Tema de la semana | Culiacán y Mazatlán, ¿de las mejores ciudades para vivir?

Tema de la semana | Culiacán y Mazatlán, ¿de las mejores ciudades para vivir?

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¿Cómo es que luego de meses de violencia rapaz, culichis y mazatlecos ubicaron por segundo año consecutivo a sus ciudades en el ranking de las 10 con mejor calidad de vida del país?

Esta semana el Gabinete de Comunicación Estratégica dio a conocer los resultados de su estudio Las Ciudades más Habitables de México 2016, el cual ubica a las 10 ciudades con mayor calidad de vida en el país según la percepción de sus mismos ciudadanos. Los resultados fueron los siguientes:

Ranking 10 ciudades con mayor calidad de vida en México:

  1. Mérida.
  2. Saltillo.
  3. Aguascalientes.
  4. Colima.
  5. Campeche.
  6. Cancún.
  7. Querétaro.
  8. La Paz.
  9. Mazatlán.
  10. Culiacán.

 

El ejercicio resulta interesante para Sinaloa, luego de darse a conocer que tanto mazatlecos como culichis ubicaron a sus ciudades en los lugares 9 y 10 del ranking respectivamente (cabe decir que en la edición 2015 del estudio, Mazatlán apareció en el cuarto lugar y Culiacán en el octavo). Esto después de meses en donde la violencia en la entidad se ha intensificado al grado de que los gobiernos locales ya parecen más espectadores del desastre y que tanto el Ejército como la Marina Armada han llegado para, prácticamente, tomar el control de la seguridad en la entidad.

Sucesos que han hecho ruido a nivel nacional, como la emboscada a militares del pasado 30 de septiembre en Culiacán; los múltiples cuerpos sin vida encontrados casi a diario en el sur del estado y el más reciente enfrentamiento entre sicarios del grupo de los Ántrax y el Ejército, hacen preguntarnos: ¿cómo es posible que la calidad de vida en estas ciudades sinaloenses no se haya visto mermada por estos hechos?

En un ensayo publicado en la revista Nexos en abril de este año, la investigadora del Colegio de México, Liliana Plascencia (quien actualmente trabaja una tesis sobre la violencia en el sur de Sinaloa), se hace la misma pregunta.

“Aparte de la agricultura, la tambora o la belleza de sus mujeres, Sinaloa es conocido por el narcotráfico y la violencia. En ese sentido, no resulta extraño que encabece las listas de las entidades con mayor número de homicidios del país”, inicia el texto de Plascencia, para luego lanzar un puñado de datos estadísticos que ubican a Sinaloa como uno de los estados más violentos e inseguros de México.

“Lo curioso es que dicha verdad no corresponde con la verdad que perciben los sinaloenses. En el caso concreto de Culiacán parece reinar un clima social sumamente positivo, de gran optimismo, frente a temas como seguridad, paz y violencia”, continúa.

Más recientemente en su nuevo libro Culiacán, ciudad del miedo. Urbanización, economía, violencia, el investigador Guillermo Ibarra propone la aparición de la “arquitectura del miedo”, como una tendencia que en los últimos años ha llevado a los ciudadanos culichis con el poder adquisitivo suficiente a encerrarse en fraccionamientos privados, cancelando así los espacios de convivencia social.

Así, para Ibarra en el caso de Culiacán confluyen dos repúblicas, la “república narca” y la “república civil”, las cuales configuran una ecología del temor que ha llevado a una disgregación de las élites sociales hacia espacios como La Primavera, Los Álamos y la privada Puerta de Hierro, donde actualmente reside el gobernador Mario López Valdez.

Sin embargo, según el estudio del Gabinete de Comunicación Estratégica y lo señalado por la Investigadora Liliana Plascencia, tomando como referencia principal la Encuesta sobre Capital Social Negativo, gran parte de la población no siente ese miedo del que casi a diario se habla en la prensa local y nacional.

Esta clara discrepancia entre la realidad vivida en Sinaloa y la percepción social al respecto, hacen a la investigadora plantearse algunas preguntas que considera necesarias para un caso tan sui géneris como lo es el sinaloense. Preguntas que reproducimos a continuación:

“¿Cuáles son los aspectos culturales que afectan la definición o aceptación de la violencia? ¿Cuáles son los valores que llevan a una parte de la sociedad a respaldar la violencia y el crimen organizado o, peor aún, a no reconocerlos como fenómenos sociales? ¿Quién está asegurando o desde qué ámbitos se está construyendo ese clima positivo de percepción en Sinaloa? Y por último, si no es la violencia, entonces, ¿cuáles son las verdaderas preocupaciones de los sinaloenses?”.

 

Preguntas todas pertinentes ya que, aunque parte de la población tenga la percepción de que en Culiacán y en Mazatlán todo marcha bien, la amarga realidad es que las cifras de sangre no dejan de recordarnos que en Sinaloa algo estamos haciendo muy mal como sociedad y Gobierno. Y tal vez esto es algo que tan solo nos negamos a ver.

 


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