Un ‘junkie’ de la música | Todos los caminos llevan a rimas

Un ‘junkie’ de la música | Todos los caminos llevan a rimas

Una pregunta para los músicos o melómanos: ¿recuerdan cuándo comenzó su viaje con la música?

Posiblemente la respuesta sea desde el primer día de nacido con las canciones de cuna, incluso antes de llegar a este mundo ya teníamos contacto con ella; pero a lo que me refiero es al momento que elegimos el propio camino.

En mi casa siempre hemos tenido alma musical: mi papá amante de la guitarra y mi mamá aficionada al canto. En reuniones con sus amigos nunca faltó un acordeón que seguía a la lira, haciendo ruedita en una cochera para terminar cantando intoxicados por melodías de despecho, entonadas al unísono.

Entre reunión y reunión, yo acostumbraba escuchar discos que mis padres guardaban bajo el compartimento del stereo Daytron. Los Locos de Ritmo, Leo Dan, Los Apson, Juan Gabriel, José José, entre muchos otros. Eso era lo que había y yo me acomodaba a ello, pero después comencé una búsqueda más personal.

A mis seis años, las canciones que escuchaba en cada piñata eran de Cri-Cri, Cepillín o Los Pitufos, pero hubo un lugar que me presentó la cultura pop gringa, la cual me cautivó. Dicho lugar no solo tenía rica comida, sino también el ambiente y la música que tocaban eran algo que no había visto y escuchado antes. Ese lugar era conocido como la Fábula Pizza.

En los 80 ese lugar era un hit en Culiacán. Bancas de madera, luces amarillas, cascos, discos, patines, placas, guitarras, pósteres y todo tipo de memorabilia que colgaba de techos y paredes haciendo único al lugar. Toda esta atmósfera era amenizada por Madonna, Michael Jackson o Cyndi Lauper. Después de consumir canciones bohemias de mis padres, estas nuevas melodías eran una bocanada fresca para mí.

Comencé a indagar por cuenta propia qué música escuchaban mis vecinos y cómo la conseguían. Había quienes copiaban mixtapes con música que alguien trajo del “otro lado” con rolas de Run DMC, Public Enemy o Iron Maiden. Nos juntábamos con otros mayores porque podían comprar discos; así comencé a hacer mis propias cintas mezcladas. Ya existía MTV pero yo no tuve Cablevisión hasta mucho después. Al fin encontraba algo que me gustaba y lo compartía con otros.

Pasados los años comencé a hacerme de una buena colección de grabaciones clandestinas que obtenía de otros amigos. Argentina ganaba la Copa del Mundo México ’86, caía el muro de Berlín y algo llamado la Internet apenas nacía. Si no me falla la memoria, una tarde de sábado de 1991 yo tenía unos diez años cuando Carlos —uno de los mayores con 16 años— dijo: “Al rato hay una tocada de rock en el ágora de Difocur (ahora el Isic). Creo que tocan los metaleros de Cadáveres y se pone chilo el slam“.

Después de escuchar esto yo me quedé confundido. ¿Cadáveres, metaleros, slam? ¿De qué hablaban? ¿Acaso iba presenciar mi primer tocada de rock? Ni yo sabía qué esperar esa tarde.

Diez plebes en un camión Cañadas-Quintas bajamos en Catedral y caminamos al ágora, rodeada por esa gran escalinata llena de gente con ropa negra. Mientras nos acercábamos, se escuchaba un sonido que hasta ese momento yo desconocía. A lo lejos alguien cantaba mientras una banda tocaba. Entre gritos, el vocalista de Cadáveres le decía al público: “Órale putoooooos” y comenzaron a dar vueltas y a golpearse unos a otros. Me dije: ¡No sé qué es esto pero me gusta! =D.

Aunque en esos tiempos asumo que el equipo de sonido era pequeño, para mí era el volumen más alto que había escuchado y confieso que sentí un poco de miedo.

Mi pecho tronaba con los golpes de la batería y las guitarras brillantes reflejaban las luces. Yo estaba de pie hasta arriba y apenas podía ver, pero bastó para entender el valor de la música en vivo y el significado de la palabra tocada. Una bola de morros brincando y moviendo la cabeza al ritmo de esas guitarras era algo alucinante.

Al final no sé si Cadáveres tocó bien o mal, yo carecía de antecedentes; lo único que sé es que me sentí embelesado. Desde las primeras canciones con mis padres hasta aquel evento metalero, la música ha seguido fluyendo y ahora sé que yo no busqué a la música, ella me encontró a mí.

 


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