparos. Carlos pudo bajar de la camioneta Chevrolet que conducía y corrió unos metros pero finalmente murió.


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