Entrevista al poeta César Cañedo | Loca, un poemario donde la jotería sigue incomodando

Entrevista al poeta César Cañedo | Loca, un poemario donde la jotería sigue incomodando

El poeta originario de El Fuerte, Sinaloa, ganó el ‘Premio Francisco Cervantes Vidal’ con una obra que hace homenaje a Abigael Bohórquez y a la jotería.

César Cañedo y Yolanda Segura.

Recientemente, César Cañedo, poeta originario de El Fuerte Sinaloa, fue premiado junto a Yolanda Segura, con el Premio Nacional Francisco Cervantes Vidal. Convocado por la Secretaría de Cultura del Estado de Querétaro, el Francisco Vidal es uno de los premios de poesía joven y con trayectoria más importantes del país.

Cañedo recibe el premio con un poemario bautizado como Loca, a través del cual busca defender las disidencias sexuales y mostrar que hay maneras distintas de ser “una jota” aparte de las promovidas y aceptadas por la sociedad; además de hacer un homenaje al poeta sonorense Abigael Bohórquez, a quien califica como “la jota mayor” y de quien dice, le ha ayudado a definirse a sí mismo, tanto en la jotería como en la poesía.

En entrevista para ESPEJO el poeta, voguero y también atleta, habla sobre su poemario, la figura de Abigael Bohórquez en su vida, sus motivaciones para hacer poesía y su aguda opinión sobre los movimientos queer y LGBT.

 

—¿Cómo recibes el premio Francisco Cervantes Vidal?

—Lo recibí sentada (bromea). No lo esperaba, pero ya que uno está en este rollo, la idea es estar mandando a concursos, preparando poemarios, tallerearlos y mandar, mandar ya sea a concurso o editoriales como una manera que tenemos de dar a conocer el trabajo.

Y sí fue muy sorprendente porque es el primer premio nacional de muchos, espero, y también fue muy sorprendente que lo gané empatado, el jurado decidió que había dos ganadores… ganadoras.

Abigael Bohórquez.

—Háblame un poco de ‘Loca’ y de la influencia de Abigael Bohórquez.

—Abigael Bohórquez… empiezo hablando un poquito de él, es de nuestros grandes poetas mexicanos, “el gran poeta que ha dado el norte” ha sido llamado en su momento. Nació en Sonora, en Caborca, entonces queda ahí cerquita de Sinaloa y es también muy comprometido, muy jota. Es la jota mayor de la poesía mexicana.

Es la primera que habla de joterías en una época que no se podía hablar abiertamente, entonces, de pronto su poesía es muy directa, muy frontal.

También tiene poesía política muy importante y un poemario que se llama Poesida, que se inscribe en la pandemia del sida. Publica este poemario con mucho valor, como una manera de gritar que la sociedad a la menor provocación tiene a los jotitos como los culpables de cualquier malestar del mundo.

Entonces yo leo su poesía, me encanta, me da fuerza, me da identidad, me ayuda a definir lo que soy tanto en la jotería como en la poesía y también tiene de pronto este tono lúdico y ese juego de crear y torcer palabras que yo recupero. Entonces siempre he tenido mucho de Sonora y de Sinaloa y mucho de Abigael en la poesía.

Y con Loca lo que me interesa es defender la idea de la loca de las disidencias sexuales, de la jotería, el ser diferente y también tratar con las hablas norteñas, como hablamos allá y como nos identificamos con esta jotería y la vida de Abigael queda muy bien para hacer esto y también para yo hablar de mí.

—¿Por qué tanto énfasis en la jotería? 

—No es que sea énfasis, sino es lo que soy y lo que me sale, lo que me da sentido. Porque digamos que sí, coincido en que de alguna manera hay más apertura, aceptación, aunque sigue habiendo mucha censura o digamos, ¿cómo lo podemos decir?… mucha diferencia en cuanto a quienes pueden figurar con aceptación social o quiénes no.

Por ejemplo, ahora se espera que los gays sean discretos, bonitos, barbados, buena onda, serios, comprometidos, trabajadores, y esta idea de la loca, de la jota, de la marica, sigue causando, sigue teniendo rechazo…

Además de que es una construcción o una figura que está anclada en nuestras raíces de pueblo o marginales, mientras que lo gay, lo aceptado, lo que tiene más que ver con el individuo, está relacionado con la idea de quedar bien con la sociedad.

Entonces la jota o la figura de la jota y la jotería tiene que seguir incomodando, pero incomodando no por incomodar, sino porque es una postura incómoda que se permite tomar fuerza y valor, y por otro lado seguir demostrando al mundo que hay maneras diferentes de ser.

—¿Te consideras un disidente y un provocador en tu faceta de poeta?

—No, no un provocador. De entrada es difícil separar mi faceta de poeta de todas las demás que son la misma cosa y, no un provocador, como lo podría leer alguien que no esté dentro de este pedo.

Es decir, no me interesa llamar su atención sino llamar mi atención y mi ser y mostrar posibilidades de ser, digamos, auténticas: ser quien soy y ya, si te llama la atención que bueno, si no, también.

Dentro de la poesía pues, es como soy, como me sale, pero sé que sí tiene sus implicaciones políticas el cómo es leída, cómo es recibida, por quién y para quién.

—¿Para qué escribes? ¿Qué buscas al hacer poesía?

—¡Ay!, pues enamorar mayates y a otras locas y a quien se deje.

Escribo para tener más posibilidades de enamorar, de ser enamorada y también para tener mi propia voz o para digamos, reinventar mi propia voz y no quedarme siempre estancado en lo mismo.

Mucho de esta idea tiene que ver con ser un desencajado del norte, entonces, está esta postura de moverte. Me gusta que mi poesía se mueva, escribo para que se mueva también, para que sea leída, para que sea gozada, porque yo la gozo.

Escribo para defender lo que soy.

—Háblame un poco sobre tus facetas de voguero y en la academia.

—Dirán que soy todo un estuche de joterías porque hago muchas cosas. Estoy terminando el doctorado en letras acá en la UNAM y doy clases en la Facultad; tengo una materia optativa de teoría queer, corporalidades y género, y además dirijo un Seminario de Literatura Lésbico Gay que ya tenemos como cuatro años con él.

Y digamos que mi parte que ha decidido abrazar lo femenino que es esta postura de la jota, la loca, tiene que ver mucho con mi historia como voguera, como miembra de las House of Apocalipstick, que es una de las primeras casas de voguing aquí, como la tercera.

Y pues que el voguing tiene esta potencia de exploración corporal, performatividad de género, de hacer de tu vida una pasarela y captar las miradas y la atención y fascinar y mover las manos y ser muy perra obviamente y todas estas exploraciones del cuerpo tienen relaciones en la cotidianeidad y en todo lo demás.

Y por supuesto también está en mi poesía, tengo poemas que hablan del mundo del voguing y esos poemas se acompañan de baile, de performance. Entonces, eso me ha servido y me ha ayudado mucho para darle esa potencia de pronto desde eso que se llama performances o leer con pasión.

 

—Al estar involucrado desde varios frentes en el movimiento queer y en el movimiento LGBT, ¿dónde crees que está este movimiento en el país?

—Por queer sí y no. Hay que ponerle distancia crítica y orgullo crítico. El orgullo que tenemos debe ser muy crítico porque es muy fácil ser absorbido por posturas de indiferencia, por el mercado, por la sociedad.

De pronto no creo en esa cosa llamada comunidad LGBT, porque sigue siendo muy jerárquica y no se agrupa.

Cuando hay espacios de agrupación son históricos, todo lo demás es puro oropel, decir que estamos juntas en un arcoíris, en un mercado que nos quiere juntas.

Pienso que más bien hay luchas bastante potentes desde otros sentidos de hacer comunidad y desde otras alianzas más estratégicas, no necesariamente todos unidos buscando lo mismo.

Cada quien tiene sus prioridades, sus motivos de lucha, sus historias, pero sí coincidimos quizá en que decidimos estar del otro lado, tener la disidencia, pues eso es una opción de vida que ya nos implica y que ya uno lleva para siempre en todo lo que hace.

Ahí es donde pueden encontrarse eso que se llama comunidad LGBT y eso que se llama queer.

Todo eso que medio maquilla, como marchas, como películas, como no sé, como eso que no es profundo con la disidencia, yo le pongo mucha reserva.

Me gustaría que fuera mucho más crítico eso que habla del orgullo, eso que habla de comunidad, porque si no, pues, se vuelve una lucha muy estéril o más bien no es lucha.

—¿Algo que quieras agregar?, ¿Algún mensaje a Sinaloa?

—Sí. Que ya tengo muchas ganas de ir a jotear allá a Culiacán, a Mochis, a El fuerte. Hacer el tour de la jota local. Yo no he ido y luego me entero que leen algún poema por ahí y eso me da gusto porque de pronto parece que el norte te olvida, pero ya luego se acuerda de ti y uno se siente bonito.

PARA SABER:

César Cañedo (1988) es un poeta sinaloense originario del municipio de El Fuerte. Es maestro en Letras por la UNAM, actualmente estudia el Doctorado en Letras y dirige un Seminario de Literatura Lésbico Gay en la misma institución. Ha publicado los poemarios ‘Inversa Memoria’ (Valparaíso México, 2016) y ‘Rostro Cuir’ (2016). Además es miembro voguero de House of Apocalipstick y atleta.


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