Los pros y contras de una Renta Básica Universal

Los pros y contras de una Renta Básica Universal

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En junio de este año, los ciudadanos suizos votaron una medida que establecia una “renta básica incondicional” que “permitiría a toda la población llevar una vida digna y participar en la vida pública”. La iniciativa fue rechazada por el 77 por ciento de los votantes.

A pesar de recibir un rechazo apabullante, el solo hecho de votarla a nivel nacional muestra hasta que punto ha llegado la idea de una renta básica universal (UBI). Y es que a pesar de que las personas han abogado por algún tipo de sustento básico universal durante siglos, por lo general ligado a la preocupación sobre los efectos de la pobreza en la economía, su reciente promoción está vinculada estrechamente a los temores sobre la pérdida de empleos debido a la tecnología, especialmente la inteligencia artificial (AI) y la robotización del trabajo.

Cada día los medios reportan una nueva historia sobre otra línea de trabajo que está siendo tomada por robots. Cada caso específico trae consigo el pronóstico de que los empleos para los seres humanos están desapareciendo, con algunos defensores de la idea de que un “futuro sin empleo” requiere una renta básica universal, o algun medio de vida no ligado al trabajo remunerado.

Moshe Vardi, un científico de la computación en la Universidad Rice, sostiene que “en el año 2045, las máquinas serán capaces de hacer gran parte del trabajo que hacen los seres humanos”, y se pregunta: “¿qué harán los hombres entonces?” La preocupación no se limita a los tecnólogos o capitalistas de riesgo. Andy Stern, ex jefe del Servicio Sindicato Internacional de Empleados (SEIU) prevé un “futuro sin trabajo,” casi con “decenas de millones” de menos puestos de trabajo divididos entre unos pocos bien pagados y una gran cantidad de mal pagados, con un nivel de competencia que haría imposible cualquier posibilidad de sindicalizarse ni garantizar prestaciones.

En su libro Rise of the Robots: Technology and the Threat of a Jobless Future, el futurista Martin Ford advierte que las nuevas tecnologías están empujando la economía hacia el “desempleo tecnológico permanente”, implicando que una renta básica universal es necesaria, aunque “a un nivel bajo” que garantize una red de seguridad dentro del sistema de libre mercado, pero no tan alto como para disuadir el esfuerzo de realizar un trabajo pagado o que termine afectando los presupuestos gubernamentales.

Sin embargo, existen fuertes críticas a la idea de uan renta universal básica basada en el supuesto de la pérdida de empleos a causa de las máquinas. El Foro Económico Mundial de Davos 2016 está de acuerdo en que el mundo ha entrado en una “cuarta revolución industrial”, donde el cambio tecnológico “sentará las bases para una revolución más amplia”. El informe de Davos acepta la predicción del cambio tecnológico radical, pero no la previsión de una pérdida importante de empleo.

No temas a la Inteligencia Artificial

La Foro Económico Mundial no es el único en restar importancia a los temores de pérdida masiva de empleos, o al menos el temor de que no haya nuevos empleos para sustituir a los desplazados por la tecnología. Muchos economistas sostienen que, si bien algunos trabajos y sectores está siendo afectados por la tecnología, no estamos viendo un desplazamiento neto significativo, y como en el pasado, las nuevas tecnologías pueden conducir a un aumento de la prosperidad y el empleo. El economista del MIT David Autor y otros autores argumentan que la historia muestra que la tecnología si elimina puestos de trabajo (a menudo los de menor productividad y mayor trabajo pesado), pero el desplazamiento permite a los movimientos de capital y mano de obra concentrarse en actividades de mayor valor.

Así que para muchos economistas, el aumento de la robótica y la Inteligencia Artificial son sólo un episodio más en la larga historia de la tecnología sustituyendo el trabajo humano en algunas ocupaciones e industrias específicas. Mientras tanto, esperan que el desplazamiento se produzca solo en ciertas ocupaciones y no están de acuerdo con el argumento de que los puestos de trabajo de cualificación media son los más amenazados. Por lo tanto, no ven una razón para implementar una renta básica universal.

Sin culpar a la IA y la robótica, otros economistas han decidido defenter esta renta básica. En este punto de vista, señalan que la participación del capital en la renta nacional ha estado creciendo a expensas del trabajo desde la década de 1980, mucho antes de la más reciente ola tecnológica; sin embargo, las razones se basan en gran medida en el cambio institucional y el poder político y económico, no en la sustitución tecnológica de trabajo por capital. Así una renta básica universal podría justificarse para ayudar a redistribuir la producción económica total producida en parte por las nuevas tecnologías, que no está siendo adecuadamente compartida con la mano de obra.

Guy Standing señala al periodo entre 1975 y 2008 como una era de “globalización” que ha dado lugar a una fuerza de trabajo cada vez menos anclada a un empleo estable y beneficios sociales. Así, para Standing y otros economistas la historia de los cambios del mercado de trabajo no es una historia nueva, sino el reflejo de los cambios en el poder relativo de las empresas y los trabajadores, con una reducción paralela de los beneficios sociales para los que no trabajan. En este sentido una renta básica universal podría ayudar a restablecer el equilibrio de poder.

Otro grupo de defensores de la Renta  BásicaUniversal se puede encontrar, curiosamente, entre pensadores libertarios de derecha. La raíz intelectual de estas propuestas corresponde a Milton Friedman, en la forma de un “impuesto negativo” que reemplazaría todos los programas estatales de bienestar existentes. Friedman vio esta idea como un “segundo mejor” que tendría la virtud añadida de reducir el tamaño y el alcance del estado moderno.

El apoyo libertario actual de una Renta Universal Básica sigue explícitamente el modelo de Friedman. Para ellos, esta sustituiría la mayoría o todos los programas sociales, el gasto en el estado de bienestar, no sólo de bienestar efectivo, sino también cupones de alimentos, seguridad social y otros. La alianza potencial entre algunos defensores conservadores y progresistas de la renta básuca preocupa a los defensores del actual estado del bienestar, llevándolos a cuestionar e incluso rechazar la idea.

Defendiendo el status quo del Estado de Bienestar

Estos defensores de la política del Estado de Bienestar abogan por el fortalecimiento de los programas existentes dirigidos en lugar de una renta básica, la cual consideran desviaría los escasos recursos presupuestarios para muchos que no lo necesitan redistribuyendo el ingreso al alza. Estos críticos argumentan que la reforma de las políticas del estado de bienestar existentes puede lograr muchos de los beneficios de una renta básica, sin exponer los programas estatales de bienestar eficaces a riesgos políticos.

El analista de políticas públicas Robert Greenstein ha articulado estas críticas pro- estado de bienestar en los Estados Unidos. Una renta individual de $ 10 mil dólares al año, un 17% por debajo de la línea de pobreza oficial de la población estadounidense de más de 300 millones de personas, costaría más de $ 3 billones de dólares anuales. Greenstein contrasta esa cantidad contra los gastos corrientes del presupuesto federal de Estados Unidos: “Esta cifra es igual a más de las tres cuartas partes de la totalidad del presupuesto federal anual de un solo año… También es igual a cerca del 100% de todos los ingresos fiscales del gobierno federal recoge.”

Mucho del interés actual en una Renta Básica Universal se deriva de la creencia de que los robots y la tecnología van a eliminar rápidamente puestos de trabajo más rápido de lo que se crearán otros nuevos, pero la evidencia hasta el momento es demasiado incierta para justificar una interrupción importante del estado de bienestar. Más bien, el debate podría vincularse mejor con el análisis de cambio de las relaciones económicas y de poder entre las empresas y la mano de obra y el crecimiento del “precariado”. Desde este punto de vista, la tecnología es sólo el último de una serie de acontecimientos que han debilitado no sólo la capacidad de negociación de trabajadores y sindicatos, sino también el rendimiento macroeconómico general, contribuyendo a una menor demanda global y a mayor desigualdad.

Centrarse en la continua disminución de la calidad del empleo, peores normas laborales e ingresos fiables nos hace volver a los argumentos básicos sobre el diseño y la eficacia del estado de bienestar. Paradójicamente, centrárse en una renta básica universal en lugar de alternativas como garantías de empleo universales o la promoción de fuertes programas de lucha contra la pobreza, puede debilitar a los defensores y las políticas para los pobres en lugar de ayudarles.

Vía: Brink.
Traducido por Revista ESPEJO.

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