Porque soy milenial | No controles mis vestidos

Porque soy milenial | No controles mis vestidos

Abordar el “estilo” de los milenials puede llegar a convertirse en toda una ruleta rusa de tendencias y movimientos que son más transgresores de lo que aparentan ser. Concebidos como una legión de consumidores compulsivos, envueltos en la frivolidad y lo superfluo, los milénicos han encontrado en la indumentaria una forma de expresión y de protesta silenciosa al sistema formal que tanto proponen sus antecesores.

Seguramente te has percatado de la forma en que la ropa, sobre todo en el sector empresarial y otro tipo de gremios influyentes como la política y el activismo, que anteriormente se distinguían por una vestimenta sobria, que no iba más allá de trajes formales y ejecutivos han ido cambiado paulatinamente sus normas de indumentaria ajustándose precisamente a las perspectivas de los nuevos líderes y fichajes a sus filas, en su mayoría milenials.

Y es que la industria de la moda ha incorporado a sus propuestas de las últimas décadas un sinfín de guiños a la cultura pop y a los movimientos sociales, convirtiendo a la cúpula más afamada de este sector productor en una plataforma que incita y promueve no solo el factor artístico de sus productores, sino las concepciones e ideales políticos de este conjunto empresarial en un potenciador de movimientos civiles.

Ya sea el feminismo, la lucha por los derechos animales, la inclusión de la comunidad LGBT y la cultura queer, los ideales partidistas previos a votaciones electorales, la construcción de sociedad a través de la participación ciudadana y la migración. La ropa y la forma de vestir ha superado el estándar de necesidad a ser un estandarte de la personalidad de diferentes grupos y subgrupos en los que se divide la sociedad, ya sea por edad, nacionalidad, religión, ideales políticos y un montón de preferencias influenciadas por el arte, el deporte y la intervención de los medios de comunicación.

Aterrizando esta idea de la moda como un elemento transgresor de la sociedad al que le ha sido posible superar duras pruebas de los regímenes más duros impuestos por la política y el clero, y que va de maravilla con los ideales milenials menos conservadores, sobre todo por su forma de vida en la que no poseer bienes que los aten a un lugar determinado como una casa o un automóvil y prefieran vivir de rentas o usando apps de transporte, para poder invertir el resto de su presupuesto en alimentación, indumentaria y algunos cuantos viajes.

En el caso femenino, solo por citar un ejemplo, ha pasado mucho tiempo desde que Coco Chanel rompió el esquema del incómodo vestido repleto de voluminosas estructuras para presentar al mundo el minivestido negro que revolucionó a la industria y le dio a la mujer la oportunidad de experimentar con más formas y siluetas que las ya predispuestas para la época, apoyando de manera muy disimulada el concepto de feminismo que tendría un repunte muy importante algunos años más tarde.

Hoy en día la industria de la indumentaria es un elemento importante de la cultura popular, capaz de abanderar movimientos sumamente representativos para el sector social. Es por eso que la próxima vez que elijas una camiseta o un vestido, mientras ves alguna pasarela en algún video de alguna red social o revises una nota amarillista sobre el outfit de algún político, deberás estar consciente de que más que un simple atuendo, la moda tiene la capacidad de revelar tanto los fallos como los aciertos de la sociedad, que quiera o no, se expresa a través de ella.

A la moda, lo que te acomoda.


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