El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | ¿Guerreros o guardianes?

El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | ¿Guerreros o guardianes?

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“El hombre tiene que establecer un final para la guerra.

Sino, esta establecerá un fin para la humanidad”.

—John F. Kennedy.

Desde hace muchos años, el tema de la seguridad pública en Sinaloa no puede ser entendido a cabalidad sin incluir en el análisis a las fuerzas armadas. Su trabajo, en grupos de coordinación o por mandato de las dependencias federales a las que pertenecen, es parte fundamental de los esfuerzos para combatir a la delincuencia.

Esta presencia no pasa desapercibida y motiva posiciones a favor y en contra. Uno de los argumentos para oponerse al empleo de la Marina y el Ejército en tareas de seguridad es el que refiere la formación de sus elementos como combatientes de guerra y no como agentes para restablecer la paz pública.

Para tratar de medir los efectos de la participación castrense en esas labores, se han creado herramientas como el llamado índice de letalidad. Carlos Silva, Catalina Pérez y Rodrigo Gutiérrez, explican: “Los enfrentamientos con fuerzas de seguridad suelen arrojar (a partir de la observación empírica) un número igual o mayor de personas heridas que de personas muertas… Por lo tanto, si el saldo de los enfrentamientos es de más muertos que heridos, se prende una alerta sobre posibles comportamientos abusivos en el uso de la fuerza letal”.

Un estudio de los mismos autores sobre el periodo 2007-2014, publicado en Nexos, establece que, de acuerdo con datos oficiales, el índice de letalidad durante ese periodo, para el Ejército, fue de 7.9 civiles muertos por cada civil herido en enfrentamientos, mientras que para la Policía Federal fue de 4.8.

¿Cómo disminuir estos riesgos? Incluso, ¿cómo evitar la muerte de los propios marinos y soldados en estos enfrentamientos? La primera respuesta es, por supuesto, que las fuerzas armadas dejen de realizar labores de seguridad pública. Sin embargo, la realidad que vive el país hace evidente que el retiro, aunque deseable, no pude darse ni de manera absoluta ni inmediata.

La conciencia sobre la importancia de los derechos humanos o el nuevo sistema de justicia penal también son relevantes, pero no tendrán impacto mientras solo se promuevan mediante la realización de cursos teóricos de formación o actualización.

Parece que las decisiones empiezan por la necesidad de plantear preguntas pertinentes: ¿Qué rol juega un soldado en su labor cotidiana de lucha contra el crimen? ¿El delincuente es su enemigo o un probable responsable? ¿Su labor es combatir criminales o proteger ciudadanos? ¿Queremos que sea un guerrero o un guardián?

Las respuestas definen el objeto de la presencia de las fuerzas armadas en la seguridad pública y de ellas derivan decisiones de organización y operación. Por ejemplo, pude decidirse que en las tareas de seguridad solo intervengan ciertos grupos adiestrados expresamente para ello, que cuenten con procedimientos sistemáticos de operación específicos y que exista un protocolo para solicitar y autorizar su presencia en zonas y acciones determinadas.

Estas intervenciones deben basarse en los principios internacionales que rigen el empleo de la fuerza y armas de fuego, y que se reflejen no solo en el número de horas que duró el curso correspondiente, sino en el propio equipamiento castrense. Después de todo, si se llega a la conclusión de que el papel del soldado no es abatir criminales sino resguardar los derechos del ciudadano, no todas las acciones deben terminar en enfrentamiento, ni estos en fatalidades.

Los equipos SWAT de la Policía de Los Ángeles están entrenados para prestar auxilio médico a cualquier persona que resulte herida con motivo de una intervención táctica, incluso a los delincuentes. Muchos expertos sugieren que los propios grupos operativos cuenten en su equipo con vendaje hemostático para detener las hemorragias de los lesionados, así como con instrucciones y adiestramiento para trasladarlos de inmediato a un hospital.

Conductas como estas ya las hemos visto en los miembros de las fuerzas armadas, que en ocasiones se han esforzado por salvar la vida a quien momentos antes pretendía dañarlos. Es necesario que dejen de ser acciones eventuales para que se conviertan en norma de conducta.

Si queremos que sean guardianes, además de transparencia, reglas claras y rendición de cuentas, necesitamos darles el equipo y las herramientas para que se protejan y nos protejan a todos.


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