El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | ¿Qué tiene la novela negra?

El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | ¿Qué tiene la novela negra?

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A lo largo del país, en distintas ciudades, cada año se reúnen lectores y escritores de la llamada novela negra, género que hace mucho ha ganado su lugar en la literatura que ya no trata de hacer distinciones pedantes. La novela negra contiene la narrativa policiaca, de detectives, crímenes, criminales, contextos de corrupción e impunidad; es la novela de la anomia, diría el escritor colombiano Gustavo Forero.

En México, el investigador primigenio es Filiberto García de Rafael Bernal, seguido de las aventuras de Héctor Belascoarán Shayne, creado por Paco Ignacio Taibo II. La lista de autores nacionales que hacen de la novela negra su espacio es interminable: Juan Hernández Luna, Imanol Caneyada, Francisco Haghenbeck, Bernardo Fernández, César Silva o Iris García; eso sin contar a los sinaloenses Élmer Mendoza e Hilario Peña.

Una de las urbes que genera estos espacios de diálogo sobre el género es la capital hidrocálida. Desde el pasado lunes 2 de abril se lleva a cabo el 3er Encuentro de Novela Negra en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Por tres años consecutivos, de la mano de Paco Haghenbeck y Joserra Ortiz, el personal universitario ha organizado estas jornadas que reúnen a los creadores y su público para generar ideas, lectores, reflexiones y escritores.

La semana inició con la presentación de la novela gráfica que adapta El Complot Mongol al arte secuencial, con guión de Luis Humberto Crosthwaite y dibujos de Ricardo Peláez Goycochea. Esta obra culmina el esfuerzo de publicación que los autores empezaron con El Taller del Perro y Editorial Vid en el 2000 y que diecisiete años después por fin vio la luz de la mano del Fondo de Cultura Económica.

En la conferencia Sobre novela, tragedia de la desigualdad y patetismo, Joserra Ortiz propuso que a partir de 2005 se aprecia una bifurcación en el género, al menos en Latinoamérica, por un lado está una vuelta al origen con novelas centradas en la investigación del delito, y por otro encontramos la narrativa que cada vez con mayor frecuencia aborda el crimen no espectacular, es decir, se aleja del narcotráfico y se adentra en los espacios del silencio, del dolor que sienten las víctimas de pederastia, trata o tráfico de personas. Para Joserra, el protagonista de la novela negra, el investigador, detective, criminal, policía, siempre es un héroe patético porque a sabiendas de que no pueden ir en contra del sistema, del destino, de cualquier manera tratan de reivindicar un triunfo al recorrer la senda que se proponen.

Horacio Warpola planteó una pregunta esencial para la extensión de lo negro a otras expresiones: ¿Puede existir la poesía noir? Y responde, de inicio, con dos obras fuera de serie, Bulgaria – Mexicali de Gerardo Arana y Antígona González de Sara Uribe. Por su parte, la guerrerense Iris García Cuevas, autora de 36 Toneladas, reflexionó sobre las circunstancias que llevan a los escritores de las urbes violentas a organizar eventos de novela negra en escenarios negros, bajo la premisa de que es imposible dejar de incorporar en las narrativas personales el contexto criminal y de impunidad que viven Acapulco, Culiacán, Los Cabos y otras ciudades mexicanas.

René López Villamar, en una charla intergéneros, abordó el tema del detective en la ciencia ficción y de entrada propuso que hay algo de Hamlet en todos los investigadores criminales, ya que pareciera que la actitud filosófica que autocuestiona el ser acompaña a los protagonistas de la novela negra hasta los terrenos de la ficción fantástica, como en Blade Runner. Para López Villamar, en la ciencia ficción el detective se redime a través de su investigación, puede ser que no se salve y muera, pero al menos se redime en escenarios que plantean de forma pertinente: ¿qué significa ser humano? ¿En qué nos podemos llegar a convertir?

En la presentación del libro Elemental mi querido Holmes, que reúne once historias de autores mexicanos en homenaje al detective más famoso del género, su coordinador, Francisco Haghenbeck, recordó que en este caso el personaje ha rebasado a su creador, pues pocos recuerdan haber leído historias de Conan Doyle que no sean del canon del habitante del 221B de la calle Baker en Londres.

Pero quizás la característica que define el encuentro en Aguascalientes, son sus talleres de creación literaria que han producido y publicado dos antologías de cuentos de autores locales. De esta manera, no solo se intenta generar o atraer lectores, sino producir obras que nos ayuden a reflexionar respecto de todos los aspectos del crimen, sus víctimas, sus combatientes, sus factores, sus beneficiarios, sus contextos, sus autores, sus mudos testigos y los sujetos que tratan de resolver las incógnitas mediante sus investigaciones.

 


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