Surrealismo crudo | Todos queremos dominar el mundo

Surrealismo crudo | Todos queremos dominar el mundo

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“Deberían multar a la gente que no baila”, dice, y sus caderas van y vienen y las bocinas tiemblan con la precisión metronómica de los tarolazos ochenteros. “Es mi sueño de dictadora”, confiesa.

El cumpleañero se acerca. Su corona tirotea destellos que se adhieren a las pupilas. Es el rey de la noche y sabe lo que quiere. Hace mucho tiempo llegó a la conclusión de lo que hará cuando sea rey del mundo. “Es la plática de todos los miércoles: a este cabrón le voy a regalar Chihuahua”, asegura, y le pasa el porro al futuro dueño del estado donde mataron a Pancho Villa. Habla de una corte con tigres y animales exóticos. Habla de volar en un carro levantado por globos, y reventarlos a balazos a la hora de aterrizar.

Es una idea a considerar para cualquiera, si hasta en Dragon Ball salía un gato azul en traje y corbata que ostentaba el título. Hay un rey del mundo en cada persona que avanza por las vías del autoconocimiento. Y un tirano en potencia, advierte otro de los presentes. “Es algo psicológico”, agrega. Mi amiga, la bailadora de las infracciones, no cree en las casualidades. Lo trae a cuento porque le canto el coro de la canción que suena mientras revelamos nuestras fantasías de poder: every-body wants to rule the world.

Se trata de Tears for Fears, el grupo que voy a mostrar a los extraterrestres una vez que se me cumpla lo que Cerebro trata de hacer todas las noches, Pinky. Les voy a explicar que aquí organizamos nuestra idea de la historia por décadas (me aseguraré primero de que sepan lo que son los años), y que los ochenta del siglo pasado no pudieron quedar mejor encapsulados en otro disco que no fuera el Songs From the Big Chair (1985). Si un rey del mundo ordenó pasar todos los sonidos de la época por el mismo filtro, los autores de esta placa lo ejecutaron de la manera más contundente y elegante.

Bienvenido a tu vida, no hay marcha atrás, advierte la canción que fue premiada en 2015 por haber sonado seis millones de veces al aire en las estaciones de radio, y que esta noche nos hace mover los pies una vez más. Ayúdame a decidir, dice, ayúdame a sacar lo máximo de la libertad y el placer. Porque vida solo una, y la misma cantidad de oportunidades hay para escoger lo que cada quien hará con su reinado, con su paso por este mundo. Así lo pone otra canción, una que escribió el rapero culichi conocido como El Enfermo. “Pídelo, anímate, no está mal que desees”, recomienda en esa pieza llamada Pide un deseo.

Hay que ver cómo camina la gente que sabe lo que quiere. Hay que fijarse en su forma de hablar. Quién nos asegura que ahí no está en marcha la construcción de un imperio personal. En el mío, Tears for Fears va a dar un concierto en el que repasen todas las Songs From the Big Chair de principio a fin. Cuando toquen Shout todos vamos a cantar moviendo las manos, y en Head Over Heels se va a representar en tiempo real la secuencia de Donnie Darko que usa ese tema de fondo. Con los mismos actores y todo. Otra cosa que voy a decretar: que cada vez que alguien pronuncie la palabra tucuruguay lo haga de la manera más alta y aguda posible. Es así como debe sonar.

 


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