El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | El juicio de Yeshua

El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | El juicio de Yeshua

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El arresto. En Getsemaní, en el Monte de los Olivos, Yeshua fue detenido por “un grupo con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los ancianos” (Marcos 14, 43). Aunque los evangelistas bíblicos difieren en los detalles, los estudiosos sostienen que en el arresto participaron tanto soldados romanos como miembros de la Policía del Templo. Yeshua fue llevado a la residencia del Sumo Sacerdote, con el aparente propósito de preparar una acusación mediante una indagación preliminar.

El delito. Dos cargos son las supuestas causas respecto de la detención y condena del galileo: rebelión y blasfemia. Probablemente ambas estuvieran relacionadas. Si Yeshua afirmaba ser el mesías, eso sería una injuria religiosa suficiente para acusarlo de blasfemo, pero también daba la posibilidad de presentarlo como un agitador que podría sublevar a parte del pueblo. El problema con la imputación de ser blasfemo era que, de acuerdo con la ley de la época, debía mencionar el nombre de Dios expresamente para ser considerado culpable. La blasfemia se castigaba con pena de muerte, la que podía administrarse en una de estas variantes: a) lapidación; b) hoguera; c) degollación y d) estrangulación. Otra cuestión a tomar en cuenta es el hecho de que en la Palestina del siglo I, tratándose de casos de pena capital, el tribunal no podía imponer por sí mismo el castigo, sino que debía declinar su competencia a las autoridades romanas.

Como cosa curiosa, en los Evangelios Apócrifos dentro del apartado conocido como Actas de Pilato, existe la llamada Declaración de José de Arimatea, en la cual se expresa que otra acusación  que pesó contra el nazareno fue la de haberse robado los libros de la Ley.

El Tribunal. El Sanhedrín era el órgano supremo de gobierno del pueblo judío, pues tenía facultades para legislar, administrar y juzgar a los miembros de su nación. Por lo demás, obedecían al Imperio Romano como una más de sus provincias. Estaba integrado por setenta y un miembros, presididos por el Sumo Sacerdote. Se dividía en tres grupos, los aristócratas o sumos sacerdotes, los ancianos o líderes y los escribas. Los dos primeros de orientación saducea y el último, farisea.

El proceso. Frente a las diferencias en los evangelistas, Joseph Klausner considera que después de ser arrestado y llevado a la casa del Sumo Sacerdote, Yeshua pasó la noche detenido. A la mañana siguiente sesionó el Sanhedrín para llevar a cabo la indagación preliminar respecto a las acusaciones que pesaban sobre él. Frente a los testigos de cargo, Yeshua permaneció en silencio, hasta que el Sumo Sacerdote lo encara y pregunta: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? (Marcos 14, 61), aunque en otras traducciones la pregunta central que se formula es ¿Eres tú el Mesías?, y la expresión Hijo del Bendito, para algunos expertos, se tiene por un agregado ajeno a la lengua hebrea. La respuesta del acusado es afirmativa, pero Yeshua no pronuncia el nombre de Dios (Marcos 14, 62). A pesar de eso, el Sumo Sacerdote se rasga las vestiduras y califica la réplica de blasfemia. Todos juzgaron que era reo de muerte (Marcos 14, 64).

De Herodes a Pilato. Los miembros del Sanhedrín entregaron atado a Yeshua al gobernador de la provincia de Judea, Poncio Pilato. Para este momento, la acusación de blasfemia se había emparejado con la de rebelión, pues el galileo pasaba de la injuria de declararse el Mesías a la de ser monarca de su pueblo. El prefecto romano habría preguntado ¿Eres tú el rey de los judíos? y el nazareno, cauto, respondió Tú lo dices (Marcos 15, 2). Según el evangelio de Lucas, Pilato no encontró delito qué perseguir y al enterarse de que era originario de Galilea, lo envió con el tetrarca de esa región, Herodes Antipa. Pero una vez ante el gobernante, Yeshua se negó a decir una sola palabra, por lo cual, este se burla vistiéndolo con la gala reservada a los príncipes y lo manda de regreso con el prefecto de Judea.

La sentencia. De acuerdo con el evangelio de Juan, Pilato hace varios intentos por salvar al galileo, incluido el famoso pasaje donde el pueblo opta por liberar a Barrabás. A título de castigo lo manda azotar y colocarle en la cabeza la corona de espinas, pero tampoco fue suficiente. La muchedumbre pidió que lo crucificaran. Al final el gobernador romano cedió y entregó a Yeshua a sus verdugos.

Esta versión de un Pilato preocupado por evitar la muerte del nazareno contrasta con el recuento histórico de Flavio Josefo, quien lo tiene por un hombre de sangre, cruel y tiránico. Esta contradicción llevó a Paul Winter a afirmar que el retoque del papel del prefecto romano tiene que ver con la época en que se redactó el cuarto evangelio, cuando el cristianismo estaba más ligado al futuro de Roma que a una oscura provincia de medio oriente.

 


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