Un año de Uber en Culiacán | Lo bueno, lo malo y lo feo

Un año de Uber en Culiacán | Lo bueno, lo malo y lo feo

La inevitable llegada de Uber a Culiacán el 4 de octubre del 2016 vino a cambiar la movilidad de amplios sectores de la sociedad culiacanense, pero también a plantear retos a un sistema de transporte que, por sus inercias, aún es calificado como deficiente por la mayoría de la población.

Así como ha habido cambios positivos, la historia de Uber en Culiacán también ha pasado por episodios grises. Estos episodios han puesto de manifiesto que es la gente, los usuarios y choferes, quienes pueden hacer que la aplicación sea un complemento y un ejemplo para el ecosistema del transporte a nivel local o, por el contrario, sigan proliferando las malas prácticas que desprestigan al servicio.

Ante la proximidad de su llegada, el entonces gobernador Mario López Valdez declaró que no había posibilidad de que el Gobierno estatal estuviera a favor de este servicio en Sinaloa, dejando en claro el poder y las relaciones de los concesionarios del transporte con la clase política.

Como en la mayoría de las ciudades del país y del mundo, el sector de los taxistas mostró su inconformidad a través de marchas, bloqueos e incluso algunos episodios violentos. Sin embargo, al final ganó la competencia y la innovación y, de un número inicial de 300 autos de Uber en Sinaloa, al día de hoy algunos choferes calculan la cifra en más de 4 mil y creciendo día con día.

En general el servicio ha sido bueno. La posibilidad de tener un chofer disponible 24/7 y a pocos minutos de donde te encuentres, ha promovido la competencia y el mejoramiento del servicio. Hay mercado para todo y para todos.

Sin embargo, a un año del inicio de operaciones, son varias las situaciones que han dejado con mal sabor de boca a muchos usuarios, en su mayoría por la falta de profesionalismo de sus choferes.

Así, las malas prácticas han ido desde no finalizar el recorrido con el fin de realizar un cobro desmedido, hasta la cancelación de solicitudes de viajes cuando este se hace con tarjeta de crédito, haciendo perder el tiempo a usuarios que han visto cómo hasta ocho vehículos distintos se niegan a ofrecerles el servicio.

Tema aparte las constantes situaciones incómodas o incluso peligrosas que parecen sacadas de películas de terror. Háblese de choferes encajuelados por los usuarios o la solicitud de viajes para cometer actos ilícitos como compra de drogas o armas, por mencionar solo dos ejemplos de los cuales poco trasciende hacia los medios de comunicación.

Por el otro lado, también existen y son comunes las malas prácticas entre los usuarios, pues hay quienes utilizan la aplicación como si tuvieran un asistente personal solicitando servicios como ir al Oxxo por una Coca-Cola o incluso el caso de un joven chofer al que mandaron a recoger niños a una escuela primaria.

Pero no toda lo malo es culpa del chofer o de los usuarios. La próxima vez que utilices un Uber, sácale plática a tu conductor, intenta ponerte en sus zapatos y date cuenta de que, cuando se trata de bienestar, cada quien busca llevar más agua a su molino.

Si tiene buena disposición te podrás enterar de primera mano cómo se siguen reclutando vehículos a pesar de que muchos de los que iniciaron hace un año, ven como cada día hay más conductores y, por ende, menos trabajo para cada quien, como, ante asaltos o robos de vehículos, el único respaldo que ofrece la compañía es bloquear la cuenta del usuario que cometió el crimen y, como hay choferes quienes han decidido crear grupos para elaborar una cartera de clientes “fuera de la aplicación”, con el fin de sacar unos cuantos pesos más.

 

A final de cuentas Uber ofrece una plataforma que facilita el acercamiento entre quienes tienen un vehículo disponible y quienes requieren de un ride, y aunque la tecnología puede fallar, el lastre más común en el servicio se encuentra, sobre todo, en el factor humano.


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