Zona chilanga | Desde el sur hasta Tepito… (parte II)

Zona chilanga | Desde el sur hasta Tepito… (parte II)

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Salirme del pueblo pa’pasearme por Tepito, ni Dios que lo mande… si abandoné la parcela pa’progresar. Ya estaba harta de tararear a Vicente Fernández y a Juanga —bueno, a este último me lo respetan—, pero bueno, la cosa es que en Tepito hasta el lenguaje me resultaba agresivo. Pero con lo atrabancada y entrona que soy —herencia de mis antepasados juanescos—, y con el paso de los años, supe que Tepito es un barrio obligado. Esos sí que han salido adelante, aun con la famita que se cargan. Resulta que ahora, incluido dentro del Programa Comunitario de Mejoramiento Barrial, elevado a rango de ley, Tepito está recibiendo su chaineadita. Por programas como Tepito existe porque resiste y Rescatando el Himno Nacional, sus calles y edificios están tomando otra facha; pero esa es otra historia.

Y como casi juro que a ti lo que te gusta es comprar, ya sabrás que el grito y el precio es lo vigente en Tepito: ¡Llévelo, llévelooooo, bara bara para bara… Aquí se trabaja duro y el dinero se mueve y se mueve. En Tepito no hay poses ni atolondre y lo único superficial parece ser su mercancía. Alguien comentó alguna vez: “Desde la época prehispánica este barrio ya tenía su personalidad underground. Todas las cosas que no se vendían en su mercado central se iban para allá”. Según publicaciones, y a decir de quienes habitan en él, Tepito es un barrio solidario al que es un orgullo pertenecer: “Yo soy de Tepito, a hue$%&$%”, dicen orgullosos.

Para esos estudiosos, Tepito es un espejo del país, un lugar violento. Una vez dentro nadie te toca, pero tampoco cualquiera es bien recibido. Así que es bueno saber a dónde se entra y tenerlo presente a cada momento. “El ropero de los pobres”, el estigma delincuencial de Tepito se contrarresta con su propio carisma barrial, de donde han surgido expresiones artístico-culturales como Tepito Arte Acá y Obstinado Tepito, donde se reivindica el rol femenino.

La vida en Tepito ha sido documentada en publicaciones formales y académicas de distintos países. Talleres familiares, oficios de todo tipo, reinas del albur, guardianas del altar, grafiti y El Mural de los Ausentes, fayuqueros que negocian directamente en Asia, Safari en Tepito, proyectos teatrales; estilos de vida y personajes que han sido mostrados por noticieros de Alemania, China, Japón o cualquier lugar del mundo. Una vacuna de arte y cultura popular del mismo barrio es la apuesta de muchos tepiteños; una apuesta que lucha por su permanencia. Así que no llegues dando muestras de superioridad, que te dan una buena lección.

El plan está hecho y tú ya con un pie en la ciudad azteca. A tu llegada podrás ver cómo la ciudad va tomando el gran gris uniforme de cualquier otra urbe del mundo. Construcciones y obras en cada cuadra; ciclovías que pocos respetan; paseantes con más de un perrijo; un completo desorden, pero eso sí, toda una corriente de ecologistas y seres que se niegan a perder su individualidad.

Dandis, intelectuales y teporochos en sus versiones más exóticas y actualizadas; todos caben y así funcionan. En el centro de todo palpita el “barrio bravo” de Tepito, un microcosmos que bien representa el coraje de una sociedad que se niega a desaparecer. Y yo que decía que no me merecía.

La tía Juana ta bien sin novedá. Los apapacha y hasta lueguito.


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