El análisis de Imelda Castro Castro | 2018 y los alcances del Pacto de Polanco

El análisis de Imelda Castro Castro | 2018 y los alcances del Pacto de Polanco

En octubre del año pasado Ediciones Proceso terminaba de imprimir El Amasiato, del escritor Álvaro Delgado, que bien vale releer, justamente ahora que, también en octubre, ha renunciado al PAN la ex primera dama Margarita Zavala para registrarse como candidata presidencial “independiente”.

Este libro, subtitulado como El pacto secreto Peña-Calderón y otras traiciones panistas, resulta muy útil para explicarnos, no solo lo que ha pasado en el Partido Acción Nacional, sino en la política del país en los últimos años.

La revelación del acuerdo que nace en el hotel Nikko de Polanco, a pocas semanas de la elección presidencial de 2006, entre el entonces gobernador priista del Estado de México, Enrique Peña Nieto y el candidato presidencial panista, Felipe Calderón, sigue influyendo de forma definitiva en el presente y, pretendidamente, en el futuro inmediato de México.

Esta es la gran concertacesion del tiempo moderno: allí se acordó la transferencia de “votos priistas” en Edomex hacia la buchaca azul, tantos que hicieran la diferencia de cerrarle el paso al Peligro para México. La estadística lo dice todo. Veamos cómo Enrique Peña Nieto habiendo ganado la gubernatura con 1.8 millones de votos un año antes, Roberto Madrazo Pintado solo obtiene un millón de votos, es decir, en menos de un año y con gobernador priista, el PRI pierde 800 mil votos; exactamente a la inversa, el PAN gana curiosamente 782 mil votos más con la candidatura de Felipe Calderón, respecto al candidato a gobernador panista un año antes. Más claro, ni el agua azul.

El Pacto de Polanco fue también un pacto de caballeros, que supo honrar desde la Presidencia de la república Felipe Calderón devolviéndole la peonada, traicionando a su candidata Josefina Vázquez Mota e impidiendo, de nuevo, la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia. Convirtiendo también el acuerdo en un pacto de impunidad.

Todo esto explica también porqué mientras Enrique Peña Nieto gobierna en Edomex y el país, no hubo alianzas electorales donde la casa perdiera. Al contrario, en las dos últimas elecciones de gobernador en el Estado de México, el PAN ha cumplido su funcional tercer lugar, con dos excolaboradores de Calderón: Luis Felipe Bravo Mena y, de nuevo, Josefina Vázquez Mota.

Es claro entonces que los últimos tres presidentes: Fox, Calderón y Peña, no tienen partido, ni lealtades, más que a sus propios intereses y los de sus socios. Han construido una fuerza política bicéfala para usarla a su antojo, en aras de la continuidad neoliberal.

Con la salida de Margarita Zavala se vuelve a tirar el tablero del ajedrez político de 2018 y se intenta revolver las piezas, para que en la nueva puesta se garantice seguir protegiendo al rey. No olvidemos que el nombre de la ex primera dama se escuchó en la conversación de la encerrona en el hotel Nikko, nos dice Álvaro Delgado.

Sin embargo, no todos los cisnes son blancos. Hay puntos ciegos en el camino hacia el 2018, y ello hace que lo que no sabemos se convierta en lo más importante. El país ha cambiado mucho en estos doce años del Pacto de Polanco, y sus alcances pueden estarse agotando ante la presencia de un cisne negro. Veremos, dijo el ciego.

 


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