EN BUSCA DE DOS MILAGROS | Sacerdote sinaloense que podría convertirse en santo

EN BUSCA DE DOS MILAGROS | Sacerdote sinaloense que podría convertirse en santo

Compartir:

Jesús María Echavarría y Aguirre, quien podría ser el primer santo sinaloense, ha logrado trascender en el tiempo, sobre todo por los resultados de sus acciones pastorales, educativas, sociales y culturales.

Esta historia tiene tres personajes: el obispo, el migrante y el santo. Se remonta a hace más de 100 años, los tres personajes son uno mismo y comienza así: un 6 de julio de 1858, en Real de San Pedro Bacubirito, Sinaloa, nació José María Francisco Rómulo de Jesús Echavarría y Aguirre, primero de 12 hermanos.

El impacto que ha tenido Jesús María Echavarría y Aguirre ha sido muy interesante, sobresaliente y humano.

Gerardo Salvador González Lara. Historiador e investigador del Tecnológico de Monterrey.

De temperamento fuerte, pero educado y cortés, Jesús María se distinguió desde temprana edad por su inclinación por ayudar a los demás, actitud que lo acompañaría toda su vida. Se cuenta que desde que tuvo la oportunidad de ir a la escuela compartió sus conocimientos con los vecinos más pequeños, a quienes reunía en su casa a manera de aula. Y siendo ya joven atendió la escuela de su pueblo natal al ver la necesidad de formación de niños y adolescentes.

Durante su adolescencia descubrió su vocación a la vida sacerdotal. Así que llegando a su mayoría de edad ingresó al Seminario de Culiacán, donde después de un periodo de formación, ya con 28 años, recibió su ordenación sacerdotal. Tiempo después regresaría a las aulas, al desempeñarse como profesor en el Seminario y luego rector.

Más tarde, Echavarría y Aguirre dejó el Seminario para ser vicario y párroco en varias iglesias y en la Catedral de Culiacán, donde se destacó por su amor a los pobres y su preocupación por la instrucción religiosa y educación cristiana. En ese tiempo estableció la enseñanza catequística, que él mismo impartía dos veces a la semana, y fuera del templo y colonias más apartadas instituyó que se enseñara la doctrina cristiana.

libro_interior
El 15 de abril fue presentando en Culiacán el libro El obispo migrante, obra que analiza los diarios que Jesús María Echavarría y Aguirre escribió durante se exilio en Estados Unidos. En el texto, del historiador e investigador del Tecnológico de Monterrey, Gerardo Salvador González Lara, se desglosan los momentos vividos por el tercer obispo de Saltillo y su riqueza radica en la visión personal plasmada por él sobre acontecimientos religiosos y políticos de la época que permite confrontar en la actualidad la historia oficial de aquellos años.

EL OBISPO

Finalmente, en 1904, siendo ya un hombre maduro, Jesús María fue reconocido por sus múltiples cualidades y entrega a la Iglesia, siendo nombrado obispo de Saltillo. Durante su episcopado, consideró el compromiso educativo como una de sus principales funciones.

En poco tiempo, ordenó establecer centros de catecismo en todas las parroquias de la diócesis y se dedicó completamente a fundar escuelas para los niños y jóvenes de escasos recursos económicos. También se destacó porque buscó una adecuada formación de sus sacerdotes y estableció nuevas parroquias.

Recorrió el inmenso territorio de Coahuila en carreta, a caballo, en auto o tren, y llegó a los lugares más remotos para llevar a todos los feligreses el mensaje de Dios. Y lo mismo bautizaba, confesaba, celebraba la eucaristía, confirmaciones, todo él solo, porque no tenía sacerdotes suficientes para la extensión del estado. Fue un obispo completamente entregado con devoción a su grey.

EL MIGRANTE

El clima de persecución de la época, sin embargo, lo obligó a abandonar el país por lo menos en dos ocasiones y refugiarse en los Estados Unidos. A la edad de 56 años, Echavarría y Aguirre emigró por primera vez en abril de 1914. Pasó por diversas ciudades de México, incluso La Habana, Cuba, para luego trasladarse a Estados Unidos.

A pesar de haber dejado su tierra no desistió en su trabajo y realizó acciones apostólicas que beneficiaban a los migrantes establecidos en California. Regresó a la capital coahuilense en mayo de 1918. En ese periodo retomó su principal consigna y en 1921 fundó la congregación de las Hermanas Catequistas Guadalupanas.

Pero 6 años después, en abril de 1927, emigró por segunda vez. Salió de Saltillo a la Ciudad de México, donde luego de ser interceptado por el gobierno de Plutarco Elías Calles, fue enviado a Nuevo Laredo, Tamaulipas, y forzado por militares a cruzar a Laredo, Texas. Nuevamente, no olvidó su compromiso ni perdió contacto con sus fieles y trabajó desde el exilio.

Finalmente, retornó a México en julio de 1929 y permaneció al frente de la diócesis hasta la edad de 96 años. Murió el 5 de abril de 1954 en la entidad que lo acogió como suyo: Saltillo.

EL SANTO

En virtud de su legado, de 1987 a 1995 fueron recabados datos biográficos y testimonios para acreditar si Jesús María había ejercitado las virtudes en grado heroico y así alcanzar el grado de Venerable, segundo de cuatro pasos para lograr la canonización.

El año pasado el papa Francisco reconoció su labor y le otorgó tal categoría. Ahora, solo falta el reconocimiento de un milagro: una curación inexplicable de alguna persona que haya rezado a Echavarría y Aguirre, para que pueda ser declarado beato, y uno más para llegar a ser santo. Así que la historia aún no termina.


¿Tienes una denuncia? | Hazla en ESPEJO:

Si cuentas con fotografías o videos de interés público, compártelos con nuestros lectores. Envíalos al correo electrónico: [email protected]

Compartir:

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.