El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | ¿Y los extraterrestres?

El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | ¿Y los extraterrestres?

El profundo deseo de conocimiento de la humanidad

es justificación suficiente para continuar nuestra búsqueda.

—Stephen Hawking, Historia del Tiempo.

Muchos de nosotros, junto con Fox Mulder, queremos creer. Creer que no estamos solos en el cosmos, que un mundo nos vigila. Pero mientras la mayoría nos quedamos en la expresión de un deseo, los científicos se han dedicado a investigar. Han considerado válida la pregunta y nos ofrecen algunas respuestas.

En 1984 se creó el Instituto SETI (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre, por sus siglas en inglés) que tiene como objeto explorar, entender y explicar el origen y naturaleza de la vida en el universo. Entre sus fundadores se encontraba Frank Drake, autor de una ecuación que lleva su nombre y que plantea el cálculo del número de especies inteligentes en la Vía Láctea con las que podríamos comunicarnos.

La ecuación toma en cuenta variables como el ritmo de formación de estrellas por año, la fracción de planetas donde la vida surge y si se desarrolla vida inteligente con la tecnología que permita establecer comunicación. El resultado es que el número de especies con las cuales podríamos contactar es igual al tiempo que una civilización inteligente y comunicativa puede existir. Si damos a ese lapso un valor de quinientos años, entonces son quinientas especies extraterrestres en doscientos mil millones de astros que componen la Vía Láctea.

¿Qué clase de civilizaciones podrían ser? El astrofísico soviético Nikolai Kardashov creó en 1964 una escala que lleva su nombre, que las divide en tres categorías, tomando en consideración el nivel de aprovechamiento de los recursos energéticos. Las Tipo I son las que utilizan toda la energía de su planeta; las Tipo II emplean todos los recursos de su sistema planetario; y las Tipo III explotan toda la energía de su galaxia. Nosotros aún no llenamos la primera categoría y solo la II y la III podrían emprender una colonización espacial.

Ya en 1960, el físico Freeman Dyson planteó la posibilidad de que algunas civilizaciones muy avanzadas encerraran su sistema planetario en una cáscara de enormes proporciones para aprovechar al máximo la energía de su sol. En teoría es posible construir una Esfera de Dyson, pero en realidad nuestra tecnología está muy lejos de poder fabricarla. Lo siento, no hay Estrella de la Muerte para nosotros.

Pero una raza extraterrestre podría hacerlo. De hecho, la comunidad científica se toma tan en serio esta posibilidad que existe un campo, denominado Arqueología Interestelar, que rastrea el espacio y busca señales de radiación infrarroja, que serían las emitidas por una estructura tipo esfera o burbuja de Dyson.

Todos estos cálculos e hipótesis nos llevan a formular una pregunta que Enrico Fermi planteó en los años 50 del siglo pasado y que se conoce como la Paradoja de Fermi: ¿Si existe la probabilidad de que existan los extraterrestres, dónde están? ¿Por qué no los hemos encontrado a ellos ni a sus rastros?

La verdad es que no existe respuesta para esta paradoja, pero sí se han dado explicaciones posibles que pueden agruparse en dos conjuntos: quienes afirman que si no existen indicios de vida extraterrestre es porque no existen; y quienes explican que esas civilizaciones existen pero hay razones lógicas por las cuales podríamos no saber de ellas.

Quienes sostienen que no hay alienígenas reconocen que la probabilidad de su existencia es lo suficientemente alta para haberlos detectado; por lo tanto, si no los hemos encontrado es porque algo les pasó. A ese algo lo llaman el Gran Filtro. Este sería una especie de muro, un evento catastrófico que le ocurre a las civilizaciones durante su proceso evolutivo, que hace imposible o improbable que la vida continúe. Lo importante en nuestro caso es saber si la especie humana ya superó su filtro o si en el futuro está esperando nuestro meteorito.

Por el lado contario, quienes afirman que los extraterrestres sí existen, proponen que la falta de contacto pudiera deberse a: 1) Ya visitaron la Tierra pero nosotros aún no existíamos; 2) La Vía Láctea está siendo colonizada, pero nosotros vivimos en la zona rural de la galaxia; 3) Han satisfecho todas sus necesidades y son tan felices que ni siquiera se plantean la necesidad de buscarnos; 4) No nos contactan porque existen civilizaciones depredadoras que destruyen a quienes encuentran; 5) Nuestra tecnología es tan primitiva, que no sirve para detectarlos; y 6) Ellos ya nos encontraron, pero solo se dedican a observarnos.

Para Tim Urban, blogger de Wait but Why, esta discusión se asemeja a la sostenida en la época de Copérnico, cuando se creía en una Tierra plana que era el centro del universo. Desde una perspectiva futura, tal vez nosotros seamos tan ignorantes como nuestros antepasados. La verdad sigue estando ahí afuera.

Imágenes de: Kurzgesagt, Espejo, Wikipedia y 20th Century Fox. The X Files es propiedad de 20th Century Fox.

 


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