Crónica de un play ball donde cada vez lo que menos se ve es beisbol

El beisbol es el rey de los deportes en Culiacán ni duda cabe. Ni el futbol de Dorados ni el basquetbol de Caballeros convocan tanto como el beisbol de Tomateros… aunque la pasión y la magia pesen menos hoy en día en la mayor parte de una afición que va a todo, menos a disfrutar de la mejor pelota caliente que se juega en México.

Los niños se entiende: van por la pizza, el juguete que no el suvenir; para ver al Pollo Tomás, aunque cada vez menos porque es el Chango Cero Te quien jala más su atención, sobre todo cuando comienza a contonearse y a bajarse los pantalones para hacer movimientos obscenos que terminan siendo el deleite de chicos y grandes.

Las mujeres en general buscan la mejor selfie y por tanto no paran de ver su celular, incluso si la pantalla gigante del majestuoso estadio se burla de ellas… a menos que se les lance un beso o un piropo que las haga chivearse. No importa si fue strike, si lo poncharon… ¿Un pasbol? No. Nada en el juego de pelota parece más relevante que un buen autorretrato para el Facebook.

Y entre los hombres la cosa está polarizada. El juego sí pero las cheves también. “Debieran poner cubetas aquí cerquita de uno compa”, le refiere un aficionado a un cubetero que tardó en servirle “para él y toda su clica”. “No nos la andamos acabando jefe”, se excusa el vendedor al tiempo que destapa de dos en dos las botellas para ganar tiempo.

Y el juego, que empezó un poco tarde por la deslucida inauguración, cuyos fuegos artificiales fueron lo más atractivo sin llegar a lo espectacular, cuando menos se pensó ya iba 3-0 en la primera entrada en favor de los locales.

“Ni cuenta me di compa que ya íbamos ganando”, se escucha butacas atrás.

La afición está más atenta a la pantalla gigante. Al que baila en los jardines (detrás de la barda), al que golpea el piso, al que provoca al Chango, a la vendimia, a lo chingón que está el estadio, a todo y muy poco a las jugadas de beisbol.

Debe haber un jonrón, un reclamo de un jugador, un connato de bronca entre jugadores, o con el ampáyer, o tal vez un robo de base, acaso un foul muy elevado que ponga en aprietos al cácher… de lo contrario el juego es aburrido, no jala. ¿La estrategia? ¿Las señales? ¿Las jugadas del librito? ¿Los lanzamientos del pícher? ¿Las curvas? ¿Las rectas? ¿El squeeze play? Todas esas infinitas y fascinantes jugadas que ofrece el beisbol pasan desapercibidas para una mayoría que a veces atina a preguntar: “¿Qué pasó?”, ¿cómo llegó a segunda?, ¿qué no iban dos outs?, ¿qué marcó?

El regreso del beisbol a Culiacán al ponerse en marcha la temporada 2017-2018 de la Liga Mexicana del Pacífico era algo muy esperado por los culichis. Finalmente llegó el rey de los deportes, pero es más que eso. Son tres meses de una prolongada parranda, de presumir la gorra, la casaca y de esperar, mínimo, que Tomateros sea campeón: “¡Prometiste el onceavo campeonato cabrón!, le gritan al mánager Benjamín Gil a la distancia. Afortunadamente para él, que no los escuchó, sus guindas empezaron ganando en casa al son de 5 carreras contra 3 a los Mayos de Navojoa.

Sí. La noche del juego inaugural en Culiacán sí hubo buen juego de pelota y quienes también decidieron verlo y disfrutarlo, pese a tantos distractores…

¿Y tú… a qué vas al estadio de los Tomateros?

FOTOS: César Hernández/ Revista ESPEJO.

 


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