El análisis de Imelda Castro Castro | 2018 y el partido franquicia

El análisis de Imelda Castro Castro | 2018 y el partido franquicia

“Cuando un candidato invierte millones en su campaña, no es un candidato, es un empresario, por lo que cuando llegue al cargo, solo pensará en el lucro, en el provecho y, en lo que menos pensará, será en sus representados”.

—Carlos Gaviria Díaz (1937-2015).

A propósito del poder del video en la formación de opinión ciudadana en esta creciente sociedad visual, un ejercicio que vale la pena hacer, es una relectura de imágenes que en estos días han pasado frente a nosotros: los agrietados rostros de los dirigentes nacionales de los partidos políticos reflejan que el terremoto del edificio que habitan los mantiene aún en estado de shock.

Los vemos sumidos en una puja de preinfarto, como cuando el medidor de presión supera los valores más altos que sufren los brokers de Wall Street. La subasta que empezó con la propuesta de renunciar al 20% de las prerrogativas partidistas, hasta llegar, en las últimas horas a la oferta de desaparecer todo el financiamiento público a las instituciones políticas que dirigen, los tiene muy acongojados.

Con el verbo de una declaración echan por tierra, no solo las diversas reformas al sistema electoral mexicano, que esa misma clase política ha consensuado durante décadas y siendo, por supuesto, resultado de la histórica lucha por hacer efectiva la democracia electoral. Los dirigentes partidistas también pretenden mandar bajo los escombros a la misma Ciencia Política, queriendo derribar dos grandes pilares de los sistemas democráticos electorales: el financiamiento público y la representación proporcional en el legislativo mexicano.

Frente al reclamo duro de una sociedad agraviada por la corrupción, la ineficacia y mediocridad de una clase política de las más caras del mundo, no pudieron argumentar ni en legítima defensa. Optaron por tragarse sus propias palabras y hacer del populismo una cruzada de reversa, exhibiendo el profundo complejo de culpa, frente al desastre nacional.

La sociedad política, otrora vanguardia, se colapsa, se paraliza, se empequeñece y se ve desorientada, sin brújula, sin memoria, horrorizada frente a una sociedad civil entera, sobria, humanitaria, proactiva, solidaria, segura de sí misma, entregada al amor al prójimo.

Alguien tiene que decirles a estos dirigentes que se atiendan su estrés postraumático, que se midan la presión, que superen ese trastorno de sueño de sus noches de pesadilla; porque cuando se desocupe de las tareas de solidaridad con los damnificados de la tragedia sísmica, esta sociedad civil emprendedora se dará cuenta del nuevo engaño, de la simulación de la dádiva, de su nueva estafa y ante eso, más vale que se vayan curando del espanto, porque no habrá perdón y será en la intimidad de la urna donde habrá de cobrárselas de una vez por todas.

Porque la sociedad entenderá que en el paquete de la dádiva va incluida la otra subasta, la de la venta de las candidaturas de franquicia, dañando aún más nuestra precaria democracia, dejando las curules y la banda presidencial, en manos ahora sí por completo, de los poderes fácticos, de los corporativos mafiosos empresariales de diverso giro.

Por eso hoy dan el todo por el todo, porque la apuesta va por los ríos subterráneos de dinero sucio para esa compra del México, S.A., sin importarles la Carta Magna y los anhelos de justicia social y progreso económico de los otros ríos, los ríos de gente que hoy desborda las calles de esperanza y que aún tienen a esa clase política desfigurada, contra las cuerdas.

No permitamos que en 2018 se consolide el partido franquicia.

 


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