Carnaval de Mazatlán | Un desfile: dos formas de vivirlo

Carnaval de Mazatlán | Un desfile: dos formas de vivirlo

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Había llegado demasiado temprano para la cobertura del primer desfile del carnaval. De una forma u otra conseguí estar en uno de los palcos que Gobierno del Estado tiene reservado para que algunas de las personalidades de la política local disfruten del evento. Llegué puntual, porque las horas previas al desfile siempre son de descontrol y acomodo en la zona.

Ya estaba arriba instalado con mi equipo y el desfile a no más de 15 minutos de comenzar, cuando de repente alguien dio la indicación de que yo no podía estar en ese lugar. De inmediato me pidieron que bajara porque “el señor” estaba a punto de llegar, en clara alusión al gobernador, quien de nueva cuenta volvió a despreciar el balcón para confundirse entre la gente como un patasalada más. Entre la frustración del momento y con el carnaval a no más de 100 metros, me acomodé a como pude entre las rejas del palco y una carpa improvisada por una familia al lado de la estructura.

De repente el palco comenzó a llenarse y las coordinadoras no sabían qué hacer con tantas “amistades” que exigían su lugar en la zona. En tanto la familia de al lado tenía una buena zona reservada, incluso con espacio para poder desplazarse de un lugar a otro bajo su estructura.

Eran dos ambientes completamente diferentes. Por un lado estaban los hombres calvos con camisas de botones y las señoras de copetes altos que no se despegaban de su lugar, pero del otro estaba la fiesta amenizada por una bocina y música de banda, con la familia comiendo ceviche de sierra, coctel de camarones y tomando Pacífico Light.

Se trataba de un contraste bastante polar entre ambos ambientes y un mismo evento. Con los cohetes llegó el desfile y las reinas con vestidos de todos los colores saludaban afectuosamente a las personas del palco, eran sus conocidos, quizás sus familiares. La familia estaba desesperada por ver el carro de la reina, por ver si su vestido era tan feo como se esperaba o si el rumor de que la habían maquillado como venado era cierto.

Entre el calor de las comparsas, las personas de arriba solo sonreían, pero la familia bailaba con ellos, se metían clandestinamente al desfile para rumbear con aquellos personajes circenses. Una de las niñas de la familia de mazatlecos quería entrar, pero le daba miedo porque uno de los vigilantes de cultura le pidió que se quedara en su lugar. Aún así, su padre la metió a bailar con la comparsa de cocodrilos, le dijo en voz alta: “Vente, de esto se trata el carnaval”.

Un factor importante de un buen carnaval es el ambiente. Cuando un patrocinador pasa arrojando suvenires a ambos lados del malecón, se convierten en rivales de una competencia de escándalo que nos tocó perder, porque las señoras de copete alto no gritaban, no aplaudían… no nada.

Incluso los niños de arriba eran diferentes a los de abajo. En lo alto solo había pupilas iluminadas por las luces y en la acera baile, euforia y gritos. Una de las madres le dijo a una de las niñas que bailaba al ritmo de Despacito que ella un día iba a ser la reina del carnaval, mientras las comparsas avanzaban y los carros alegóricos se perdían a lo lejos.

Aún faltaba el último tramo del desfile, pero las personas del palco de amistades comenzaron a irse, no morían por ver al rey de la alegría ni a los caballos bailarines. Por el contrario de la familia de al lado que esperaban con ansias el espectáculo ecuestre con el que siempre cierra el emblemático desfile.

Terminó el recorrido y el palco ya estaba casi vacío, sin embargo la fiesta apenas comenzaba en la carpa de la familia patasalada, la música de banda en la pequeña bocina portátil, las sillas acomodadas en círculo alrededor de la mesa y otra ronda de ceviche se sierra servida, acompañada de refrescos y latas de cerveza.

 

—¿Quieres una tostada muchacho? —me dijo una de las señoras y sentí un poco de pena al darme cuenta de que se percataron de que los había estado observando durante todo el evento.

—Que no te dé pena, de eso se trata  el carnaval —me dijo sonriendo, mientras me le acercaba. Ahí me quede con ellos un rato y me di cuenta de que en efecto, de eso se trata el carnaval.

 


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