Tema de la semana | Avanzamos: que partidos se ganen el dinero que les damos

Tema de la semana | Avanzamos: que partidos se ganen el dinero que les damos

Es un error dar por sentando que la democracia cara es buena democracia. Las instancias de decisión que se establecen a través del libre voto ciudadano no deben evaluarse con base al dinero público que se les invierte sino en la reciprocidad de beneficios que se le generan a la sociedad que pone el dinero.

En Sinaloa se logró esta semana, a iniciativa del gobernador Quirino Ordaz Coppel, reducir en un 38% el financiamiento a partidos políticos, lo cual deriva de acortar los tiempos de campaña y achicar las burocracias legislativas y edilicias que no por ser enormes aparatos reditúan enormes resultados.

La decisión de Ordaz Coppel responde al movimiento nacional que bajo el lema #SinVotoNoHayDinero ha logrado reducir el presupuesto que el gobierno da a las organizaciones partidistas. La franja de mexicanos de alto o medio nivel de politización considera ofensivo que el proselitismo electoral se finque en sumas millonarias que tanta falta hacen a los programas de desarrollo social.

Sin embargo, el logro del gobernador es insuficiente. Al implementar el recorte a las prerrogativas dadas a partidos, simplemente Sinaloa entra a la senda irreversible de condicionar la asignación de presupuesto al número de votos que cada sigla obtenga en las urnas.

Inclusive lo alcanzado en Sinaloa y lo avanzado en Jalisco, estado que deberá implementar la acción #SinVotoNoHayDinero, según mandato de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, constituye ahora un peldaño hacia la divisa ideal de la tarea política autosuficiente, sin las cuantiosas dádivas del gobierno a los partidos.

Es vital para la democracia llegar a ese punto. La experiencia local nos lo dice sin matices. Están surgiendo demasiados partidos políticos alentados solo por la tajada presupuestal. El 14 de agosto de 2016 se le otorgó el registro al Partido Sinaloense  (PAS), dando origen a una aberración política cuyo retroceso democrático atestiguamos hoy.

Y sin mayor trámite, el reciente 16 de junio el órgano electoral dio luz verde al surgimiento del Partido Independiente de Sinaloa (PAIS), que se llevará en 2018, solo por el hecho de nacer, 2.7 millones de pesos en recursos públicos, con la inequidad adjunta de que a todos los candidatos ciudadanos que se registren para la elección del próximo primero de julio se les darán 617 mil pesos para que se los repartan entre todos.

Los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial están emplazados a romper el viejo esquema que premia  económica y desmesuradamente a la partidocracia. Aun reducidos, los 136 millones de pesos que recibirán los partidos en Sinaloa en 2018 siguen siendo un agravio para amplios sectores marginados del desarrollo en diferentes municipios de la entidad.

Resulta predecible lo que en defensa propia dirán los líderes y candidatos de los partidos afectados por el recorte o eliminación del financiamiento. Una argucia de índole chantajista es que existe el riesgo de infiltración de dinero proveniente del crimen organizado; otra sostendrá que hay partidos pequeños incapacitados a ser autofinanciables. Mentiras. Con dinero o sin dinero, la ética política debe y puede sobrevivir.

Quitarle a la sociedad la pesada carga de sostener económicamente a los partidos es una tarea sin vuelta atrás. Claro que se puede. Mientras en países como Estados Unidos y Reino Unido el financiamiento privado es el soporte principal de campañas políticas y partidos, y en regiones como Camboya aplican el criterio de subsidio cero, en contraste México se ubica dentro de los 5 países de América Latina que son más “generosos” con los partidos políticos.

 


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