¡El Festival de Rock ha muerto! | Otra víctima del “gobierno del cambio”

¡El Festival de Rock ha muerto! | Otra víctima del “gobierno del cambio”

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Desde hace ya algunos años, la organización del Festival de Rock Sinaloa ha sido fuertemente criticada por músicos y fanáticos del género. Sin embargo, no es hasta esta edición en que una de las bandas seleccionadas hace algo al respecto al decidir cancelar su presentación a manera de protesta.

Durante el transcurso de este miércoles, la banda de punk rock Diez Vecez Yo, una de las seleccionadas para participar en el Festival de Rock Sinaloa 2016, publicó un video en su página de Facebook anunciando que no participarían en el festival.

Entre las razones para tomar esta decisión señalaron que, luego del descontento mostrado entre músicos y fanáticos del género, han decidido no ser parte de un evento en el que ya no creen.

 

LO DIJERON:

“Estamos muy inconformes en la manera en que está organizando; no están siendo para nada incluyentes, no se han actualizado ni se han refrescado un poco en las propuestas actuales”.

—Diez Veces Yo.

La banda, cuyos varios de sus integrantes han estado involucrados en la escena del rock local desde hace ya varios años, espera que esta decisión sea tomada como una protesta para que el Festival de Rock Sinaloa vuelva a ser un escenario digno, tanto para propuestas locales como nacionales de todos los géneros.

 

LO DIJERON:

“Ir a tocar sería alimentar esta burla de organización que están realizando. Todos empezamos a ver la crítica en redes sociales y nosotros sentíamos lo mismo”.

—Diez Veces Yo.

La gota que derramó el vaso

Aunque puede verse el gesto de Diez Veces Yo como la primera acción de inconformidad ante la manera en que el Festival de Rock ha sido organizado por el Instituto Sinaloense de Cultura durante los últimos años, lo cierto es que no es la primera vez en que el evento queda debiendo a un público ávido de un evento incluyente y de calidad.

Para muestra basta con observar los comentarios publicados en el evento en Facebook del festival, donde en el mejor de los casos el público anuncia que no asistirá a dicho evento.

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Antes era chévere.

Antes eras chévere

Cualquier rockero de “hueso colorado” recordará cómo en la época dorada del Festival de Rock Sinaloa, el ágora del Instituto Sinaloense de Cultura, o en su caso, la Isla de Orabá, se abarrotaban de cientos de personas que durante tres o hasta cuatro días podían conocer propuestas variadas e incluyentes de la escena local y nacional.

Fue ese mismo festival el que en el 2006 (hace ya 10 años) se cambió del ágora de Difocur hacia la Isla de Orabá, por la simple y sencilla razón de que la gente ya no cabía. Luego, en el 2008, el festival llegó a su clímax con la presentación de Molotov. La Isla de Orabá nunca se ha vuelto a ver tan llena como ese día.

 

De Difocur a Isic

Sin embargo, algo que no ven muchos de los fanáticos es que el comienzo del declive de este festival, que marcó a varias generaciones de rockeros sinaloenses, curiosamente coincide con la llegada de Mario López Valdez.

La salida de Jesús Aguilar Padilla y la llegada de Malova al Gobierno supuso varios cambios en las políticas culturales del estado. La más notoria sin duda fue el cambio de nombre de Dirección de Investigación y Fomento de Cultura Regional (Difocur) a Instituto Sinaloense de Cultura (Isic).

Así como el Festival de Rock, muchos otros programas culturales sufrieron cambios en su estructura que terminaron afectando su operación y la fidelidad del público que habían adquirido con los años.

Por mencionar solo uno, el Festival Sinaloa de las Artes, un evento que brillaba tanto por su gran difusión como por la calidad de sus propuestas y la gran convocatoria que generaba entre el público, fue transformado en el Festival Cultural Sinaloa, dejando con mal sabor de boca a los apasionados de la cultura.

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Ahora el festival queda a deber.

En el caso del Festival de Rock, el evento fue transformado para incluir a las ciudades de Culiacán y Mazatlán, situación que supuso un reto para los organizadores que, quiero creer, buscaron la manera de incluir a estas ciudades sin demeritar en la calidad del evento.

Sin embargo, el objetivo no se logró y al día de hoy tenemos un Festival de Rock que deja mucho que desear, tanto en difusión, calidad de las propuestas e incluso en la imagen de sus carteles que se han vuelto fiel espejo de la decadencia en que ha caído este evento que una vez fue orgullo de la comunidad rockera.

 

No todo está perdido

Luego de varios años de descuido parece que el Festival de Rock Sinaloa ya ha perdido todo lo que había ganado en casi 20 años de existencia. Pero todo proyecto tiene un fin y parece que, en este caso, el ciclo ya ha sido cerrado.

Aunque aún falta ver lo que el gobierno de Quirino Ordaz Coppel tiene planeado para la cultura, se antoja difícil que un evento en decadencia como este pueda resurgir de sus cenizas, sobre todo cuando existen otros organizados por el Estado que ya tienen una convocatoria y reconocimiento mayor.

Sin embargo, no todo está perdido para la escena del rock local. Si bien, el Festival de Rock hizo su papel al impulsar la escena rockera local durante varias generaciones, su papel ha sido cumplido y nadie puede decir que hoy por hoy no existan bandas de rock locales con propuestas de calidad, así como festivales que, desde la iniciativa privada, se encarguen de traernos buenos eventos como el DNVR o el Ochito Fest.

Lo que es cierto es que, en sus mejores años, el Festival de Rock Sinaloa fungió como una amalgama que juntaba en un mismo escenario a las muy fragmentadas escenas locales, las cuales a pesar de tener sus propias bandas y público, se unían por lo menos una vez al año a celebrar la mayor fiesta de rock del estado. Lo que curiosamente es lo que más hace falta hoy en día a la escena independiente.


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