OBSERVATORIO | Mazatlán no tiene alcalde. El desgarriate de Pucheta

OBSERVATORIO | Mazatlán no tiene alcalde. El desgarriate de Pucheta

José Manuel Valenzuela López y Fernando Pucheta Sánchez tienen bastante en común. Pero a diferencia de que el alcalde de Angostura evita transgredir la ley con sus ocurrencias, el presidente municipal de Mazatlán incurre en delitos que en cualquier sistema de legalidad ya le hubieran costado el cargo.

El Chenel posee el carisma nato para congraciarse con su pueblo sin trastocar el orden constitucional que juró respetar y hacer valer. Pucheta, en cambio, tiene una vocación natural por el traslape verbal y administrativo que suscita anarquía.

A los angosturenses les gusta el modo de hacer política de Valenzuela y lo han llevado tres veces al Gobierno municipal. A Fernando Pucheta difícilmente lo reelegirán, si no es que antes el Cabildo de Mazatlán le instaura un expediente de destitución del cargo y le solicita al Congreso el juicio de procedencia.

Una cosa es ser mazatleco, dicharachero y de hablar franco, y otra es ser Fernando Pucheta que con cada palabra invoca la confrontación y con cada acción de gobierno consuma la opacidad y la demolición de las instituciones. Este se cree facultado para alterar el ejercicio del poder y convertirlo en kermés de barriada.

Instiga a la agresión, mantiene compras opacas, esconde información pública, rehúye a su obligación de dar seguridad pública y humilla a sus colaboradores.

Utiliza el populismo de utilería para justificar errores, descuidos e ilegalidades, en el nombre del bien de ciudadanos que según él lo aclaman.

Así acordó blindar hasta por cinco años información que la sociedad debe conocer sobre el pago a despachos que participan en el cobro del Predial y rezagos a contribuyentes morosos, o bien, comprar 39 aires acondicionados con sobreprecio para beneficiar a un proveedor. Qué decir de duplicar el pago de las letras que forman el nombre de Mazatlán en el remodelado malecón y que ya se tenían en el parque Martiniano Carvajal.

En materia de seguridad pública, el gobierno de Pucheta es un total desastre. Más allá de que Mazatlán se mantiene como el segundo municipio con más delitos de alto impacto, superado solo por Culiacán, en el total de ilícitos cometidos rompe récords convirtiéndose en la zona con más violencia a nivel estado, después de la capital.

Presenta además la reincidente intolerancia a la crítica, lo cual generó un connato de ataque de sus seguidores contra periodistas, el 28 de septiembre. Un mes después volvió a instigar a sus fanáticos contra la prensa al expresar “para los que escriben, escriban más bonito”, acorazado por colonos de Lomas del Porvenir.

Es interminable el recuento de motivos para que Fernando Pucheta debiera enfrentar un procedimiento de remoción. De permitírsele otros devaneos de inestabilidad el costo político, económico y social se pagaría muy caro porque el edil ahí va, no se detiene en los exabruptos que transitan de la simpática ilegalidad a la cínica ingobernabilidad.

No es exageración. Pucheta ostenta el cargo en forma desparpajada y todos los días aporta la cuota de ilegalidad en un municipio que lo que menos necesita es mayor anarquía. ¿Y si actuara de una vez el Cabildo para sentar un precedente de respeto a la ley, investidura, instituciones y sociedad?

 

Re-verso

Antes de irse Pucheta,

A sus paraísos ignotos,

Debe pagar la cuenta,

De todos los platos rotos.

 

Alianza en ciernes

Es posible que el PAN logre superar en Mazatlán la fragmentación que a nivel nacional le causó la salida de Margarita Zavala, lográndose un acuerdo de unidad entre los partidos del Frente Ciudadano por México para postular a la alcaldía a Martín Heredia Lizárraga. Hay avances tendientes a recuperar ese bastión político del panismo.

 


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