La puerta 26 | “Salí de un clóset para entrar a otro”

La puerta 26 | “Salí de un clóset para entrar a otro”

La noticia de ser portadores del VIH/sida cambia de manera inesperada las perspectivas de quienes lo padecen. Rutinas, hábitos, formas de pensar y de comportarse. Hoy en día el riesgo de ser portadores del virus de inmunodeficiencia humana es casi igual al que se tenía veinte años atrás, esto debido a la falta de un diagnóstico oportuno y de accesos a programas de salud para los estratos sociales económicamente más vulnerables.

En la puerta 26 de un hospital de la capital sinaloense, un médico especialista atiende y le da seguimiento a un gran número de personas que son portadoras del VIH en Culiacán. Día con día, más de veinte personas entran y salen de su consulta, cada una con su historia ligada al drama o a la búsqueda de un nuevo sentido para su existencia.

A Mauricio no le gusta ir solo a su consulta, y aunque ya tiene dos años viendo al doctor Steven, siente la necesidad de ir acompañado de Miguel, su novio, quien también es portador del VIH y al que conoció en la sala de espera un año atrás, cuando apenas entraba en la dinámica de sus visitas a “la puerta 26”.

Viven una relación plena, tratan de cuidarse mucho y ejercitarse a menudo. Sus amigos piensan que son la pareja perfecta, ambos muy guapos y exitosos en sus respectivos trabajos. Ambos guardan su secreto con fuerza, quizás por miedo a todos los prejuicios que rodean a su padecimiento. Ser homosexual en una ciudad como Culiacán es en sí, un obstáculo, ya que deben guardar muchas apariencias y luchar con todos los estigmas sociales que el ser gay conlleva.

 

El sector masculino, ya sea heterosexual u homosexual, constituye solo el 30% de las personas que se han sometido a las pruebas de detección del VIH.

 

Mauricio no es tan abierto con sus preferencias sexuales como Miguel y eso siempre les genera disputas que terminan arreglando casi de inmediato. Al llegar con la asistente del doctor, siempre la saludan con confianza e incluso platican un poco con ella. Después de verla mes con mes han generado un trato amable e incluso bromean con ella sobre su visita en pareja a ver a Steven, a quien ya le han tomado confianza.

Miguel siempre plática con los otros pacientes que están a la espera de entrar previamente para cumplir con su cita. Le gusta compartir su experiencia y brindar un poco de confianza a quienes están a punto de comenzar con su tratamiento. Mauricio prefiere alejarse cuando su compañero se relaciona con los otros; el muere de vergüenza y le da un poco de pánico ser visto en ese lugar o ser descubierto por alguno de sus conocidos mientras espera su consulta. Para él, el VIH se convirtió en un segundo clóset al que irónicamente entró justo después de asumirse como homosexual ante su familia.

 

Para junio de 2017, alrededor de 20.9 millones de personas en el mundo tienen acceso a tratamientos retrovirales para dar seguimiento a sus infecciones de VIH.

 

El médico siempre pone las citas de ambos el mismo día y de manera consecutiva, entran juntos al consultorio y son atendidos de manera rápida. Ambos entraron en una etapa en la que el virus es casi indetectable en sus muestras, lo que les permite llevar una vida tranquila, con algunas cuantas medidas preventivas y el apoyo de un par de medicamentos que deben tomar diariamente, en tiempo y forma.

 

LO DIJO:

“Las personas tienen la idea de que el padecer VIH es una condena inmediata, que te vas a morir al poco tiempo de ser detectado, piensan que te vuelves tóxico, que ya no puedes hacer muchas cosas, que ya no puedes encontrar el amor, que ya no tienes futuro. Yo tengo 5 años atendiéndome este problema y sí, mi vida ha cambiado. Ahora tengo que poner mucho cuidado con mi higiene, no solo por mí sino por las personas con las que convivo, pero es solo eso. A veces es más el miedo de saber que estás enfermo que de lidiar con la enfermedad, en realidad es mucho menos complejo de lo que parece, estar consiente de tu condición te permite poner de tu parte para luchar con este problema*

—Miguel. Profesor de universidad y portador del VIH.

 

Mauricio y Miguel son una de las muchas parejas que son atendidas en conjunto en la puerta 26. Steven, su médico, trata de hacer más llevadero el tratamiento de casi todos sus pacientes y trata de apoyarlos en lo que puede, aunque siempre les advierte que mejorar la calidad de su vida y hacerla lo más normal posible está en sus manos y en el seguimiento al pie de la letra de su tratamiento.

 

En “la puerta 26” se narrarán pequeños relatos de portadores del VIH en Culiacán, cuyas vidas cambiaron de manera inesperada y nos comparten sus relatos para hacer conciencia sobre esta problemática que silenciosamente acaba con la vida de millones de personas alrededor del mundo.

* Los nombres y escenarios de este relato han sido cambiados para proteger la integridad de quienes nos brindaron su testimonio.

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