Surrealismo crudo | El oso pardo ante la verdad desnuda

Surrealismo crudo | El oso pardo ante la verdad desnuda

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La primera vez que el Imperio mongol trató de conquistar Japón, en el año de 1274, un ejército de casi 40 mil soldados a bordo de 800 barcos se vio duramente afectado a causa de un huracán que azotó a la bahía de Hakata, obligando a las huestes invasoras a retirarse.

Para el segundo intento de tomar la isla, en 1281, los mongoles aumentaron la apuesta: 140 mil combatientes en 4,400 naves llegaron a la misma bahía para sufrir, una vez más, las devastadoras consecuencias de la furia natural en forma de otro huracán.

Gracias a la improbable salvación que el clima concedió a los japoneses frente a los mongoles (se dice que un huracán puede golpear la isla una o dos veces cada cien años), fue acuñado el hoy conocido término de kamikaze, cuya traducción literal es “viento divino”. Cosa del destino, intervención de una voluntad mayor o coincidencia, la irrupción de lo imposible derriba la concepción del mundo en que aprendimos a vivir y moldea uno nuevo a partir de lo sucedido. Nuevas alternativas, algo más que entender.

En la novela Después de matar al oso pardo (Universidad Autónoma del Estado de México, 2017) el destino se le tuerce al protagonista después de haber sobrevivido a un accidente aéreo. Lo que para algunas personas sería un milagro, a este personaje se le presenta como un incidente cuyas consecuencias le obligan a desmenuzar la realidad, acaso para terminar con más dudas, pero cada vez más cerca de comprender lo que hay detrás del impulso humano que nos mueve a la búsqueda de conclusiones satisfactorias, donde sea que estas se encuentren.

“¿En qué momento le dimos tanta importancia al saber?”, se pregunta Marcial, el protagonista, en una parte del libro. “¿En qué momento la verdad se volvió el rubí que todos queremos tener, que todos pensamos que sabríamos cuidar, pero que nadie ha podido siquiera acercarse a observar para decidir si es legítimo o apenas una imitación bien cortada?”. Contada en primera persona con un ritmo impecable y momentos llenos de fuerza narrativa (las escenas del aeropuerto, el avionazo y la tranquilidad posterior contienen belleza y brutalidad a partes iguales), la novela ganadora del premio internacional Ignacio Manuel Altamirano relata una historia sencilla en la que se advierte un reto más complejo: aceptar que un golpe de lo improbable basta para demoler los cimientos de cualquier convicción. Y que, sin duda alguna, el mundo es suficiente para que lo imposible ocurra todos los días.

En el inicio el personaje explica que el texto que estamos por leer es resultado de un encargo por parte de una casa editorial ávida de un best seller, tal vez porque en el testimonio de un sobreviviente de un avionazo se puede advertir el tipo de historia de superación que vende cientos de miles de ejemplares. Lo cierto es que Marcial entrega algo muy diferente. A través de sus pensamientos nos deja conocer la manera en que distintos implicados en el incidente tratan de explicarse lo ocurrido, no sin dar cierta cabida a la posibilidad de que a fin de cuentas nada tenga sentido. Así confronta creencias con hechos, ciencia con religión y critica la soberbia con que suele rechazarse una explicación en favor de otra. Un protagonista adulto, propietario de un café, divorciado, sobreviviente de una catástrofe impensable, se pregunta (nos pregunta) qué se esconde bajo esa sensación constante de que algo importante está por llegar a nuestras vidas, algo que finalmente nos llevará a donde se supone que hemos querido ir.

A Josemaría Camacho, autor del libro, lo conocí cuando estaba promoviendo su obra anterior, Interruptus (Luzzeta, 2016), un interesantísimo ejercicio de metaficción en que un personaje se mete en líos con la policía a la vez que su vida avanza conforme lee el mismo libro que uno tiene en las manos. Entonces me contó de su interés por la filosofía, el cual sigue presente a medida que las páginas de este oso pardo le quitan capas a la cebolla de la existencia.

 

“Quizás no he explorado varias formas de explicar una misma realidad”, se dice Marcial. “Quizás todo es verdad al mismo tiempo”.


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