Tema de la semana | Los uniformes gratis… y tanta tela de dónde cortar

Tema de la semana | Los uniformes gratis… y tanta tela de dónde cortar

Nunca la entrega de uniformes y útiles escolares gratuitos, desde su origen como política pública en Sinaloa, ha estado exenta de polémica y sospechosismo.

Esta semana, con el asomo del inicio del ciclo escolar 2017-2018, un nuevo episodio se sumó a este drama que ha despertado desde la sospecha de malos manejos, pasando por la idea del clientelismo electoral, hasta llegar a la variable de la ilegalidad atribuida al nuevo gobierno estatal.

En muchos años, sexenios incluso, en Sinaloa los políticos que controlan la toma de decisiones, no han sido capaces de generar políticas públicas que impacten de manera significativa a la sociedad, salvo por el hecho de que en materia educativa, con una iniciativa empujada desde la izquierda, a nadie le ha parecido mala idea recibir gratis uniformes y útiles escolares.

Incluso el PRD ha insistido desde la pasada legislatura del Congreso del Estado que este programa debe pasar a ser una ley, para evitar que desaparezca por coyunturas políticas, dado el gran impacto que tiene en favor de la educación.

Fue Mario López Valdez quien, desde que rindió protesta como gobernador de Sinaloa, comprometió todo el esfuerzo del Estado para que ningún niño sinaloense deje la escuela por la falta de uniformes o útiles escolares, aunque muchas voces le señalaron sus supuestas verdaderas intenciones: sacarle raja electoral a una política que se considera meramente populista.

El argumento entonces era que ya no resultaba admisible que hubiera quienes abandonaran la escuela por no tener para comprarse un uniforme, así como tampoco para pagar las cuotas escolares o los útiles. Y mal que bien, cada ciclo escolar se fue cumpliendo con el compromiso de dotar de estos apoyos, dejando satisfechos, si no a todos, al menos sí a los padres de familia y alumnos.

Más de 600 mil niños del nivel básico que cursan en las escuelas públicas habían recibo por seis años sus paquetes de dos uniformes y uno de útiles escolares, sin mayores contratiempos, pero este ciclo las cosas se complicaron y el Gobierno, que en un principio había prometido mantener el programa con algunos ajustes, terminó por mutilarlo.

A muchos les pareció injusto que solo se entregue un uniforme a todos los estudiantes y que los útiles solo lleguen “a quienes más los necesiten”, por lo que incluso llevó a miles de padres de familia a responder al llamado del panista Roberto Cruz para ampararse. El diputado local, pese a que ha sido señalado de “llevar agua a su molino”, pues es bien sabido que aspira a ser candidato a senador de la República, pudo lograr un expediente con más de 5,500 firmas de inconformes.

Así pues, una política pública que en los últimos sexenios había emergido como una diferencia a la hora de gobernar, se ha ido tambaleando entre la falta de acuerdos políticos por elevarla a rango de ley, y las carencias presupuestales derivadas de las malas finanzas que dejó el gobierno que la impulsó.

Es una mala enseñanza para todos, pero en especial para los niños del nivel básico, el que un programa que en un principio se dijo buscaba la equidad de los alumnos, incrementar la calidad educativa, disminuir la deserción escolar, apoyar la economía familiar e impulsar a la pequeña y mediana empresa, hoy en día sea la parte sacrificable a la hora de hacer ajustes presupuestales, habiendo tanta tela de donde cortar. Penoso que sea de los uniformes.

 


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