Tema de la semana | ¿A qué apestan Culiacán… y Sinaloa?

Tema de la semana | ¿A qué apestan Culiacán… y Sinaloa?

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El olfato de los habitantes de Culiacán ha detectado un hedor extraño en el ambiente de la ciudad, el cual genera en las redes sociales preguntas, hipótesis, inquietudes y quejas, desde razonables a insólitas, pero  ninguna de ellas resuelve lo que para las autoridades continúa siendo un enigma.

Por lo pronto, la delegación en Sinaloa de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios emitió un primer informe donde afirma que el fétido olor no ha puesto en riesgo la salud de personas, dictamen sustentado más en la percepción que en estudios especializados.  Es decir, no es que haya efectuado la cromatografía de gases sino que hasta hoy nadie se ha reportado enfermo por la incómoda emanación.

Tampoco determina el origen de la peste y se deja en manos de la Dirección de Ecología del Gobierno de Culiacán investigarlo, localizarlo y definir las acciones conducentes. En concreto, no hay respuestas para la interrogación de qué huele tan mal en Culiacán. Tardarán, porque las hipótesis son muchas y las irán decantando una a una.

Sin embargo valdría la pena aprovechar la agudeza olfativa de la población para detectar qué otras cosas huelen mal en Culiacán y en Sinaloa. Van algunas propuestas:

Corrupción.  Expele un tufo a podrido que tiene su origen en la función pública y en el cual los culiacanenses somos copartícipes al fomentar tal descomposición. Una reciente encuesta realizada por Coparmex entre sus socios revela que Sinaloa está entre dentro de los cuatro estados donde los empresarios han experimentado más actos de corrupción al realizar trámites públicos. Solución: cortar de tajo las conductas de cohecho para que predomine más el aroma de la honestidad.

Irresponsabilidad. Tiene que ver con malas prácticas ciudadanas que van desde el mal manejo de sustancias residuales, la basura entre estas, que bloquean las redes del drenaje sanitario, hasta la contaminación auditiva, visual y ambiental que husmeamos sin quejarnos. En Mazatlán, durante el reciente carnaval se tiraron en la vía pública 6 toneladas de basura al día y las aguas negras siguen siendo un grave problema sanitario. Solución: la cultura por el respeto al derecho propio y de los demás de vivir en armonía con el entorno.

Mala educación.  De esta derivan gran parte de la hediondez que nos alarma. La deficiente educación lectiva, cívica, vial, humanista, cultural, legal y ambiental también se otea desde lejos en la dinámica diaria de los pueblos.  De acuerdo al índice de Cumplimiento de la Responsabilidad Educativa, que elabora Mexicanos Primero, en esta materia Sinaloa tiene una calificación reprobatoria de 5.8.  Solución: enseñanza de mejor calidad en la escuela y en el hogar.

Impunidad. Su mal olor es asfixiante y además afecta por ósmosis al resto del tejido social causándole neumonía a las actividades primarias del desarrollo.  Los datos más recientes del Índice Global de Impunidad en México dicen que en Sinaloa de cada 100 delitos que se cometen solo 12 se resuelven y 88 quedan impunes. Solución: solo el antídoto de la justicia.

Opacidad. Es a lo que apesta la costumbre de instituciones públicas por esconder la información que  la ciudadanía necesita en su función de vigilante de los tres niveles de gobierno y que a pesar del funcionamiento de los sistemas nacional y estatal de transparencia y de combate a la corrupción, los entes oficiales se han especializado en ocultarla de la lupa cívica. Por ejemplo, en solo un año como alcalde de Mazatlán, Fernando Pucheta rompió récord en acuerdos de reservas de información al blindar 64 expedientes sobre su administración. Solución: mayor exigencia de la sociedad en rendición de cuentas.

La agudeza sensorial de los sinaloenses debe mantenerse atenta a cuestiones que al presentar mal olor delatan formas ilícitas, deshonestas e irregulares en la cosa pública. Es correcto que en Culiacán la gente demande que se investigue y elimine aquello que vuelve apestoso el aire que respiramos; lo que ahora sigue es ampliar el espectro olfativo hacia el resto del quehacer gubernamental y ciudadano.

La corrupción, irresponsabilidad, mala educación, impunidad y opacidad son algunos de los rincones de la vida diaria de Sinaloa que despiden olores desagradables y representan los puntos en que la asepsia ha de ser implementada sin más demora por la población. De lograrse limpiar al estado de esos tufos, sin duda reinarán los buenos aromas de la civilidad, gobernabilidad, legalidad y sustentabilidad. ¿Le entras a esta tarea?


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