Historias de histeria | Balacera mañanera

Historias de histeria | Balacera mañanera

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En la ciudad de Culiacán, los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En historias de histeria hacemos un recuento de aquellos sucesos que nos hablan de la necesidad de emprender acciones para devolver la paz y tranquilidad a todos los culichis.

Había sido una noche de fiesta en la colonia. Regularmente los vecinos del fraccionamiento Villas del Real realizan fiestas en las que toman las calles, para ahorrarse el gasto de un salón y por la comodidad de tener acceso a casa en el momento que gusten. Nadie dice nada, nadie se queja porque cuando no es uno es otro el que festeja a lo grande.

Era diciembre y en esas fechas los festejos no pueden esperar al fin de semana, ese jueves algunos vecinos coincidieron con sus posadas y por la acera se podían apreciar alrededor de 4 o 5 reuniones en las cocheras del fraccionamiento, mientras que una en particular había tomado toda la calle y con música de norteño opacaba a las demás.

Los vecinos del coto no hablan mucho entre sí, pero se saludan y se sonríen cuando coinciden en el Oxxo que está a la vuelta de la esquina, como un gesto cordial, nada invasivo. Lo que vuelve tan pacífica esta colonia es que nadie molesta a nadie, ni se mete en la privacidad de los vecinos, solo cuando son temas que requieren ser tratados en colectivo. Se podría decir que viven la fiesta en paz.

Música de banda, tránsito limitado por la avenida, gritos, bailes, cada quien en ‘su pedo’. Los festejos de esa noche se extendieron hasta el amanecer para algunos, otros cuantos se metieron a casa temprano porque al día que seguía tenían que trabajar.

Fue como a eso de las 7 de la mañana cuando los vecinos que trabajan en el Centro y los jóvenes que siempre van tarde a la prepa esperaban el camión donde siempre, medio soñolientos, con cara de no querer ir a sus destinos.

Regularmente no esperan mucho a que el San Miguel-Amistad pase por esa calle, pero ese día algo ocurría. En 20 minutos no había pasado, el desespero invadió a algunos y caminaron y caminaron algunas cuadras para tomar otra ruta.

De repente un estruendo provocado por algún metal, llamó la atención de quienes esperaban el autobús. El escándalo seguía, al parecer el hombre estaba teniendo problemas para abrir la puerta de su despampanante casa.

El vecino de la cochera bonita salió muy enojado a la calle, con botas y la cara desencajada. Al parecer el ruido de las personas y los autos no lo dejaban dormir a gusto y tenía que hacer algo al respecto.

-¡Cállense a la verga! -gritó desde la puerta de su casa.

Nadie volteó a verlo, prefirieron hacer caso omiso de la escena, pero el hombre estaba decidido a llamar la atención de las personas en la calle.

Comenzó a gritarle a quienes esperaban el autobús, pero nadie quería verlo. Regularmente era muy tranquilo, ni siquiera hablaba con el resto del vecindario, seguramente estaba aún bajo los efectos del alcohol, puesto que se había amanecido con sus amigos en su cochera.

Decidieron ver hacia otro lugar cuando el estruendo de un balazo aturdió al grupo de personas que esperaban. Luego sonó otro, luego otro y de repente otro.

El hombre soltó 4 balazos al portón de su propia vivienda. Y seguía gritando como loco a los vecinos que se callaran.

Los chicos de prepa se tiraron al suelo, una de las vecinas corrió despavorida a su departamento. Yo me quedé helado, mientras mi vecino de al lado abrazaba a su pequeño con miedo y rabia en la mirada.

­-No que no -dijo el vecino del arma mientras entraba a su casa.

Ni siquiera volteó a vernos, siguió gritando majaderías y se metió a intentar dormir de nuevo.

El niño comenzó a llorar y todos nos vimos los rostros pálidos, desencajados, tristes y absurdos.

Nadie dijo nada, nadie hizo nada.

Ya no le sonrío a mi vecino cuando me lo encuentro en el Oxxo.

¿Será que la constante exposición a hechos de violencia, narcotráfico, corrupción e impunidad y muchos otros más que ocurren constantemente en Culiacán y Sinaloa empiezan a afectar el correcto funcionamiento de la psiqué de los sinaloenses?


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