EL PEAJE DEL CRIMEN EN SINALOA | Crónica de una noche en manos de asaltantes

Lo sabe desde el policía raso y hasta el gobernador: la autopista Benito Juárez, en el cruce por el municipio de Navolato, ha sido tomada por una célula criminal que saquea por las noches a viajeros de vehículos con placas extranjeras. Lo saben pero nada hacen para evitarlo.

La camioneta negra con vidrios oscuros que le cerraba el paso, y los potentes reflectores que lo encandilaban, le mataron la alegría a Melquiades Duarte, casi a punto de cubrir la travesía de California, Estados Unidos, a Cosalá, Sinaloa. La orden “detente cabrón o te quebramos” acabó con el gusto de saberse en su tierra.

Bajó el volumen al estéreo de la Tornado 2008 que traía desde San Diego para presumirle a familia y amigos; la inspiración con la que tarareaba “Mi pequeño mundo”, de “Los Hijos de Barrón” se le cayó hasta los talones. “¡Chingados!” dijo mientras golpeaba el volante y reducía la velocidad.

Hombres armados flanquearon el vehículo. Uno de estos, encapuchado, subió al asiento del copiloto y lo encañonó. “¡Bájale pendejo! Aquí los valientes se mueren primero”. Le ordenó que siguiera la camioneta que lo interceptó, primero por unos cuantos kilómetros de la autopista Benito Juárez, luego hacia una vereda en territorio del municipio de Navolato y por último adentrándose a un sembradío de maíz.

Pasó sus miedos por el sudor frío y le dejaron de temblar las corvas y manos. “¿Qué hice mal?” se preguntó impotente y él mismo se dio la respuesta: haberse detenido alrededor de las 9 de la noche a cargar gasolina en el poblado La Platanera, municipio de Culiacán. A partir de ahí, resolvió, los malandrines lo siguieron.

De reojo notó que había uno, dos…quince vehículos al menos y los viajeros corriendo la misma suerte entre el maizal. Algunas personas con sangre en el rostro, niños llorando y mujeres y adultos mayores separados por gente armada. La escena le dio un poco de sosiego pues no era un asunto solo contra él sino contra muchos.

“Mira: estos hijos de la chingada no quieren soltar la lana, prefieren poner en peligro la vida de ellos y sus familias. Sabemos que vienes del otro lado y que están cuajado en dólares, no nos interesa nada más que los billetes verdes. Entréganos todo y te vas ahorita mismo; hazle al vivo y tenemos otros métodos que no te van a gustar”, le dijo uno de los encapuchados.

“Pero oiga, yo no traigo dinero, nomás fui a Los Ángeles a traerme un carro que mi hijo me compró. Mire la billetera, me quedan 500 pesos porque los otro 500 los eché de gasolina”, quiso explicar Melquiades.

Por la parte de atrás sintió como la culata de un rifle se le estrelló en las costillas. El tipo de enfrente le puso el cañón de la pistola en la sien. “Te dejo que pienses 5 minutos. No más”, le advirtió.

Territorio cedido al hampa

La trampa en que por las noches se convierte la autopista Benito Juárez, en el tramo comprendido entre Caimanero y la caseta de cobro de Culiacán, continúa funcionando a pesar de que ahí han ocurrido asaltos y homicidios, unos denunciados, otros callados por afectados que dan por hecho la complicidad del Gobierno con los delincuentes.

carretera surfistas
Surfistas asutralianos, víctimas letales.

En ese mismo trecho ocurrió el secuestro, muerte e incineración de dos jóvenes surfistas de origen australiano que aventuraron a cruzar sin prever la pesadilla que les esperaba. Dean Russel y Alan Coleman partieron de Canadá con destino a Guadalajara y el 20 de noviembre de 2015 toparon en Sinaloa con la banda de asaltantes, siendo asesinados y quemados dentro del vehículo en que viajaban.

Tal suceso violento y el escándalo internacional que desencadenó obligó al gobierno de Mario López Valdez a darse por enterado de un problema que desde 2011 han vivido decenas de viajeros que de noche hacen el trayecto por la maxipista, desafiando las alertas de alta peligrosidad implementadas por el gobierno de Estados Unidos para prevenir a sus ciudadanos.

Sin embargo, el patrullaje y la aparente preocupación de las autoridades estatales fueron efímeros. Desde marzo de 2016 la célula delictiva, que la Procuraduría General de Justicia ubica como sicarios del cártel de los Carrillo Fuentes que quedaron a la deriva tras el desmantelamiento de esa organización criminal, volvió a apoderarse del llamado “tramo de la muerte” de la autopista.

La mayoría de los afectados no va más allá de una queja dejada al personal de la caseta de peaje de Culiacán. “Recuerdo que una persona muy afectada, con la familia sufriendo ataques de miedo a bordo de la camioneta familiar, me dijo ¿para qué me cobras peajes si aquí atrás ya nos lo cobró muy caro un grupo de pistoleros”, menciona un trabajador de la empresa concesionaria de la Benito Juárez, tramo Las Brisas-Culiacán.

Sospechosamente, policías federales, estatales y hasta militares realizan rondines de vigilancia durante el día y por la noche se acuartelan dejando libre la carretera al grupo delictivo. En la primera semana de mayo de 2016, dos llamadas de auxilio se hicieron al número de emergencia 066 y la respuesta fue “tenemos muchos reportes en ese tramo, si usted está bien siga su camino y no se detenga en zonas despobladas”.

La noche de los bandidos

A los 20 minutos regresaron los encapuchados con Melquiades a preguntarle qué había decidido. Les repitió que no traía dinero, ni en dólares ni en pesos. Otro culatazo en el abdomen lo sofocó sin permitirle hablar; otro en el cuello lo hizo perder el conocimiento.

Al despertar vio a los demás hombres siendo atacados por otros salteadores de la autopista. Les exigían dólares y algunos les entregaban y otros no. Una especie de colecta de divisas y horror extremo. “¿Cuánto llevamos?” preguntaba con frecuencia el jefe del grupo armado. “Mil… dos mil… tres mil” le fue diciendo el que contaba lo robado.

De nuevo volvieron con el viajero cosalteco. “Ahora sí te cargó la chingada. Saca los dólares o dile adiós a este mundo”. “Jefe, por favor, no traigo dólares. Déjeme mostrarle mi pasaporte para que vea que fui por unos días, no fui a trabajar a Estados Unidos”.

La oportunidad de vivir le fue concedida. Melquiades Duarte fue a su camioneta Tornado y de un maletín sacó el pasaporte. El permiso para entrar a la Unión Americana fue por 15 días y estaba a punto de vencer.

Lo que vino enseguida fue la orden de “¡vámonos!” dada por el jefe de la banda. Entonces uno de los gatilleros arrojó con todas sus fuerzas el mazo de llaves hacia las matas de maíz y los cautivos corrieron a buscar en la oscuridad la del vehículo de cada quien. Rugieron los motores de dos camionetas de los asaltantes y estos a toda velocidad retomaron la autopista.

“Llorando de coraje unos, otros de miedo, nos ayudamos a buscar las llaves y hasta que las encontramos todas, ya casi amaneciendo, salimos en caravana para continuar cada quien su viaje. No quisimos quejarnos con nadie, solamente dimos gracias a Dios porque todos estábamos vivos, estábamos bien…  Ahí supimos que los delincuentes son el único gobierno que hay en las carreteras de Sinaloa”.

EL DATO

El 18 de abril de 2016 un grupo armado instaló durante 10 horas un retén en el tramo Mazatlán-Tepic de la carretera de cuota, a la altura de Rosario, Sinaloa, y obligó a diez automovilistas y sus familias a internarse en el monte donde los amarró para despojarlos de dinero y objetos de valor.


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