El problema no es el INAH | La conservación del Centro Histórico de Culiacán… fracasó

El problema no es el INAH | La conservación del Centro Histórico de Culiacán… fracasó

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La destrucción de dos obras históricas emblemáticas: Los Portales y el Teatro Apolo, marcó el rompimiento del equilibrio entre modernidad y conservación del patrimonio histórico en la capital.

Según el arquitecto Carlos Ruiz Acosta, presidente de Arquitektónica, la conservación del patrimonio histórico de Culiacán fracasó cuando la ciudad adoptó la modernidad estilo Hollywood con la construcción de cines, suburbios y tiendas departamentales.[infogram id=”mueres_por_accidentes_viales” prefix=”b7s”]

El especialista habla con ESPEJO de los criterios para conservar edificios históricos, el equilibrio entre patrimonio histórico y modernidad y el papel del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en el asunto.

—¿Cuál es el criterio para determinar si un edificio con valor histórico debe ser derrumbado o no?

—Si pertenece al siglo XIX y se localiza en un contexto formal homogéneo, de los cuales quedan pocos, debe ser preservado. Si está aislado pero sus características son ricas en espacios, patios, corredores con columnas de cantera, debe también preservarse. Solo se pueden tumbar los que carecen de esos elementos, que sean arquitectónicamente pobres y que estén en condiciones deplorables.

ruiz_acosta_recuadro—¿En qué punto se halla el equilibrio entre impulso a la modernidad y conservación del patrimonio histórico en Culiacán?

—Ese equilibrio ya no existe. La conservación del patrimonio de los siglos XVIII, XIX y XX (el siglo XX también cuenta y mucho) ha sido un fracaso desde que se creyó que la modernidad norteamericana era el pasaporte al futuro e iniciaron la destrucción con dos obras emblemáticas: Los Portales y el Teatro Apolo. Con la desaparición de estas edificaciones se interpretó que Sears y los edificios modernos que empezaron a rodear la plazuela Obregón eran la entrada al mundo que Hollywood se encargó de inocular: tiendas departamentales, cines y casas en suburbios nuevos a costa de lo que fuera… Me gustaría saber cómo valora la opinión pública a esos edificios, incluyendo la pifia del MIA.

—¿El rescate del Centro Histórico recupera el ADN fundacional de Culiacán?

—Son cosas diferentes. No tiene nada que ver la recuperación de las calles con la conservación del patrimonio. Lo que hacen en las calles es darle al peatón el lugar que le corresponde en detrimento del vehículo y en estimular el uso intenso de la ciudad, lo que podría darle usos comerciales a las construcciones del siglo XIX. Esto se empezó a ver desde la apertura del Bistro Miró en una casa del siglo XVIII. Hay esperanza de que eso suceda. El problema es cuando quien invierte considera que su programa es incompatible con lo que ya está y deja solo la fachada. Con ello desaparece la historia de lo que fue.

—¿Qué opina del rol que desempeña el INAH sobre la preservación del patrimonio histórico en Sinaloa?

—El INAH es una institución con poco personal. A pesar de ello, a veces hace bien su papel. No les alcanza para proteger todo lo que les asigna la ley, que incluye arqueología, bienes muebles e inmuebles coloniales, el periodo posterior a la Independencia hasta el final del siglo XIX. Esto hace que se descuide todo por intentar proteger todo. Dependen de decisiones del centro para problemas del lugar. Supongo que la ley es obsoleta y eso dificulta controlar la depredación y castigar la impunidad. El problema no es el INAH. El verdadero problema somos los ciudadanos que hacemos lo que queremos cuando queremos.


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