Los túneles de Culiacán

Los túneles de Culiacán

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Todo empezó en Facebook, en el grupo El Viejo Culiacán, por una invitación que hizo pública José Beltrán Rodríguez. La idea era ir a La Divisa a conocer el supuesto túnel cuyas ruinas todavía son visibles en ese balneario. 

Pero primero recapitulemos. Yo estaba en quinto año de primaria (sí, sí, pues, todos a coro: ¡uuuuh!) cuando por primera vez escuché hablar sobre una supuesta red de túneles subterráneos que cruzaban Culiacán, cuyos accesos era posible encontrarlos en lugares estratégicos como Catedral, el santuario, el estadio universitario y numerosas fincas del Centro Histórico.

Los túneles, si en verdad existieron, fueron construidos cuando más tarde durante el porfiriato.

Desde entonces y hasta la fecha, en diferentes momentos y de diversas fuentes, fui haciéndome una idea del posible mapa de los famosos túneles, así como de sus dimensiones pues en algunos tramos, me lo aseguraban muchos, era posible recorrerlos en carruaje. Más de una ocasión estuve a punto de visitar uno de sus accesos pero, invariablemente y valiéndose de pretextos baladíes, se me rajaban los que se habían ofrecido a ser mis virgilios, así que poco a poco fui haciéndome a la idea de que aquello no pasaba de ser un invento.

Luego, en los ochentas, vino Óscar Liera con su obra sobre Malverde y el tema de los túneles volvió a saltar. No se los he contado, pero Sergio López y yo fuimos quienes trajimos para arriba y para abajo a Liera durante la investigación del personaje, por supuesto que los túneles fueron objetivo principal de nuestras pesquisas y ocurrió de nuevo la historia por la que ya había pasado yo: todas las pistas eran falsas, los supuestos testigos a la hora buena no se presentaban. Lo más que encontramos fueron muros donde se podía adivinar una puerta tapiada, a veces rectangular a veces en forma de arco, pero nada más.

Fue en una mesa del Chics del Malecón Viejo, al calor del brebaje al que algunos todavía insisten en llamarlo café, donde nuestra frustración nos llevó a un razonamiento elemental: los túneles, si en verdad existieron, fueron construidos cuando más tarde durante el porfiriato. Este dato es fundamental, pues durante esa época dicha obra habría significado un esfuerzo gigantesco, dado el tamaño de la ciudad y la población del municipio; proporcionalmente hablando, sería una obra tan monumental como la gran pirámide de Egipto, y repito: cuando más tarde fue durante el porfiriato, es decir, que si fueran más viejos, entonces la proeza habría sido aún mayor; sin embargo, no existe registro de su construcción: no se sabe cuándo se hicieron, no se sabe quién ni para qué los hizo, no sabemos sus dimensiones, ni su trazo. En aquel momento, llegamos a la conclusión de que se trataba de una leyenda urbana. Sin embargo, el tema me acaba de volver a brincar y he decidido que ya estuvo bueno: voy a aclararlo. No sé cómo, tal vez fracase en mi intento, pero les prometo que me voy a divertir como enano. Los mantendré informados. Cambio y fuera.


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