OBSERVATORIO | El ‘boom’ de los robacarros. Crimen y Gobierno, socios

OBSERVATORIO | El ‘boom’ de los robacarros. Crimen y Gobierno, socios

El robo de automóviles es una gran industria ilícita para la delincuencia vertebrada en Sinaloa, pero también para la corrupción organizada. Es el complot casi perfecto entre robacarros que a fuerza de miedo ponen la mercancía y autoridades que al fragor de la corrupción aportan la licitación de lo ilícito.

Actúa el negocio en un gran mercado pues solamente durante el gobierno de Mario López Valdez fueron despojados cuarenta y cinco mil vehículos y la tasa de recuperación se estima por las autoridades estatales en tres de cada diez.

Actualmente continúa la incidencia de un automóvil hurtado cada hora; el 70 por ciento a mano armada.

Al tomar Quirino Ordaz Coppel el cargo de gobernador, uno de los problemas de corrupción más fuertes que encontró es el de robo de vehículos, con un dato extraño: las unidades desaparecen y se vuelven invisibles a los operativos especiales contra este delito.

Fue entonces que procedió a crear una comisión especial para determinar porqué una vez robados los carros ya no aparecen en retenes ni en los lectores de hologramas que posee la policía.

El grupo de revisión y atención a este fenómeno que integran el secretario de seguridad pública, Genaro Robles Casillas; el director de vialidad y transportes, Guillermo Haro; y el fiscal Juan José Ríos Estavillo, presentó muy pronto hallazgos importantes. La podredumbre estaba a flor de piel; al primer rasguño emanó la pus.

El principal rasgo es que la mayoría de los carros robados se tornan ilocalizables porque sus números de serie son truqueados y ¡vueltos a emplacar en la misma Dirección de Vialidad! Desde allí asomó la punta de la enorme madeja de corrupción.

Dos: una vez camuflados como legales, los vehículos son llevados a otros estados de México o países de Centroamérica para ser comercializados con bastante facilidad. Otra huella perceptible e irrebatible.

Y el tercer descubrimiento deja ver que la misma organización copartícipe de delincuentes y autoridades estatales se encarga de abastecer a la red de refaccionarias que a través de los yonkes (vendedores de partes automotrices usadas) da cobertura a gran parte del estado.

Y los rastros siguieron brotando, esclareciendo la magnitud del negocio pues en junio de 2017 fueron encontrados 60 vehículos con reporte de robo en un yonke de Eldorado, sindicatura del corazón del valle del río San Lorenzo que antes de ir a prisión controlaban los Dámaso López, padre e hijo. El operativo se efectuó una semana después de haberse creado la Unidad Especializada contra Robo de Vehículos.

Es posible que al abatir parte de ese clúster de negocios de la alta delincuencia en colaboración con la corrupción organizada se pueda inhibir el robo de vehículos que, en lo transcurrido del gobierno de Quirino Ordaz Coppel registra la afectación a 5,460 propietarios de automóviles.

Lo que no es posible es que queden impunes aquellos que desde el Gobierno y desde la delincuencia vertebrada orquestaron este otro negocio multimillonario, en el edén de impunidad que es Sinaloa. ¿Quiénes son los ex servidores públicos implicados?

 

Re-verso

Pululan esos changarros,

Agencias de complicidades,

Donde hampa y autoridades,

Tienen en venta tus carros.

 

¡Ay Jesús!

¿Qué sucede con la seguridad pública en Culiacán? Asaltos en transporte público, comercios, domicilios, parques y donde uno se pare. ¿No hay autoridad aquí? ¿Dónde está la Policía? ¿Dónde la labor de prevención? Los culiacanenses vivimos, así literalmente, con el Jesús (Valdés) en la boca.

 


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