Poesía sinaloense | Portarretratos para John Coltrane

Poesía sinaloense | Portarretratos para John Coltrane

El estado de Sinaloa está lleno de poesía y en ESPEJO te traemos un poco de la inspiración de sus poetas.

En esta ocasión se trata de un poema del culichi Jesús Ramón Ibarra, mismo que está incluido en el poemario Nightology Express editado por ISSSTE Cultura a través del Centro Cultural Regional del Noroeste.

Este libro forma parte de la serie Palabra viva, que a su vez es parte de la colección Ruta Noroeste, en la que se conjunta a poetas y artistas gráficos del noroeste del país haciendo una amalgama entre palabra e imagen.

En este libro, los poemas que forman Nightology Express se acompañan de las fotografías del artista visual Óscar García.

A continuación te mostramos el poema Portarretratos para John Coltrane:

 

Portarretratos para John Coltrane

En toda errancia una piedra y una nube; un caracol absorto, piélago de cristales fijos.

En toda errancia una sombra trazada en papel.

—La voz del aire dice fijeza como se dice lluvia al oído de una virgen—.

En esta errancia, en cambio, un vehículo certero de signos. Un tren animal que cruza la noche del cuarto. Un tren-iglesia que oficio su misa en silencio. 

En esta errancia la escala del vigía asignado para deslumbrar, música en mano, las penumbras de un cuerpo intocado por la tormenta. 

***

Cuando se ensambla el saxofón piensa en la muchacha de Filadelfia. Se asoma por la ventana: las nubes dibujan en el cielo coágulos de gloria sombría. ¿Kind of blue será otra forma de gloria? ¿El desperezado lamento de un tren que cruza América? En el suelo colillas de cigarro. Cannonball Adderley tendido como un potro enfermo; Bill Evans sometido al conjuro de una abstinencia de cristal. Miles, de buen humor, silba los primeros acordes de <So What>: logra que las notas, marcialmente, pisen la cordillera de unos cuerpos. 

En un rincón del estudio, Coltrane toca <Round Midnight>: imposible augurar la aparición de Naima, el destilado aire de sus axilas, su corazón cachorro en el pecho su vientre donde unos dedos juegan a ser los niños perdidos del bosque. 

***

La sombra es especulación de la noche, barruntos bajo la piedra engastada. La sombra de Coltrane, sin embargo, es prolongación de su música: se acopla a los cubiles de la memoria lo mismo que a los socavones del hambre. 

¿Tocará la sombra de Coltrane cuando él no se da cuenta? Cuando se interna en el follaje de su infancia, ¿pulsará la sombra sus propios pistones, arrojará un lamento parecido al humo de un carguero fantasma? ¿Sabrá de Naima su sombra? ¿Conocerá la sonora densidad de la carne cuando Coltrane pace en sus sueños más húmedos?

El arte de la pausa

(Hacia una poética de Miles Davis)

Primer indicio: el nacimiento de la flor (en Alton, plata nada propicia) sobre un cauce de nieve, La hierba en el hueco del violín —sustancia de la sombra— su pulimento. 

Segundo indicio: la mujer respira luz sangrante. Un pulso de magnolias de cara al aire.

Tercer indicio: en un claro de su vientre ella escribe las palabras viento, sordina, temblor. Sus corazón es centro de la caña al penetrar la lengua de la penumbra.

¿O es acaso penumbra de la lengua?

***

Amandla no es una mujer: es un lazo de sombras atado a la pelvis. Un conjuro dormido en los dientes. Una luz de pie en el refirego de la entrepierna. Amandla no es una canción: es un dibujo tatuado en la mano del trompetista. Es una estación de trenes en París, un papel pautado volando en la Alexander-platz, una pierna tibia en el Bronx. 

***

Cuando toca Miles, la niña oye una corriente de avispas que traza su bitácora en el cuarto.

Primero, una tiza dibuja un corazón en la pizarra de la luz, justo frente a la domesticada juguetería infantil. Después el humo en la ventana deja por huella una flor trunca, la cabeza deshecha de un lirio, vislumbre de un botón entre la neblina. 

Por último, la niña cifra su teatro de gestos cuando Miles alarga sus acordes. Entre sombras ve una lengua blanda de luceros que, poco a poco, toma forma para darle a su rostro la fragilidad de un papel pautado que se deshace.

***

A medio camino entre la zozobra y los fueros artificiales del zócalo, el trompetista urde su trampa. En ella cae la niña. Carga una bolsa de pan, un ramo de gladiolos, la joyería de la brisa en el cuello. Al acorde del músico, la pequeña atiende su huracán interno, mientras el animal que diseña su estrategia desde la entrañas da a luz en el pecho a una selva umbría: un claro donde el gambusino vela sus hallazgos, un campo de rosas cuya silueta reconoce un corazón temblando en el agua. 

***

La música de Miles levanta las manos y en la pared se arquitectura un cuerpo de tinieblas durmientes. La niña reza tres padres nuestros al pie de la cama. Su cuerpo es un cántaro, un depósito de siemprevivas, un viso de luz que elude el galope furioso del estro. La música de Miles es preludio de la nieve. Sometimiento de hilandero a la tensión que siembra en el rostro su trama. 

***

El follaje como resignación de la materia,

la sordina como conciencia

del metal que corta la caña sonora

hasta hacerla pensamiento

resplandor: la pausa despierta

entre el borde de la sordina 

y un hipnótico bosque de avispa

a orillas del pautado:

¿lenguaje del bronce? ¿bronce del lenguaje?

***

Arte de la pausa: nota en estado de gracia.

PARA SABER:

JESÚS RAMÓN IBARRA nació en Culiacán, Sinaloa, el 29 de julio de 1965. Poeta, colaborador de Blanco Móvil, La Jornada Semanal y Tierra Adentro. Premio Estatal de Poesía Inés Arredondo 1989 por Poemas dispersos. Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura 1994 por Barcos para armar y 1997 por Amigo de las islas. Premio Nacional de Poesía San Román 2005, otorgado por el Gobierno de Campeche, por El arte de la pausa. Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2006, en poesía, por Crónicas del Minton’s playhouse. Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2015 por Teoría de las pérdidas.

 


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