Porque soy milenial | No quiero poseer nada

Porque soy milenial | No quiero poseer nada

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Si hablamos de generaciones, es inevitable que venga a nuestra mente la que quizás sea la más controversial debido a sus características y prácticas de consumo e interacción con sus antecesoras: los milenials.

Un paradigma contradictorio de la comunidad milenial está estrechamente relacionada a sus hábitos de consumo. Ya sabes, esa forma de comprar cosas muy caras para poder fotografiarlas y compartir el opulento estilo de vida que en la mayoría de los casos no va acorde a sus ingresos económicos.

Irónicamente es la comunidad milenial la que se encuentra más preparada en cuestiones académicas y también la que más padece en cuestiones de ingresos actualmente. Un artículo de la revista Vogue señala que una característica esencial de la mayoría de los milenials con una carrera profesional es la de no poseer bienes costosos como un auto o una casa, sino invertir esas fuertes cantidades de dinero, que probablemente son productos de años de ahorro en experiencias como viajes o espectáculos.

 

¿Lo único que tenemos es tiempo?

Hablamos entonces de una nueva legión de “espíritus libres”, algo parecido al ideal hippie de los años 60, pero sin tanta marihuana y con algunos tintes Godínez. Atrás quedo la idea conservadora de que una casa o un coche es la consagración idónea para nuestro éxito profesional. La premisa tiene que ver con el sentido de lo efímero que es el trayecto de vida humano y las aspiraciones emocionales y las frustraciones que en ocasiones arrastra y deja ver la generación X, antecesora a los milenials.

De esta forma nacen nuevos hábitos de consumo que unidos a los avances tecnológicos han logrado marcar a los nuevos adultos jóvenes, ¿por qué trabajar tantos años para comprar un auto si puedo usar el transporte colectivo para ir a mi trabajo y a mis vueltas diarias? ¿Por qué gastar miles de pesos si puedo pedir un Uber para las situaciones más alarmantes, desesperadas o especiales?

Para muchas personas basta con un buen iPhone, un paquete de datos y un buen outfit para el diario, lo demás es una aventura, como una experiencia. Al no tener prioridad por bienes de carácter conservador como un departamento propio o un Aveo del año que probablemente haría feliz a sus madres.

 

El beneficio de la informalidad

Lo cierto es que esta conducta de desapego a los bienes prioritarios convencionales, también ha hecho que esta comunidad se aleje del empleo formal, puesto que no siente el rigor de pagar una alta cuota quincenal de una casa o la mensualidad con intereses de un auto nuevo y ha orillado a los milenials a embarcarse a emprender negocios propios.

Ahora ya lo sabes, si tienes más ganas de viajar que de tener un auto último modelo, no eres una oveja que ha decidido desobedecer al sistema, en realidad es parte de una conducta que compartes con muchas de las personas que tienen tu misma edad.

 


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