Historias de Uber | ¿Qué pasó? ¿Se te olvido algo?

Historias de Uber | ¿Qué pasó? ¿Se te olvido algo?

En ‘Historias de Uber’ hacemos un recuento de sucesos que, contados por sus conductores o sus usuarios, nos hablan de la necesidad de emprender acciones para devolver la tranquilidad a todos los culichis que utilizan este servicio de transporte.

No era tan tarde pero el sol ya empezaba a ocultarse. Luego de dejar a un pasajero por la zona del bulevar agricultores, Juan Carlos esperó un poco con la esperanza de que cayera un nuevo viaje y así aprovechar la vuelta que había realizado.

Después de varios meses trabajando como Uber, Juan Carlos había pasado por buenas, malas y peores experiencias. Incluso ya en una ocasión un usuario había intentado robarle su auto, pero gracias a la alarma, de esas con las que puedes detener el vehículo a distancia, lo había recuperado el mismo día.

No habían pasado más de 5 minutos cuando le cayó un nuevo viaje, sin embargo, este no mostraba el destino. “Es normal”, pensó, “a muchos les da flojera poner el destino y piden el Uber así nomás”.

Al recoger a su nuevo cliente no notó nada extraño. Era un típico joven culichi de clase humilde que, al igual que él, rondaba los 20 años y que fuera de que llevaba consigo dos celulares muy a la vista no mostraba en su apariencia nada fuera de lo normal. “El típico puntero”, pensó.

Lo raro fue cuando le preguntó hacia dónde se dirigirían, a lo que el joven contestó: “Vamos por aquí a buscar a un amigo”.

Aunque la petición le pareció algo extraña, Juan Carlos decidió seguirle el juego a su nuevo cliente, al que llevó y trajo por las calles de la zona hasta que dieron con otro muchacho al lado de una motocicleta.

“¡Ahí está! Aquí bájame”, le dijo por fin y bajó del auto. Acto seguido pagó en efectivo con cambio exacto.

Luego de este viaje, Juan Carlos decidió dar el día por terminado y dirigirse a su hogar. Apagó la aplicación de Uber, puso la música de su preferencia y emprendió el camino de regreso a casa.

Pero a las pocas calles transitadas, notó algo que lo puso un poco nervioso. El joven que había llevado hace algunos minutos ahora lo seguía a la distancia junto con su amigo a bordo de una motocicleta.

Antes que nada, Juan Carlos pensó en que no perdería la calma y siguió manejando normalmente, pero en esos momentos no pudo evitar recordar que aquellos que lo seguían ya sabían qué celulares traía y en dónde guardaba su dinero, así como su complexión e incluso personalidad. Seguro todo fue una treta para luego asaltarlo.

Al pensar en todo esto decidió que lo más prudente sería irse por el Mercado de Abastos y luego agarrar por La Costerita, pero lejos de perderse, la motocicleta subió la velocidad para continuar siguiéndolo de cerca.

Ya un poco más preocupado, Juan Carlos recordó a sus amigos de infancia de la cuadra, muchos de los cuales andaban en malos pasos y que por esa hora seguramente aún estaban reunidos en la calle a tan solo unas cuadras de su casa.

Sin pensarlo, llamó a uno de ellos, le explicó la situación y tomó rumbo hacia donde estaban.

Al llegar al lugar y estacionarse, bajó rápidamente de su carro, encaró a quienes aún venían siguiéndolo y les pregunto: “¿Qué pasó? ¿Se te olvidó algo?”.

Los que viajaban a bordo de la motocicleta se miraron el uno al otro y ante esta nueva situación decidieron, mejor, emprender la huida.

Las historias de los choferes de Uber no siempre tienen un final a favor. En Culiacán y en Sinaloa en general, ya son muchos los casos de asaltos a mano armada, agresiones, intimidación e incluso asesinato de estos prestadores del servicio de transporte. ¿Conoces alguna historia?

 


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