El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | ¡Hey Trump, solo queremos jugar!

El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | ¡Hey Trump, solo queremos jugar!

“Ellos querían concentrarse en jugar, y al mismo tiempo,

unirse como equipo”.

—Art Rooney II, presidente de los Acereros de Pittsburgh.

Todo empezó con Colin Kaepernick el año pasado, cuando el ex mariscal de campo de los 49ers de San Francisco decidió hincar una rodilla mientras se interpretaba el himno nacional de los EE. UU. antes del inicio de los juegos de futbol americano. Lo hacía para llamar la atención sobre el problema que la población negra enfrentaba al ser discriminada por muchas fuerzas policiales, provocando, con alarmante frecuencia, la muerte.

Pero la semana pasada, Donald Trump en un acto político en Alabama, atacó esta actitud al calificarla de irrespetuosa hacia los símbolos patrios y las fuerzas armadas y al compartir su deseo de que los dueños de los equipos de la NFL despidieran a todos los jugadores “hijos de perra” que se hincaran. Sus seguidores aplaudieron.

En la jornada del domingo los equipos le respondieron. Hincados, tomados de la mano, trabando brazos, jugadores y algunos dueños, presenciaron la ceremonia del himno nacional. Fueran los Raiders de Oakland, Delfines de Miami, Vaqueros de Dallas o Patriotas de Nueva Inglaterra, la comunidad profesional del futbol americano de los EE. UU. mostró unión y solidaridad.

Esa era también la intención de los Acereros de Pittsburgh. Jugaban contra los Osos de Chicago en el estadio de estos, El Campo del Soldado. La noche anterior al partido discutieron en su hotel qué era lo que debían de hacer. Había opiniones encontradas que iban desde quien quería escuchar el himno como siempre lo habían hecho, hasta quienes deseaban hincarse. Finalmente llegaron a un consenso: todos iban a actuar unidos y no iban a saltar al campo hasta pasada la ceremonia. Escucharían el himno en el túnel del estadio y esperaban dar a entender que solo querían jugar, sin enredarse en política.

Terminaron enredados. Una gran parte de la opinión pública norteamericana consideró una falta de respeto que el equipo estuviera ausente durante la interpretación del himno. Para complicar las cosas, el tackle ofensivo hispano-americano Alejandro Villanueva, graduado de West Point, salió a unos metros del túnel a escuchar el himno, mientras el resto de sus compañeros esperaba adentro.

Las explicaciones no tardaron. En estos días, los capitanes de la ofensiva y la defensiva, Ben Roethlisberger y Cam Heyward, así como el propio Villanueva y el entrenador en jefe Mike Tomlin, han dado conferencias de prensa para explicar que la intención del equipo no fue faltarle el respeto a su himno nacional o a las fuerzas armadas. Pero también insisten en que los Acereros son un equipo multirracial y multicultural. A fin de cuentas son deportistas, no políticos.

El problema no es de falta de respeto a símbolos patrios sino del derecho de una persona a expresarse. Fanáticos y espectadores de los diferentes deportes, esperamos que los juegos estén siempre libres de la influencia política. Pero la realidad demuestra que este deseo es difícil de cumplir. La política está en el deporte. Que un jugador decida expresar su opinión no es sino el ejercicio de un derecho. Las manifestaciones que hemos presenciado en los jugadores de la NFL han sido pacíficas. Sin importar si estamos de acuerdo con la opinión que se transmite, debemos reconocer el derecho a manifestarse.

Lo cierto es que la discusión no aporta nada al juego. Es un distractor. Muchos jugadores hacen trabajo comunitario dentro y fuera de sus equipos, ninguno de ellos lleva estos temas al campo de juego. En estos días se han generado más notas periodísticas sobre la estancia de los Acereros en el túnel, que sobre su derrota frente a los Osos en tiempo extra.

La mejor respuesta es jugar y jugar bien. No, jugar de forma extraordinaria. Que los jugadores ganen nuestra admiración con sus capacidades y destrezas atléticas. Y también que nos contagien sus ideales. Pienso que la expresión de opiniones diversas en la NFL es una buena señal.

Aunque al día de hoy Colin Kaepernick no juega en ningún equipo, el comentario de Trump lo hizo más relevante que nunca. ¡Ya déjalos jugar Donald!

 


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