Historias de histeria | El vecino incómodo

Historias de histeria | El vecino incómodo

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En la ciudad de Culiacán, los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En ‘Historias de histeria’ hacemos un recuento de aquellos sucesos que nos hablan de la necesidad de emprender acciones para devolver la paz y tranquilidad a todos los ‘culichis’.

Se había armado el pisto en casa de Alfonso. Eran casi las 6 de la tarde y sus amigas lo estaban localizando desde muy temprano para ver qué se haría ese sábado en la noche. Como no querían gastar mucho dinero en algún bar de la ciudad, siempre buscaban el departamento de Poncho para pasar un buen rato.

Alfonso nunca les dice que no. Las reuniones con sus amigas siempre son una buena excusa para al menos limpiar un poco su departamento, ubicado en Stanza Torralba. Ese día iba a salir un poco tarde de trabajar así que les advirtió que llegaran a las diez y con sus bebidas, porque no le gusta mover mucho su automóvil cuando está tomando.

Paulina y Diana llegaron puntuales a casa de su amigo. Al festejo siempre se suma Iván, la pareja de Alfonso, que siempre es quien termina siendo el dj de estos eventos. Para las doce de la noche, el pequeño departamento ya olía a cigarros y se había convertido en una pista de baile para los 4 amigos. A esa hora siempre empieza lo bueno…

—Dile que venga —le dijo Diana a Paulina muy decidida.

—Desde hace rato le dije, pero dice que más tarde le cae —le respondió Diana mientras encendía un cigarrillo.

Así siguieron bailando y cantando con el karaoke que siempre improvisan con la pantalla que se encuentra en la sala de Alfonso. Luego llegaron otros 4 amigos de la pareja y el ambiente comenzó a subir de nivel, cada vez eran más los gritos, las risas y las carcajadas del todavía reducido grupo de amigos.

De repente se estacionó frente al departamento un pequeño auto del que bajaron dos hombres muy apuestos. Uno de ellos era Jovan, el novio de Paulina y el otro, un amigo que había ido con toda la disposición de conocer a Diana. Los recibieron con gusto y rápidamente se incorporaron al festejo, rompiendo el hielo con los otros.

Alfonso vive en un pequeño coto de departamentos, los cuales no se encuentran del todo habitados, solo tiene un par de vecinos y los otros acuden esporádicamente a “echarle la vuelta” a sus inmuebles. Ese día la suerte no estuvo de su parte.

Como el espacio para bailar en la sala de Alfonso era muy pequeño, decidieron sacar su bocina para la cochera, ahí tendrían todo el espacio del mundo para reír, bailar y convivir. Estando ahí afuera y con lo fresco de la noche su ‘cura’ comenzó a subir de tono y el escandalo fue aún mayor que antes.

Mientras bailaban, un par de sombras y voces gruesas se asomaron a las afueras de la cochera de Alfonso, que inmediatamente fue a revisar de quién se trataba. Pero antes de llegar al portal, 3 hombres entraron como si nada a la fiesta y se quedaron atentos viendo al grupo de amigos.

—¿Cómo está vecino? —saludó uno a Alfonso.

Alfonso se quedó helado, puesto que nunca había visto a esas personas cerca de los departamentos. Decidió seguirles la corriente para no tener problemas y los saludó cordialmente.

Luego de una incómoda charla, Alfonso notó que la intención de los hombres era quedarse a convivir con ellos, aunque no los conocieran. Por otra parte, Jovan y su amigo ya se habían puesto molestos por la presencia de estos sujetos. El ambiente no podía ser más tenso. Paulina le sugirió a su novio ir por más cerveza y le aseguró que para cuando volviera, los hombres ya no estarían ahí. A regañadientes, Jovan aceptó, puesto que confía en Alfonso y sabía que cumplirían con lo acordado.

El mayor de los hombres, que iba acompañado por un escuálido jovencito y otro joven robusto y de movimientos torpes, se acercó a las muchachas y comenzaron a conversar con ellas. Su intención era clara, le había gustado Paulina.

Luego de una conversación muy torpe en la que el hombre presumió su sueldo y algunos de los lujos que se daba, el joven más escuálido le pidió a Alfonso que saliera con él por la hielera que traían en su auto. Alfonso salió con él, acompañado de Iván. Allí se los dijo…

—A mi papá le gustó tu amiga y mañana nos regresamos a Durango, ¿cómo nos arreglamos? —le dijo cínicamente.

—No creo que a mi amiga le interese, ella tiene novio —le respondió Iván muy cortante.

—Eso se arregla, ella puede dejar de tener novio, mira ven… —contestó mientras abría la puerta trasera de su camioneta.

Alfonso e Iván se quedaron con la boca abierta al ver lo que se encontraba dentro.  Parecía un arsenal de armas de muchos tamaños y formas,  apuntando en todas direcciones.

—Así que tú dices, convéncela —finalizó.

Al regresar a la fiesta, Alfonso se llevó a Paulina al baño y le comentó lo sucedido. Paulina es muy cautelosa y siempre piensa con la cabeza fría, por lo que le dijo que ella lo iba a solucionar.

Al regresar a la cochera se llevó al hombre a la calle y los dejó a todos ahí esperando como por diez incómodos minutos.

Regresaron y los hombres se fueron de inmediato, sin decir adiós, sin poner resistencia.

Mientras se marchaban, Paulina se quedó viendo a sus amigos con la mirada perdida y un gesto de desagrado. Entonces les dijo.

—Me deben el beso más asqueroso de mi vida.

¿Será que la constante exposición a hechos de violencia, narcotráfico, corrupción e impunidad y muchos otros más que ocurren constantemente en Culiacán y Sinaloa empiezan a afectar el correcto funcionamiento de la psiqué de los sinaloenses?

 


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