Historias de histeria | Mira compa, con estas morras, la neta no

Historias de histeria | Mira compa, con estas morras, la neta no

En la ciudad de Culiacán, los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En historias de histeria hacemos un recuento de aquellos sucesos que nos hablan de la necesidad de emprender acciones para devolver la paz y tranquilidad a todos los culichis.

Ya había caído la noche en el puerto de Mazatlán y después de estar un buen rato en la playa, Álvaro y sus amigos ya estaban un poco pasados de copas, pero entrados en la fiesta, cuando la noche comenzó a absorber casi todas las luces del lugar y las latas de cerveza se secaron, los muchachos decidieron que era hora de irse al hotel, que se encontraba a unas cuantas calles.

Se fueron a pie, caminando y bromeando sobre cosas que probablemente solo a ellos les parezcan graciosas. En el camino se detuvieron en un Oxxo a comprar cigarros y chicles de menta. Según Román, uno de los chicos del grupo, los cigarrillos y la goma de mascar siempre son indispensables cuando se va a ligar y eso es lo que sus amigos buscaban esa noche de fiesta.

Llegaron al hotel y se metieron a bañar uno por uno, luego comenzaron a alistarse y con un look muy culichi salieron muy arreglados del hotel. Pidieron el Uber y le indicaron que los llevara a La Marina. En realidad no sabían cuál era su destino, lo único que los llevaba hasta aquella plaza era que en la playa una chica muy bella les dijo que ese era el mejor lugar de Mazatán, donde iba la “gente bien”.

Llegaron y anduvieron deambulando entre los establecimientos del lugar hasta que llegaron a un club en el que la música les parecía más agradable, nada parecido a los corridos y el norteño que regularmente escuchan en las reuniones a las que asisten en Culiacán, pero de igual forma las chicas en el antro eran muy guapas, “casi tan bonitas como las de Culichi“, según Juan Luis, otro chico del grupo.

A medida que la noche transcurría y la fiesta seguía, Álvaro encontró a una chica que le gustó y se le acercó para entablar una conversación. Entre el baile y las bromas, el joven conquistó a la joven mazatleca y reunieron a sus dos grupos de amigos durante un buen rato, pero la fiesta estaba a punto de terminar en el club y los chicos necesitaban un plan b.

—¡Vamos al Oyster! —dijo una de las amigas que acompañaban a Claudia, la conquista de Álvaro.

Casi todos secundaron la idea, ya que es bien sabido que ese es el lugar que cierra más tarde en el puerto. Las chicas y los chicos se mezclaron en 3 Uber y se fueron juntos al otro bar. Cuando llegaron se toparon con la sorpresa de que ya no estaban permitiendo el acceso y se desanimaron un poco. Fue en ese momento que otra de las amigas sugirió seguir con la fiesta en la cochera de su casa, ya que no se encontraban sus papás, pero primero hizo prometer a sus amigas que le ayudarían a limpiar al día siguiente.

El gran número de jóvenes se dirigió a la casa de la chica, que se encontraba cerca de Jabalíes, una colonia popular del puerto. La casa era bonita pero algo pequeña. Al llegar los jóvenes bajaron el pisto que compraron de aguaje y comenzaron a platicar entre ellos con música más serena. Pusieron algunas canciones infaltables en ese tipo de after partys y comenzaron a crear parejitas entre ellos.

Eran casi las 4 de la mañana y una camioneta muy imponente se encontraba rodeando la casa, hasta que se detuvo frente a la cochera y se bajaron 3 hombres muy apuestos pero con una expresión muy recia.

—¡Así te quería agarrar! —Le gritó el más alto de los hombres a una de las chicas que se encontraba platicando con Román.

La chica se quedó helada y los demás no entendían qué pasaba, mientras Claudia, la más aventada del grupo de amigas, se dirigió a los hombres que apenas y llegaban a la cochera.

—¿Qué te pasa, solo son unos amigos de Culiacán? —Le dijo ya muy exaltada.

Me vale de donde sean, diles que se vayan ya… Mira compa ven… le dijo a Álvaro, quien ya se encontraba muy incómodo con la situación.

Él joven culichi se acercó a los hombres y el mensaje del corpulento mazatleco fue muy preciso.

—Mira compa, con estas morras, la neta no. Te puede ir peor de lo que te imaginas —le dijo mientras le enseñaba la pistola que traía fajada—, así que mejor ya váyanse —insistió mientras les regalaba una mentada.

Álvaro se fue de inmediato por sus amigos y sin explicarles nada les dijo que ya se tenían que ir, los demás no entendían bien qué pasaba, pero sabían que algo no estaba bien.

Se fueron casi de inmediato, todos “hechos bola” en el mismo Uber. Cuando ya se iban, Álvaro les comenzó a explicar lo sucedido. Mientras los demás bromeaban al respecto, el conductor les confirmaba: “No plebes, aquí ya quien menos piensan anda mal”.

 

¿Será que la constante exposición a hechos de violencia, narcotráfico, corrupción e impunidad y muchos otros más que ocurren constantemente en Culiacán y Sinaloa empiezan a afectar el correcto funcionamiento de la psiqué de los sinaloenses?

 


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