El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | De regreso en la Unión Soviética

El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | De regreso en la Unión Soviética

“Y si la verdad nos guía, cualquier observador objetivo debe admitir que la historia soviética es, en general, una historia de indiscutible progreso, pese a todas las pérdidas, retrasos y fracasos”.

—Mijail Gorbachov, Perestroika.

Al Nico y el resto de la Palomilla

La sensación de peligro era real, latente. No te despertabas cada día pensando que se iba a acabar el mundo, pero sabías que podía ocurrir si los radares confundían una parvada de gansos con misiles nucleares. Se vaciarían todos los arsenales y nadie quedaría para reclamar como suyo el planeta. La conciencia de vivir en la Guerra Fría. Soviéticos contra norteamericanos. Comunismo contra capitalismo. Stalin contra Truman, Jrushchov contra Kennedy, Reagan contra Gorbachov.

La polarización del mundo entre las dos superpotencias era más que ideológica y se dio casi de forma natural al concluir la Segunda Guerra Mundial. De repente el mundo se había convertido en un tablero de ajedrez donde los países eran las piezas que movían la URSS y los EE. UU., los únicos jugadores. Norteamérica tenía más de siglo y medio en el juego, la Unión Soviética menos de treinta años. ¿Cómo había pasado?

La Rusia zarista llegó al siglo XX como una nación pobre, escasamente industrializada y con prácticas feudales en el campo. Desde 1905 burgueses, obreros y campesinos expresan masivamente su inconformidad y son reprimidos. Los trabajadores responden con huelgas y organizando consejos que los agrupen, a los cuales llaman sóviets. A pesar de todo, el gobierno del zar resiste. El Partido Bolchevique, de socialistas radicales, pasa a la clandestinidad.

El ingreso de Rusia a la Primera Guerra Mundial solo complicó las cosas. A fines de 1916 e inicios de 1917 se incrementan las huelgas y la formación de sóviets se multiplica, llegando a incluir soldados. El zar renuncia y se forma un gobierno provisional. Poco a poco la popularidad de los bolcheviques crece, así como la influencia de su líder, Vladimir Ilich Ulianov, mejor conocido por su seudónimo, Lenin.

El historiador Juan Brom escribe: “El Partido Bolchevique decide promover la sublevación armada, considerando que la masa popular apoyaría tal acción; el 7 de noviembre, el sóviet de Petrogrado, dirigido por los bolcheviques, toma el poder y lo entrega al Congreso Panruso de los Sóviets, que inicia sus sesiones. Se conoce al movimiento como Revolución de Octubre”. El enredo de las fechas se debe a que Rusia no usaba entonces el calendario gregoriano, como el resto del mundo.

El nuevo gobierno no tiene un inicio fácil y debe enfrentar la oposición interna, así como la de los países fronterizos que deseaban contener al comunismo soviético. No obstante, contaban con el apoyo de obreros, campesinos y otros sectores de la población que aceptaron los sacrificios que la situación les impuso.

Se decidió iniciar un duro proceso de industrialización y colectivización de la agricultura que provocó hambre y empobrecimiento. El nuevo país adoptó el nombre de Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas desde 1922. Dos años después muere Lenin y sube al poder Iísif Stalin. Bajo su liderazgo enfrentarían y derrotarían a Hitler en la Segunda Guerra Mundial.

Mijail Gorbachov en sus Memorias, llama a esta época la dialéctica trágica, pues, por un lado, a nombre de la causa de Lenin se llevaron a cabo represiones masivas y sangrientas, pero por el otro, el país avanzaba y fue capaz de vencer a los nazis en una guerra terrible.

A menos de un año de concluida la conflagración mundial, la URSS enfrentaba nuevas hostilidades. En un discurso pronunciado por Winston Churchill el 5 de marzo de 1946, ante el Colegio Westminster, en Fulton Missouri, el ex primer ministro afirmó: “Nadie sabe qué se propone hacer la Rusia soviética… o cuáles son los límites, si acaso, a sus tendencias expansivas y proselitistas… Desde Stettin en el Báltico a Trieste en el Adriático, una cortina de hierro ha descendido a través del continente”. Así inició la Guerra Fría.

Acusada de ser el Imperio del Mal, la URSS alcanzó éxitos tecnológicos impresionantes. Los científicos soviéticos fueron pioneros en la carrera espacial al poner en órbita el primer satélite artificial, Sputnik, enviar al primer ser vivo al espacio, la perrita Laika, al primer hombre, el cosmonauta Yuri Gagarin, la primera mujer, Valentina Tereshkova y las primeras sondas interplanetarias a Marte y Venus.

A cien años de la Revolución Rusa, do svidaniya tovarishchi.

 


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