FANTASÍA HECHA REALIDAD | Pecchi y el mundo llamado cosplay

FANTASÍA HECHA REALIDAD | Pecchi y el mundo llamado cosplay

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La imaginación y creatividad son los límites para miles de seguidores de videojuegos, series animadas o películas que por unas horas se transforman en sus personajes favoritos no solo por diversión, sino también para mostrar una faceta muy distinta de sí mismos.

Un pequeño Gokú, con su característico traje naranja con azul y peinado alborotado, pregunta a una inocente Lolita, ataviada con un uniforme de mucama francesa rosa con blanco, el precio de una figura de acción que al final decide no comprar. Continúa viendo más muñecos, llaveros e historietas japonesas para elegir cuál llevarse, hasta que su hermana, una princesa de vestido victoriano rojo, larga cabellera azul y gran corona dorada, lo apura para entrar al auditorio. El espectáculo de cosplay (costume play o juego de disfraces) está por comenzar.

Japón es el hogar del cosplay, donde entre los años 70 y 80 los jóvenes empezaron a asistir a los Comic Market vestidos de sus personajes favoritos de mangas, animes, cómics y videojuegos.

De inmediato, se pierden entre algunas colegialas, heroínas, ninjas, guerreros y demás jóvenes que abarrotan el lobby de la Torre Académica de la UAS y que le dan un colorido intenso al lugar, como si se tratara de un fastuoso Halloween adelantado. Adentro, la imagen no cambia, casi todos los asientos están ocupados y algunos asistentes esperan ansiosos en los pasillos.

“Ya es hora, ya casi sale Pecchi”, dicen entusiasmados unos chicos de no más de 18 años que están de pie.

Y tienen razón. Pecchi, la rubia conductora de ojos rojos como carbones encendidos, largos colmillos y traje militar en tono azul, sale puntual y saluda: “Hi, hi, tomodachis, ¿cómo están?”. Y el show comienza.

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El cosplay no es solo para niños o jóvenes, también lo hacen personas adultas, como por ejemplo Rosy Durán, del DF, que tiene como 60 años y sigue haciendo cosplay, pero sabe elegir los personajes acordes a su edad. Es un pasatiempo muy sano.

Pecchi. Cosplayer.

 

La chica de muchos rostros

Es conocida como Pecchi, pero su nombre real es Perla Rivera, tiene 27 años, es administradora de empresas y es cosplayer desde hace 10 años. Es decir, por diversión y gusto deja de ser la joven de grandes ojos cafés, cabellera castaña, rostro expresivo y temperamento alegre para adoptar por unas horas la apariencia y personalidad de algún personaje de videojuegos, series animadas o películas de cualquier época y lugar.

La transmisión de animaciones japonesas en televisión mexicana de los 90 influyó en el gusto de niños que hoy son jóvenes y son fieles seguidores del cosplay.

Aunque su agrado por esta popular actividad nacida en Japón entre los años 70 y 80 se remonta a su niñez, cuando veía series animadas japonesas que en los 90 ganaron terreno en los televisores de todo México, como Dragon Ball, Ranma ½ y Candy Candy. Pero tuvieron que pasar unos años más para por fin hacer su primer cosplay tomando como excusa el día de Halloween del 2005: Mai Shiranui, una luchadora de artes marciales del videojuego The King of Fighters.

“Siempre quise y siempre me ha llamado la atención la caracterización, entonces el cosplay es como pretexto de hacer lo que me gusta, que es actuar. Empecé con personajes muy sencillos para nada más tomarme fotos, pero ya después, de reto personal, hice más elaborados y luego empecé a ir a convenciones como invitada”, cuenta.

Al día de hoy, Pecchi ha dado vida a cerca de 70 diferentes seres fantásticos, y a pesar de que es un pasatiempo que pareciera un juego, convertirse en alguien más es un asunto serio para ella, en especial cuando acude a convenciones como conductora.

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Por el poder de… transformación

Contrario a lo que sucede en el cine y la televisión, donde el protagonista se transforma en segundos, el proceso de personificación lleva tiempo y comienza con un estudio del personaje para imitar lo más real posible su vestuario y carácter, cuenta Pecchi. De tal manera que si se trata de una serie o animación, ve todos los episodios y busca imágenes en la web. Una vez hecho esto, confecciona el traje, lo cual le toma por lo menos una semana a ella y una tía modista que la ayuda.

Y no solo se trata de inversión de tiempo, también de dinero, pues hacer cosplay no es una actividad barata. Un disfraz elaborado, con peluca, pupilentes, zapatos y accesorios, puede alcanzar por lo menos los 2 mil pesos, explica Pecchi. Aunque sortear algunos costos también es cuestión de creatividad.

Sin embargo, reconoce que todo el esfuerzo, dedicación y dinero invertidos valen la pena, pues gracias a que es cosplayer y ha sido conductora invitada de algunas convenciones, ha podido conocer diversas ciudades de México y a muchas personas. “Es muy bonito recibir el cariño de gente que no te conoce y te admira de cierta forma. Además, está muy padre que tu trabajo le guste tanto a la gente”.

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FOTO: Jesús Herrera.


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