Historias de histeria | ¡Jalo!

Historias de histeria | ¡Jalo!

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En la ciudad de Culiacán, los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En historias de histeria hacemos un recuento de aquellos sucesos que nos hablan de la necesidad de emprender acciones para devolver la paz y tranquilidad a todos los culichis.

Omar es estudiante, no un muy buen estudiante, pero estudiante al fin y al cabo. Estudia derecho en la centenaria autónoma del estado, pero en realidad sueña con tener un lavado de autos. Uno de sus tíos tiene uno en su natal Navolato y le va muy bien. A eso aspira, tener un negocio y que el dinero caiga solo.

Ese jueves no tenía plan, pero las ganas por salir de fiesta se lo comían por dentro. Tiene que salir entre semana en Culiacán, porque los fines se regresa a Navolato a ayudarle a su papá en el pequeño negocio de la familia. Estuvo mandando whatsapps toda la tarde pero no caía nada, no salía ninguna fiesta.

Analizando la lista de sus contactos se encontró con Fermín, un amigo que conoció por otros amigos en una fiesta un par de meses atrás, le sacó plática por inbox y después de un buen rato compartiendo memes y riéndose de cualquier cosa, Fermín lo invitó a una fiesta en casa de uno de sus compañeros de escuela en Barrancos.

—¡Jalo! —le respondió sin pensarlo.

Se alistó con una de las camisas que tiene destinadas para salir de fiesta, su mejor pantalón y tenis, para no perder el toque de informalidad pues se trataba de un pisto en una cochera con algunas cuantas amigas de Fermín.

 

Pidió el Uber y este llegó casi de inmediato a los departamentos en los que Omar vive cerca de La Amistad. En el camino el Uber y Omar platicaron muy a gusto, tenía una forma de pensar y bromear muy similar, luego ya en confianza se pasaron el número por si el joven conductor le quería caer a la fiesta a la que Omar había sido invitado.

Omar llegó y rápido se ambientó, Fermín lo presentó como un viejo amigo y a la vez, los amigos de este lo acogieron, le ofrecieron bebidas y la fiesta siguió su acelerado ritmo, entre bailes y bromas. Estaban celebrando el cumpleaños de alguien, pero eso era totalmente irrelevante para Omar, lo importante era la fiesta, no el festejado.

Para su sorpresa, la celebración concluyó muy temprano, a la una de la mañana,  y ya todos se estaban despidiendo, porque era jueves y al día que sigue algunos estudiaban y otros trabajaban. Fermín también se despidió y Omar se quedó desconcertado. Él quería seguirla.

Recordó al chico de Uber y le habló para ver qué salía. Después de un rato el conductor le respondió y le dijo que ya apagaría la app y que se iría a pistear con unos conocidos, lo invitó.

—¡Jalo! —le dijo al instante.

Pidió otro Uber y se fue rumbo a la dirección que le mandó el desconocido conductor. Al llegar, se bajó del Spark frente a unos departamentos cercanos a la colonia Constitución, cerca de su casa. Al bajarse le pagó al Uber pero no se veía rastro de algún festejo cerca al lugar.

Se intentó comunicar con el conductor que había conocido horas atrás, pero el teléfono parecía estar apagado. Caminó entre las calles cercanas, como sin rumbo, cuando de repente algo parecía estar fuera de lugar.

Lo venían siguiendo. Apresuró el paso pero sabía que ya estaba perdido, eran tres hombres los que lo tomaron y le quitaron casi todo lo que traía, incluso los tenis, no sin antes darle una paliza que hasta el momento no olvida.

Se quedó tirado un buen rato, luego agarró fuerzas y caminó hasta la avenida. Ahí vio pasar un taxi que después pagó con el dinero que había apartado para regresar a  Navolato el fin de semana. En el camino su mirada estaba vacía y su mente concentrada en encontrar una buena excusa para pedirles más dinero y quizás otro celular a sus padres.

¿Será que la constante exposición a hechos de violencia, narcotráfico, corrupción e impunidad y muchos otros más que ocurren constantemente en Culiacán y Sinaloa empiezan a afectar el correcto funcionamiento de la psiqué de los sinaloenses?

 

 

 


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