Historias de histeria | El oasis buchón

Historias de histeria | El oasis buchón

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En la ciudad de Culiacán, los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En ‘Historias de histeria’ hacemos un recuento de aquellos sucesos que nos hablan de la necesidad de emprender acciones para devolver la paz y tranquilidad a todos los ‘culichis’.

—Apúrale, se nos va a hacer tarde —le dijo antes de sonar el claxon como loca.

Iban tarde como siempre. Mariana le avisó de última hora a Axel, su mejor amigo, que se alistara para la fiesta de alguien a quien había conocido un fin de semana atrás en Mazatlán. Aunque Axel casi no sale de fiesta con Mariana, porque la acusa de ser buchona y tener amistades muy alteradas, ese sábado no tenía otro plan y para él quedarse en casa los fines de semana es casi inconcebible.

El claxon del pequeño Spark plateado de Mariana sonaba, mientras Axel salía corriendo de su departamento, porque sabe que su amiga se ondea y lo deja si se cansa de esperar. Se fueron casi a las 11:30 de la noche y solo se detuvieron a comprar un par de cajetillas de cigarros. El amigo de Mariana le dijo que ni se le ocurriera comprar nada para beber, ya que en su casa habría de todo.

Llegaron al lugar, era una casa grande, con finta de salón de eventos rumbo a Aguaruto. Se pusieron cómodos junto a otras amigas de Mariana que la acompañaron a su viaje a Mazatlán y con las que Axel no convive muy a menudo. Posteriormente se acercó el anfitrión de la fiesta, un regordete, pero bien parecido joven, que bien podría ser un cantante de música norteña de esos que están de moda.

—Pónganse cómodos, pueden tomar lo que gusten y si quieres alguna canción nomás le dicen al del norteño para que se las toque; los baños están para allá —les dijo mientras señalaba los sanitarios, le dio un beso a Mariana en la frente y se fue con otros invitados.

Mientras avanzaba la noche y el ambiente subió de tono, los amigos disfrutaban del encuentro y ese salón de fiestas en medio de la nada parecía un oasis del cliché culichi. Los amigos comenzaron a pasarse de copas y a bailar ya convivir con otros invitados, al parecer ya pedos es más fácil romper el hielo con ese tipo de personas que se ven tan imponentes.

Eran casi las tres de la mañana y a Mariana le dieron ganas de ir al baño, le pidió a una de sus amigas que la acompañaran, pero regresaron casi de inmediato. Algún otro invitado había cerrado las puertas de ambos baños con seguro y el dueño del lugar había perdido las llaves en medio de la borrachera. Mariana ya no aguantaba las ganas y alistó su plan B: fue con su amigo y este la llevó al interior de la casa principal del lugar.

Al volver Mariana les dijo a sus amigos que se había lastimado un poco porque su amigo no había encontrado el interruptor de la luz y les advirtió solo a sus amigas que el baño estaba disponible solo para mujeres y le tenían que decir al anfitrión para que este las escoltara.

Todos captaron el mensaje y siguió la fiesta. Una hora más tarde, parecía que el ambiente ya estaba muy subido de tono: se habían formado parejas entre los invitados y fueron a traer más cervezas y bucanas de aguaje. Axel comenzó a sentirse muy incómodo, necesitaba ir al baño, las amigas le aconsejaron que fuera a atrás de un árbol, pero él siempre ha sido muy pudoroso al respecto.

Aprovechó que nadie estaba viendo y se dirigió a la pequeña casa a la que anteriormente habían llevado a Mariana. Entró de manera sigilosa y rápidamente encontró el interruptor de luz al lado de la puerta. Al encenderla pudo darse cuenta de que se trataba de una enorme sala y que justo enfrente de sus ojos se encontraba una enorme y lujosa jaula de cristal.

Se acercó para ver más de cerca y no podía creer lo que estaba viendo: era como un pequeño pedazo se jungla, ahí en medio de esa lujosa sala que parecía salida de un palacio. Ahí adentro estaba un tigre y entre los dos pequeños árboles un montón de aves exóticas que se quedó contemplando como ido.

Entonces una de las puertas comenzó a sonar de manera estruendosa, como con desespero y una serie de gemidos volvieron angustiante esa escena. Parecía tratarse de una persona muda o amordazada, los golpes se aceleraron y Axel comenzó a sentir angustia, tuvo el impulso de salir corriendo cuando sintió una presencia tras de él.

 

—¿Se te perdió algo o qué? —le dijo una voz gruesa, mientras colocaba algo en su espalda.

—Estoy buscando a mi amiga, no la encuentro y ya me quiero ir —le dijo tartamudeando.

—No seas cabrón, nadie tiene permiso de estar acá —replicó la voz.

—De verdad estoy buscando a Mariana, mi amiga, está muy peda y ya casi amanece —le dijo a como pudo.

—¿Qué tanto viste? Yo no sé qué vaya a decir el patrón de esto —reviró molesto.

 

La puerta seguía siendo azotada con desespero y Axel quiso ver el rostro del hombre que le hablaba en el cristal de enfrente. En eso la puerta principal se abrió y entró alguien.

—¿Qué está pasando acá? —señaló la voz del anfitrión.

—Acá este mirón… que se le perdió algo acá en la casa —dijo el vigilante.

—¿Quién eres tú wey? ¿Con quién vienes? —cuestionó el dueño.

—Vengo con Mariana —dijo asustado.

—¿Qué Mariana? —volvió a preguntar.

—Tu amiga la de Maza, la güera —precisó mientras se tragaba la saliva.

—Ah, ya, la güera, déjalo wey, allá anda afuera, te anda buscando —comento mientras sonreía.

 

El hombre de la voz gruesa quitó de su espalda el objeto que había colocado y Axel salió casi corriendo de la habitación, mientras los ruidos de la puerta no dejaban de sonar y retumbar en su cabeza.

Buscó a su amiga y le pidió que se fueran de inmediato.

En el camino Axel comenzó a llorar y le dijo a su amiga que nunca más lo volviera a invitar a esas fiestas.

 

—¿Qué paso wey? —cuestionó a su amigo.

—Estos batos andan mal, había alguien encerrado en la casa —le señaló.

—Estás loco, mi amigo tiene granjas de camarón —le dijo Mariana sonriendo con burla.

—Sí wey, también tiene un tigre y un quetzal en la sala —respondió Axel enojado.

—O eres muy imbécil, o estás muy pedo. Esas madres ya están extintas —respondió Mariana riendo a carcajadas.

¿Será que la constante exposición a hechos de violencia, narcotráfico, corrupción e impunidad y muchos otros más que ocurren constantemente en Culiacán y Sinaloa empiezan a afectar el correcto funcionamiento de la psiqué de los sinaloenses?

 


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