Surrealismo crudo | Culiacán en el Vive Latino

Surrealismo crudo | Culiacán en el Vive Latino

Hace unos días se anunció el cartel del Festival Vive Latino 2018, con dos propuestas originarias de Culiacán entre las decenas de artistas nacionales e internacionales programados para tocar en ese evento. Si bien es inusual la presencia de actos salidos de la escena local en la fiesta musical masiva más importante a nivel Latinoamérica, no es la primera vez que gente de esta ciudad llega a esos escenarios.

Soy de la generación que vio crecer en su ciudad estos proyectos que estarán el próximo año en el Vive Latino. Soy de los que nos repetimos como mantra que Culiacán en cuanto a música es mucho más que banda y norteño. Estuve ahí, en ese bar donde una versión beta de Los Moustros del Espacio Exterior tocó por primera vez en un bar, con otro vocalista y con los sonidos de ciencia ficción que Juan David alias Relámpago emitía desde su computadora de escritorio. Bailé ese rocanrol de los cincuentas en tantas fiestas y tocadas, recuerdos borrosos de una época no tan lejana. Los vi disfrazados de los Beatles del Sgt. Pepper’s en un Halloween. Fui a sus tradicionales fiestas de la Bestia. Y ahora veo su nombre en un cartel, justo después del de Morrissey. Mierda. Está chilo eso.

Soy una de las cinco o seis personas que nos quedamos pisteando aquella noche de invierno en La Chuparrosa Enamorada, el restaurant campestre de Bacurimí que sentó el precedente de lo que hoy es el Café Marimba con su onda cultural. Ándale toca una rola, le dijeron a un muchacho que hasta entonces yo nunca había visto. Le dieron una guitarra y empezó a tocar una canción hipnótica llena de sílabas con la letra ele. La de la libélula. Nunca he sentido que el ambiente o los géneros que se asocian con la trova sean lo mío. Pero esa noche supe que el David Aguilar era un caso aparte. Hace nueve años de eso. El David es un trabajador minucioso y obsesivo de la canción que no se detiene hasta quedar un paso adelante del que se encontraba ayer. Le entra por todos lados a cada pieza, la disecciona, la deconstruye, la redondea, la vuelve a construir. No le teme a tocar un género y luego otro, y todos se los toma en serio. Un excelente letrista y compositor. Está donde está porque ese es su nivel.

Pero antes de Los Moustros y el David Aguilar llegaron otros culichis a los escenarios del Vive Latino. Hay que mencionar al Bazooko, rapero veterano de mil batallas que estuvo ahí en 2003, en un escenario dedicado al hip hop. El Bazooko viene de 20 años atrás, contemporáneo del boom de Molotov y Control Machete. Cuando causaba algo de escándalo oír canciones con groserías. En ese lejano 1997 en que Culiacán recibió la gira Molochete, el Bazooko fue telonero de esos grupos. Y sigue activo. Lo vi el mes pasado en el evento Rap en las venas. Lo vi comerse el escenario y parecer a punto de estallar de tantas ganas de rap que exhibía a la hora de agarrar el micrófono. Pura vieja escuela.

De los que pongo aquí, el acto más raro de un culichi en ese festival ha de ser el de Mario López. Y eso que también estuvo Galatzia en otra ocasión. Pero el de Mario* (así, con el asterisco) fue un proyecto arriesgado, difícil de catalogar y por momentos desconcertante. Llegó al Vive Latino 2005 acompañando a Quiero Club. Su canción Muchacho satánico había estado sonando en las estaciones de radio del entonces Distrito Federal. Una especie de one hit wonder local. Alguna vez me contó la experiencia de haber llegado en avión a una ciudad que lo trataba como una celebridad, pidiéndole autógrafos y fotos. Luego, regresar a la otra ciudad y trabajar en una oficina. Mario* fue parte de Happy Fi, el sello de Monterrey que dio a conocer varios grupos de la escena indie de los primeros dosmiles. El antecedente más directo de lo que son los colectivos de música indie de hoy. El disco de Mario* se vendía en Mixup. Una mezcla muy peculiar de comedia, sarcasmo y melancolía en canciones de guitarra acústica. Merece una reseña aparte.

Tantas cosas que se podría pensar de Culiacán así nomás, si tomáramos por separado cada uno de los artistas de esta ciudad que han tocado en el Vive Latino. Propuestas muy diferentes entre sí, porque la gente de aquí es así de diversa. No parece del todo exacto asegurar que nos representa solo un tipo de música, un temperamento, una forma de ser. Por todos lados hay personas que tienen otras inquietudes, otras cosas por decir y otros lenguajes por explorar. De vez en cuando el underground sale a la superficie. También hay que contar esto.


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