El Guayabo sin Javier Valdez

El Guayabo sin Javier Valdez

El Guayabo, popular cantina ubicada en el Centro de Culiacán y concurrida por figuras locales del periodismo, el arte y la cultura, resiente la ausencia de uno de sus más asiduos clientes: Javier Valdez.

Siempre en la misma esquina y siempre con su botella de whisky. Así Javier Valdez llegaba al Guayabo, hogar, según se dice, de uno de los mejores pollos fritos de la ciudad… también de los lugares preferidos del periodista cobardemente asesinado a escasos metros de dicho lugar.

Animal de rituales, como se describió a sí mismo en entrevista con ESPEJO, Valdez acudía al bar siempre solo, observando a su alrededor, pensando, estando consigo mismo, sin hacer nada. Se le sumaban después su esposa, sus amigos, los curiosos…

Ríodoce tiene 12 años y poquito antes ya venía. Es de mis lugares preferidos. Me gusta venir y sentarme en esta esquina”, mencionó Valdez Cárdenas en una entrevista realizada en ese preciso lugar en el año 2015, cuando se le buscó con motivo de la publicación de su libro Huérfanos del narco.

Luego de su asesinato a sangre fría, el lugar resiente su ausencia, pues no han sido pocos los comensales que dedican una canción en su memoria e incluso quienes se levantan de su asiento y piden un minuto de aplausos en su memoria.

Al preguntar a algunos de los meseros, estos mencionan que Javier era prácticamente de la familia del Guayabo y en el rostro de algunos se nota el dolor por la ausencia de un ser querido.

 

¿Recuerda alguna anécdota con Javier? se le pregunta a una de las meseras.

—No, pues son muchas —responde con llanto en los ojos—. Allá está el gerente, si quieres ve a preguntarle.

 

Pastillas para no olvidar

Fue el lunes 7 de septiembre del 2015. Hacía tres días que el escritor y periodista Javier Valdez había presentado junto a Juan Villoro su más reciente libro: Huérfanos del narco: un recuento del dolor, lágrimas y heridas de niños que, sin deberla ni temerla, la violencia los despojó de sus progenitores.

Era un lunes de tarde lluviosa en El Guayabo, una de las cantinas preferidas de Valdez Cárdenas y lugar acordado para la entrevista.

El periodista y escritor culichi llegó a El Guayabo con botella de whisky en mano. No se sienta sin antes recibir algunos saludos de los presentes y una de las meseras le reclama su ausencia. Se siente como si nos recibiera en su hogar.

 

¿Qué tiene este lugar que no lo dejas de frecuentar?

Ríodoce tiene 12 años y poquito antes ya venía. Es de mis lugares preferidos. Me gusta venir y sentarme en esta esquina, observar a la gente, estar conmigo, pensar, hacer nada.

En realidad son rituales: sentarte, que te conozcan, que sepan lo que te gusta y te lo sirvan. Me gusta mucho eso porque me siento parte del lugar. Así soy, un animal de rituales. Me pasa igual con los cafés.

 

¿Ves tu trabajo periodístico como un ritual?, la columna Malayerba, ¿es un ritual para ti?

—Sí, yo escribo Malayerba los viernes. Escribir esa crónica se ha vuelto un ritual para mí. Tiene que ser el viernes temprano en un café. Lo mejor es que no haya abierto redes sociales ni correos. No quiero checar nada, solo sentarme a escribir. Es como traer el tiro arriba: ya lo traes ahí y tienes la ansiedad de escribir la nota.

 

Algo que no podía soltar

Javier Valdez confesó entonces a ESPEJO que el tema del narcotráfico era algo que ya no podía soltar porque sus historias no acaban: “brotan como hongos y el reportero tropieza con ellas”.

Consideraba que mal haría en voltearse para otro lado cuando sigue habiendo crímenes e injusticias. Creía decididamente que el periodista debe darle al lector pastillas contra el olvido:

 

LO DIJO:

“El Gobierno dice ‘no, no existe, hay que olvidarlo’, y nosotros los periodistas debemos decir ‘no, aquí hay pastillas para no olvidar lo que está pasando’, porque si olvidamos nuestro pasado, pues estamos condenados a repetirlo”.

—Javier Valdez Cárdenas. Periodista y escritor.

 


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