El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | Asesinos seriales: Eliot Ness y el Carnicero del Torso

El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | Asesinos seriales: Eliot Ness y el Carnicero del Torso

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“La misma sociedad a la que pertenece [el asesino serial] le dice cómo debe comportarse el monstruo que lleva dentro”.

—Andrés Ríos Molina, Memorias de un loco anormal.

Después de haber colaborado en el esfuerzo por encarcelar a Al Capone, en 1935 Eliot Ness fue nombrado director de seguridad pública de Cleveland, con autoridad sobre el Cuerpo de Policía, Bomberos y Protección Civil. Su fama había logrado que lo contrataran para acabar con el crimen organizado en la ciudad, pero la realidad lo iba a enfrentar con el caso más difícil de su carrera.

Durante la década de 1930 Cleveland fue una ciudad en desarrollo. La población creció y se convirtió en crisol de trabajadores dedicados a la industria del acero. A pesar de los efectos de la Gran Depresión, la gente comenzaba a recuperarse de nuevo, pero como sucede en muchas ocasiones, el florecimiento de la economía atrae a más personas de las que puede hacerse cargo y muchas de ellas terminaron viviendo en favelas en una zona llamada Kingsbury Run.

En esta área, entre 1935 y 1938, aparecieron doce cadáveres. La edad y el sexo de las víctimas variaban, pero por lo general eran vagabundos o personas de la clase más baja de la sociedad. El asesino causaba la muerte por decapitación. A veces los ataba primero y después del homicidio mutilaba el cuerpo, en ocasiones desmembrando brazos y piernas, cortando los genitales o extirpando órganos. Luego quemaban los restos.

El Asesino del Torso fue un asesino serial. Los asesinatos seriales son una de las tres clases de los llamados homicidios múltiples, o sea, la muerte de tres o más personas por la acción de un individuo o de un grupo actuando en forma organizada. Las otras dos son los asesinatos en masa, en el que la multiplicidad de muertes ocurre en el mismo espacio al mismo tiempo, y los asesinatos relámpago, en los cuales los homicidios se presentan en un corto periodo de tiempo pero en lugares distintos y poseen continuidad en sus acciones.

Por lo general, el asesinato en serie consiste en el homicidio intencional de tres o más personas durante un periodo extendido de tiempo en el cual se presentan lapsos de enfriamiento de la acción asesina y cuyos motivos se relacionan con impulsos psicológicos que abarcan desde la gratificación sexual hasta la furia o la ganancia económica. Por su parte, el FBI define el asesinato en serie como una secuencia de dos o más asesinatos, cometidos como eventos separados, por lo general, pero no siempre, por un delincuente que actúa solo.

Robert Ressler, a quien se le atribuye el haber acuñado y difundido la expresión asesinato en serie, explica: “La mayoría de las personas creen que el asesino en serie es como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde: un día es normal y al día siguiente algún impulso fisiológico se apodera de él, su pelo empieza a crecer, sus dientes se alargan y, cuando hay luna llena, tiene que cazar otra víctima. Los asesinos en serie no son así. Están obsesionados con una fantasía y tienen lo que llamaríamos experiencias por satisfacer, que pasan a formar parte de la fantasía y les empujan a cometer el próximo asesinato”.

El caso del Asesino del Torso fue un enigma en este y otros aspectos. Al no poder establecer la identidad del homicida, la conmoción inicial dio paso a la angustia de toda una comunidad que esperaba el descubrimiento de nuevos cuerpos. La presión obligó a Eliot Ness a involucrarse personalmente en el caso.

A las 12:40 am del 18 de agosto de 1938, dos días después del descubrimiento de los últimos dos cuerpos, Ness y un grupo de treinta y cinco oficiales de policía, así como detectives, entraron a la favela de vagabundos de Kingsbury Run. Once patrullas, dos camionetas de policía y tres camiones de bomberos descendieron sobre el grupo más grande de chozas improvisadas. Los agentes se abrieron paso hacia el sur de la favela y aseguraron a sesenta y tres hombres. Al amanecer, la policía y los bomberos buscaron pistas en las chozas abandonadas. Luego, por orden del director de seguridad Ness, las cabañas fueron incendiadas y quemadas.

La prensa criticó con dureza a Ness por sus acciones. La ciudad estaba asustada y frustrada. Los críticos dijeron que la incursión no haría nada para resolver los asesinatos. Tuvieron razón, pero por alguna causa, se detuvieron. Hasta la fecha no se ha podido establecer de manera definitiva la identidad del Asesino del Torso.

Hoy que el tema de los asesinatos en serie pareciera que nos ha alcanzado en el tiempo y la distancia, haríamos bien en tratarlo con toda seriedad y no solo por el afán de sensacionalismo que provoca el morbo. Tampoco estaría por demás recordar la historia de las víctimas, para rescatar su vida y evitar que sean reducidas a la circunstancia de su fallecimiento.

 


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