En la opinión de José de Jesús Lara Ruiz | A votar este 2018, pero ¿por quién?

En la opinión de José de Jesús Lara Ruiz | A votar este 2018, pero ¿por quién?

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El contexto electoral actual adolece de una pobreza en la oferta política de los partidos y sus candidatos. Está a la vista el inmediatismo, el enfrentamiento verbal y “compromisos” que de antemano se sabe que no habrán de cumplir.

El 2018 es un año eminentemente electoral donde el ciudadano común es visto por los partidos políticos como un actor receptor y manipulable para conseguir su preferencia a través del voto.

Los medios de comunicación impresos y digitales (exceptuando un segmento importante de las redes sociales) en su mayor parte tienden a favorecer a los partidos ligados a la esfera política y económica que detenta el poder, es decir a un funcionalismo que tiene como finalidad la conservación del statu quo. En particular los servicios publicitarios prestados por los monopolios televisivos son un botín ansiado en el contexto del marco electoral.

La praxis política partidaria se fundamenta en un pragmatismo que persigue la utilidad de las acciones cotidianas como un valor práctico, de manera que los principios éticos son provisionales y están sujetos a modificarse según las circunstancias o la conveniencia partidaria.

Lo anterior explica el eclecticismo de la coalición “Por México, al frente” del PAN, PRD y MC donde sin un referente ideológico común lo que importa es la sumatoria de votos en la lucha por el poder político en tanto meta obsesiva de Ricardo Anaya y demás políticos que le acompañan.

De igual forma la coalición “Meade, ciudadano por México” del PRI, Verde Ecologista y Nueva Alianza, no es otra cosa que más de lo mismo pero con una práctica recargada después de su experimento exitoso en el Estado de México donde el partido oficial utilizó nuevamente los recursos económicos de los programas sociales para la compra masiva del voto ciudadano con la invariable complacencia del INE.

Mientras que la coalición “Juntos haremos historia” integrada por Morena, PT y Partido Encuentro Social es cuestionada por la alianza pragmática de AMLO con un  PT acusado de uso ilícito de los recursos públicos y un PES con una ideología que estigmatiza el derecho a la diferencia de los movimientos feminista artidos y transgénero, entre otros.

El contexto electoral actual adolece de una pobreza en la oferta política de los partidos y sus candidatos. Está a la vista el inmediatismo, el enfrentamiento verbal y “compromisos” que de antemano se sabe que no habrán de cumplir. Muy lejos del horizonte de una campaña a la altura de un país moderno que aspira a renovar su riqueza cultural y a enriquecer su legado histórico.

Este escenario que cada día se recrudecerá por la guerra de campañas sucias habrá de tener su momento de clímax el 1 de julio de 2018.

Lamentablemente para el ciudadano y la sociedad civil no se abriga esperanza de cambio en el sentido de mejora económica, salud y educación, bienestar social, seguridad y justicia, empleo, y desarrollo humano en general.

Ello es explicable porque las coaliciones “Por México, al Frente” y “Meade, ciudadano por México” en su plataforma política no difieren en lo sustancial;  de hecho sus reformas estructurales han resultado un total fracaso con la inflación más alta en la historia del país lo que se expresa en los altos costos de la electricidad, gas y demás combustibles, así como una deuda pública cada vez más creciente e impagable a la par que aumenta la pobreza extrema.

Por su parte,  Morena, autollamada la esperanza de México, si bien podría decirse que hay que concederle el beneficio de la duda, hasta ahora está siguiendo la ruta de los demás partidos políticos, esto es una política maquiavélica donde “el fin justifica los medios”  dado que el fin es llegar al poder pero los oportunistas que hoy se suben al carro de Morena el día de mañana podrían ser el obstáculo para el cumplimiento de sus promesas de campaña.

Los ciudadanos merecemos otra cosa. Más allá del oportunismo político, hacen falta líderes auténticos consecuentes con el cambio social, urgen luchadores sociales que enarbolen un proyecto de emancipación de carácter libertario que llegue al corazón de los mexicanos.

De cualquier forma el llamado en su momento es a votar con una toma de conciencia y poniendo por delante el interés supremo de México.


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