El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | Soldados, policías y políticos

El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | Soldados, policías y políticos

“La crisis de seguridad pública es responsabilidad

directa de los gobiernos actuales”.

—Fernando García Cordero.

Hay cosas ciertas y evidentes. Primero: la acción cotidiana de las fuerzas armadas es un factor de estabilidad en diferentes entidades, regiones y ciudades del país; Sinaloa es buen ejemplo de ello. Segundo: los mexicanos confiamos más en el Ejército que en la Policía de Tránsito, Policía Municipal, Policía Ministerial, Policía Estatal o Policía Federal; lo corroboran los datos del Inegi.

¿Cómo llegamos hasta aquí? Partimos de una idea básica: la tarea de las policías para perseguir, enfrentar o contener a la delincuencia organizada no da los resultados que se esperan. ¿Solución? Emplear a los soldados para realizar esas labores de combate al crimen. La justificación se buscó desde el respeto que imponían a los delincuentes, hasta las virtudes de organización, preparación y equipamiento del Ejército.

El bueno: el soldado. Al inicio se utilizó para combatir al narcotráfico. La Operación Cóndor, los programas de destrucción de plantíos. Con el paso de los años nos fuimos acostumbrando a verlos fuera de sus cuarteles, en tareas de combate a la delincuencia.

Al mismo tiempo surgieron voces que cuestionaron el uso que se daba a las fuerzas armadas. En 1996, a través de una acción de inconstitucionalidad, se cuestionó ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación la presencia de los titulares de la Defensa Nacional y de Marina en el Consejo Nacional de Seguridad Pública.

En esa ocasión la Corte opinó lo siguiente: “En tiempos de paz los militares están constitucionalmente facultados para auxiliar o apoyar a las autoridades civiles, a petición expresa de ellas y sin usurpar su esfera de competencia… Como fuerza pública está constitucionalmente facultada para salvaguardar la seguridad interior… La capacidad de organización, la disciplina, el armamento y otra serie de factores caracterizan al Ejército, Armada y Fuerza Aérea, como una fuerza del Estado mexicano capaz de enfrentar determinadas circunstancias, en especial cuando otras autoridades pudieran no tener la capacidad requerida”.

El malo: el policía. Esas autoridades sin capacidad para enfrentar a los criminales resultaron ser las policías. Mal organizadas, mal pagadas, con escasa capacitación, sin equipamiento adecuado, penetradas por la corrupción, sin supervisión ni rendición de cuentas. Y, sobre todo, sin apoyo del gobierno o la sociedad.

Algo malo pasa cuando en la prevención policial del delito las últimas corporaciones en crearse son las estatales. A nivel federal tampoco estaban mejor las cosas. Muchos años existió la Policía Federal de Caminos que fue sustituida por la PFP, que fue remplazada por la actual Policía Federal.

Se estableció el Sistema Nacional de Seguridad Pública desde 1995 para fortalecer las instituciones policiales del país, entre otras. Se dio equipamiento e infraestructura pero faltó lo más importante: un plan que estableciera para qué se iban a usar las patrullas, armas o radios. Y en el tema, de siempre ha sobrado la voluntad política de simular y es muy escasa la voluntad política de actuar.

El feo: el político. Al político le gustó el discurso social que hacía del soldado el bueno y del policía el malo. Así que jugó con la premisa y entendió que simular estrategias y acciones de seguridad, pasaba por administrar la tensa relación entre usar policías o usar soldados. Para sorpresa de nadie, el tema siempre se resuelve en favor de la institución que goza de mayor confianza.

Felipe Calderón creó el Cuerpo Especial de Fuerzas de Apoyo Federal del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos con la misión de auxiliar a las autoridades civiles en tareas de seguridad pública. Peña Nieto acaba de crear el Cuerpo de Policía Militar, el último día de noviembre. El mismo día que la Cámara de Diputados dio lectura, discutió y aprobó el dictamen sobre la iniciativa de Ley de Seguridad Interior. Falta el trámite ante el Senado.

La iniciativa permite a las Fuerzas Armadas intervenir solo cuando se emita una Declaratoria de Protección a la Seguridad Interior, previa petición de los estados donde reconozcan que están superados o pobremente coordinados, y la autorización del presidente de la República reconozca que las capacidades de las fuerzas civiles federales son insuficientes para contener la amenaza de que se trate.

Y así, el político quiere endosar, como siempre, la responsabilidad al soldado y al policía. Vuelve a ganar el feo.


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