Tema de la semana | La Navidad

Tema de la semana | La Navidad

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Excesos como fiesta, alcohol, consumismo y mucha comida, pero también una época para reflexionar, acercarse a la familia y volver a estar en paz con uno mismo. Todo eso trae consigo la Navidad. 

Ninguna época del año cambia tanto el rostro de las vidas cotidianas de las personas como lo hace la Navidad. Iniciando con el Día de la Virgen de Guadalupe, o incluso antes, la temporada decembrina llega como un tiempo para la fiesta catártica pero también para la reflexión y el acercamiento familiar.

En Culiacán no son poco comunes las noches de fiesta con banda o conjuntos norteños… mínimo con rocola; los vecinos que cada año se ponen el reto de no perdonar una sola noche del Guadalupe-Reyes y las visitas en familia a la verbena popular.

Por otro lado, mientras que colonias populares y zonas habitacionales son invadidas por una paz y calma que no se ve en ninguna otra época del año, el centro y demás áreas comerciales de la ciudad se ven envueltas en una vorágine de consumismo desenfrenado para la cual tiendas y marcas se preparan con semanas de anticipación, incluso contratando más personal.

Muy lejos se está ya de aquella época en que la Navidad significaba la llegada de Santa Claus montado en su trineo cargado de regalos, los cuales se esperaban con ansias el día de Noche Buena. Ahora, ya del otro lado del festejo, sabemos que cada familia lleva dentro de sí a un Santa Claus y que en su conjunto, las tradiciones navideñas son más que nada una oportunidad que se debe aprovechar para tomar unos días de descanso, acercar a la familia y demostrar el amor que se tiene a los seres queridos.

Muy a pesar de que esta celebración vaya perdiendo su carácter moral y religioso ante el desenfreno consumista, hay que recordar que en cada uno de los obsequios que se reciban o entreguen van también incluidas las horas de trabajo que se dedican a ganar el dinero con el que son comprados, el tiempo dedicado a buscarlo, elegirlo y envolverlo y, sobre todo, el pequeño o gran abrazo al alma que se busca dar a aquella persona especial que lo abrirá la mañana del 25 de diciembre.

Es por eso que, más allá de los excesos y la catarsis que supone el olvidarse de todos los problemas y preocupaciones para entregarse a la embriaguez propia de estas fechas, es importante tener en mente que el verdadero festejo navideño sucede siempre dentro de los corazones, en aquel momento en el que se abraza a aquel familiar al que no se ha visto durante todo el año; en ese instante en el que una sonrisa se dibuja en el rostro de los pequeños al abrir sus obsequios y en aquella foto familiar que quedará para recordar que, ante la acelerada soledad en que la vida moderna envuelve, aún hay pequeños y cálidos oasis de amor en los cuales abrazar y saber que no se está solo… y que el día de mañana puede ser mejor.

¡Feliz Navidad!


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