Zona chilanga | ¿Al mercado o al fondo de la tierra? (Parte I)

Zona chilanga | ¿Al mercado o al fondo de la tierra? (Parte I)

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“No dejes de visitar los mercados”, fue lo primero que me dijeron. ¿Pero tendría que ir tan lejos para ver puestos de verduras y carnes crudas? Sí, fue la respuesta. Según dicen, los mercados son lo primero que visitan los viajeros expertos. Pero además de mercados, anticipan que la Ciudad de México reserva algo más recóndito: un traslado al que no seré indiferente. Un recorrido subterráneo que revela los hábitos de la gran Tenochtitlán; se trata de un viaje al fondo de la tierra. “Una inmersión que muestra el palpitar, el ritmo, las prisas, las contradicciones, los contrastes, los vicios y oficios de todo aquello que no vemos en la superficie”. Al parecer es un transporte indispensable si quiero llegar a tiempo. Un paseo apretujado en vagones, compartiendo con otras miles de almas las paradas continuas, donde en un abrir y cerrar de ojos, cada abrir y cerrar de puertas, me anunciará una nueva realidad.

Me lo tomé con calma. Hice lo propio y visité los mercados. ¡Ah qué caray! me faltaban muchas verduras que conocer. El xoconoztle fue mi primer asombro; es como una tuna, pero ácida y/o amarga, que se utiliza en algo que llaman mole de olla —como un caldo de res, pero rojo como un pozole. Así que encontrar una tuna en un mole, caldoso, fue de las grandes sorpresas de los mercados. Una barata comida corrida —completísima— que incluye arroz, sopa, guisado, agua fresca, postre y café por solo 60-70 pesos. El hongo negro del maíz, huitlacoche —que no sé porqué no lo producimos en Sinaloa si somos los grandes maiceros—; riquísimo en las cremas. Y qué decir del epazote, esa rama parecida al quelite que le da un sabor especial a las quesadillas y evita que los frijoles provoquen flatulencias —si lo hubiera conocido antes mi abuela nos habría evitado tantos arrebatos en la mesa.

Lo que en Sinaloa es un taco en el DF es una quesadilla; las hacen de todos los guisados: chicharrón, bistec, papa, rajas, picadillo, tinga, nopales, chile relleno, pollo, camarones, huitlacoche, romeritos… Así que para que lleven queso hay que pedirlas de queso. No sé ustedes, pero en mi barrio solo usamos el chile verde, el morrón y el piquín; estos mercados chilangos concentran toda la producción del país, ofrecen el morita, cascabel, manzano, habanero, ancho, pasilla, cora, copi, garbanzo, miraparriba, achilito, apaxtleco, coxle, nanche, taviche… y de allí la gran variedad de moles que desbancan al doña María.

¿Comida, verduras, ropa y juguetes? ¡Qué va!, en la zona chilanga los mercados tienen sus categorías. Están los de flores, abiertos las 24horas; el de Jamaica es para los mayoristas y el de San Ángel para esos enamorados o simples mortales que quieren adornar mesas, oficias o funerales. Para artesanías la Ciudadela con juguetes, cerámicas, bordados y telares de todos los rincones de México. El de San Juan con riquísimos baguettes y productos exóticos (insectos, hormigas, cucarachas, escorpiones, carnes de cocodrilo, embutidos, quesos…); ufff, solo el de San Juan tiene cinco categorías. Pero si lo tuyo es el amarre y esas cosas adivinatorias, está el esotérico mercado de Sonora, allí te limpian hasta el espíritu y el “nunca te vayas” y el “vuelve a mí” son lo propio —le diré a mi vecina. Para vestidos de bodas, 15 años, arreglos, muebles, segunda mano y antigüedades no dejes de visitar La Lagunilla —dicen que era el favorito de Monsiváis. La Merced, de los más antiguos de la ciudad, tiene un tinte de prostitución a sus alrededores que hay que ver con disimulo. Pero el rey de reyes es el tradicional Mercado de Abastos, donde dicen que se mueve más dinero que en la bolsa de valores…

Vi tanta variedad y color, que al mercado negro ya ni quise entrarle. ¿Y Tepito? Un mundo aparte.

La tía Juana los apapacha y los espera en otra Zona chilanga.


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