Historias de Histeria | Este no es el del ‘feis’

Historias de Histeria | Este no es el del ‘feis’

Compartir:

En la ciudad de Culiacán, los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En historias de histeria hacemos un recuento de aquellos sucesos que nos hablan de la necesidad de emprender acciones para devolver la paz y tranquilidad a todos los culichis.

Alfredo se había alistado desde temprano para la fiesta que organizó Emilio, uno de sus mejores amigos en Navolato. Se trataba de un reencuentro de compañeros de universidad que atienden cada año en diferentes lugares, en esta ocasión decidieron utilizar el estilizado patio de Emilio, con el fin también de salirse de la rutina y la monotonía de la ciudad de Culiacán.

Como a eso de las seis de la tarde, pasó por Isidro, otro de sus amigos a la colonia Tierra Blanca y después llegarían por Manuel a Santa Rocío, porque les quedaba de paso. Aunque Alfredo no se fía mucho de los rumores sobre Navolato y la violencia, decidió no irse solo, por eso se ofreció a darle un aventón a dos de sus excompañeros, con los que más convive de toda la generación de ingenieros.

Todo el camino se fueron bromeando sobre cualquier cosa, hasta que llegaron a la ciudad y comenzaron a seguir las indicaciones que Emilio les dio para llegar a su casa. Se pusieron muy atentos, tratando de encontrar los puntos que su amigo usó como guías, hasta que encontraron la dirección correcta. Alfredo, Fello como lo llaman sus amigos es muy tranquilo para manejar, demasiado lento para el gusto de Manuel, pero al fin parecía que estaban a punto de llegar.

De repente Isidro se dio cuenta de que algo estaba mal durante la última parte de su trayecto, desde unas cuadras atrás un par de motociclistas venían siguiendo el pequeño el auto de Alfredo, discretamente. No dijo nada, pensó que era solo su imaginación o la paranoia de estar en ese lugar de fama tan conflictiva.

Llegaron a la casa de Emilio y entraron por la cochera, que ya se encontraba adecuada como un pequeño salón de fiestas para la ocasión. Ya habían llegado otros excompañeros y se encontraban recordando sus fechorías de universidad, las que siempre platican, pero nunca dejan de parecerles divertidas.

Destaparon una cervezas y comenzaron a cantar con el karaoke que rentaron, algunas de Vicente Fernández y otras de Luis Miguel; se la estaban pasando muy bien, hasta que la esposa de Emilio llegó a hablarle muy sería, algo estaba pasando.

Emilio se retiró un momento del lugar y dejó al grupo de alrededor de 15 amigos conviviendo.

Luego de casi media hora el anfitrión regresó con la cara algo desencajada y la mirada perdida, se dirigió hacia Alfredo y lo separó del grupo.

–Oye, ¿traes pedos con alguien de acá? –le preguntó Emilio.

—No wey, ¿por qué, pasa algo? –respondió Alfredo.

–Es que la neta te andan buscando, dicen que un pistolero te quiere ver, yo no sé ni qué pedo, ni conozco a esta gente —le señaló de nuevo Emilio.

Alfredo se quedó muy desconcertado después de escuchar a
Emilio.

—Quiere que salgas para verte —le dijo muy serio.

Alfredo se quedó inmóvil, no sabía qué hacer.

Luego de pensarlo un buen rato, decidió no salir, hacerse el loco en la fiesta y evitar el momento, pero luego de un buen rato dos jóvenes de peculiar apariencia entraron a la reunión y lo tomaron por la fuerza, hasta obligarlo a salir a la calle.

A empujones y forcejeos lo sacaron mientras sus amigos se quedaban sin hacer nada, ni siquiera entendían la situación, creían que quizás era una broma de Emilio, ya que siempre hacía bromas pesadas. Pero no era así.

Mientras lo arrastraban a la calle, Alfredo sintió mucho pánico, incluso ganas de llorar, nunca había estado en esa situación, le dan miedo esas situaciones, porque siempre ha creído que la gente que anda mal es salvaje y actúa sin pensar.

Cuando llegaron al lujoso auto que esperaba afuera Alfredo se quedó esperando a unos cuantos metros. Del auto bajó un diminuto, pero bien parecido hombre, que se quedó mirándolo fijamente, como si pudiera adentrarse en sus pupilas, lo estaba examinando por completo.

Alfredo no pudo decir una sola palabra. El hombre inmediatamente saco su celular y comenzó a revisar algo.

Su cara se llenó de coraje, luego soltó un escupitajo y vio a los jóvenes que aún sostenían a Alfredo.

–Como son ineptos —dijo entre dientes—Este no es el del ‘feis’ —mientras agitaba su cabeza de lado a lado y ordenaba que soltaran a Alfredo.

El hombre subió al auto y arrancó haciendo un escándalo.

Los jóvenes se vieron fijamente el uno al otro mientras soltaban a Alfredo y se dijeron casi al mismo tiempo ‘nos va a cargar la’…

Alfredo ni siquiera comprendía la situación, solo estaba asustado, molesto y frustrado. Regresó a la cochera de Emilio solo para despedirse, después de él se fueron todos. Ya no se han vuelto a reunir.

¿Será que la constante exposición a hechos de violencia, narcotráfico, corrupción e impunidad y muchos otros más que ocurren constantemente en Culiacán y Sinaloa empiezan a afectar el correcto funcionamiento de la psiqué de los sinaloenses?

 

 

 

 


¿Tienes una denuncia? | Hazla en ESPEJO:

Si cuentas con fotografías o videos de interés público, compártelos con nuestros lectores. Envíalos al correo electrónico: [email protected]

Compartir: