Reinas del Mercadito Buelna | Vendedólares, las Teresa Mendoza de carne y hueso

Reinas del Mercadito Buelna | Vendedólares, las Teresa Mendoza de carne y hueso

Los vestidos elegantes y los zapatos caros los cambió por ropa deportiva y unos cómodos Converse. Al verla bajo el sol culichi, caminando en el asfalto para ganarse la vida, uno se pregunta qué hace una mujer así en un lugar así.

No es difícil conocer a La Reina del Sur. Y contrario a lo que se pueda pensar, tampoco hace falta leer la novela de Arturo Pérez Reverte para lograrlo. No hace falta más que darse una vuelta por el mercadito Buelna, por Benito Juárez, entre Jorge Granados y Francisco Sepúlveda, para verla agitando su calculadora.

Está en una silla bajo una sombrilla invadiendo la calle. No necesita permiso porque nadie se lo ha pedido y nadie se atreve a hacerlo.

Esta mujer es multiforme. Un día puede tener un cuerpo escultural, casi de película hollywoodense, y al siguiente ser la vecina gorda que cuida hijos ajenos. Pero también es como si estuviera viendo a la mismísima Teresa Mendoza.

Cualquier persona que necesite comprar dólares puede acudir a uno de los tantos negocios que hay en el mercadito. Es fácil, rápido, uno podría decir que es hasta seguro. Es ilegal. Es turbio. También es peligroso.

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Es la forma que ha encontrado el narcotráfico para cambiar sus dólares provenientes del trasiego de enervantes desde la sierra del “triángulo dorado” hacia Estados Unidos. Ahí todos lo saben, pero nadie lo dice.

El negocio inicia en la lejanía de la sierra y continúa todavía más allá, en la lejanía detrás de la frontera estadounidense, la que Donald Trump pretende convertir en muro, y finaliza en las calles del centro de Culiacán, donde el dinero inunda las ya de por sí inundables calles culichis.

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En un buen día, los negocios que representan estas mujeres pueden llegar a vender más de un millón de dólares, entre todos. A veces tienen que traer el dinero de otros negocios, trasladarlo a otro lugar o llevar a la persona hasta donde está el dinero, con todos los riesgos que ello implica.

El trato ya conocido por todos es el mismo desde hace tiempo: tanto la compra como la venta es un peso menos que en los bancos.

Pero todo se hace a través de estas mujeres, que si bien no están armadas, en todo momento están protegidas.

La crisis económica que vive el mundo tuvo repercusiones para todos y cuando la mayoría parece nadar contracorriente, la venta ilegal de dólares parece ir “viento en popa”.

reinas_mercadito2Al filo del peligro

Maricruz, quien pidió a ESPEJO omitir su nombre verdadero, cuenta que ha visto de todo, desde gente que se lleva grandes cantidades de dinero a plena luz del día, hasta operativos policiales en los que el miedo y la libertad tienen un precio.

“Hay gente cuidando todo el día. Van y vienen en motos, en carros, algunos a pie, pero siempre están vigilando que no pase nada raro o alguien se quiera pasar de listo. Cuando hay operativos, la gente ya sabe que tiene que pagar, pero es parte de todo”, comparte.

Una vez, cuenta, supo de un sujeto a quien le pidieron que cambiara de ubicación más de cien mil dólares, pero llevaba también para sobornar a los policías en caso de que fuera detenido. Y así fue: pudo lograr su cometido básicamente con la ayuda de la autoridad.

Las rencillas también están a la orden del día, pero eso no tiene nada que ver con el negocio de los dólares y se hace todo lo posible para que no se lleven a cabo en el lugar, aclara Maricruz.

Hay veces en las que trabaja de sol a sol, prácticamente no ve a sus hijos, pero es lo que hay cuando al negocio le está yendo bien. Si bien no hace falta moverse del lugar de trabajo, el calor inclemente de Culiacán hace que cualquiera desee un trabajo de oficina de 9:00 a 17:00 horas, pero ella está dispuesta a más para salir adelante.

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Es esbelta, de piel blanca y no llega a los 30 años. Su cuerpo es como la copia del de Meryll Streep en sus años mozos, pero de cabello negro. Los vestidos elegantes y los zapatos caros los cambió por ropa deportiva y unos cómodos Converse. Al verla bajo el sol culichi, caminando en el asfalto para ganarse la vida, uno se pregunta qué hace una mujer así en un lugar como el mercadito Buelna.

Estudió Derecho un par de años pero tuvo que dejarlo por falta de recursos, como muchos otros. Trabajó en varios lugares, pero en ninguno ganaba como en la venta de dólares, que si bien no son suyos, gana un porcentaje de la venta.

Pudo ser lo que ella quisiera, pero decidió vender dólares cuyo dueño dice desconocer, y lo prefiere de esa manera. “Así no me meto en líos si alguien me pregunta”, ataja.

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Sin control

En esta rentable venta de dólares pareciera que la autoridad está ciega o pretende estarlo.

Al consultar a fuentes del Ayuntamiento de Culiacán, estas remitieron a la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), la cual vigila que la venta de productos en el mercado sea conforme a lo establecido en la ley.

Sin embargo, al consultar a Jorge Alán Urbina Vidales, delegado de la Profeco en Sinaloa, optó por remitir a la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef).

Al cuestionar a Irma Tirado Sandoval, titular de dicha dependencia en el estado, negó que la delegación a su cargo sea responsable de regular este negocio y le atribuyó esa tarea a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Sin duda, alguien miente.


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